Harrison (The Level 1) 10. Bufete de abogados Chase, Chase and Waite, Canary Wharf
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10. Bufete de abogados Chase, Chase and Waite, Canary Wharf

Bufete de abogados Chase, Chase and Waite, Canary Wharf

Harrison

—¿Pero cómo coño ha podido desaparecer sin dejar rastro? —espeto mientras camino de un lado a otro de mi despacho. Damon levanta las manos y niega con la cabeza.

—No hay ni rastro de ella desde que se fue de tu edificio en junio.

Han pasado cuatro semanas. O está en el Támesis o está usando un alias en algún lugar lejos de aquí.

—Se encoge de hombros, otra vez. Hemos tenido esta misma conversación todas las semanas desde que Violet desapareció.

Russell no me habla. Hasta Connor está empezando a perder la paciencia.

Me echan toda la culpa de que se haya ido—. ¿Has hablado con Marley?

—No —le digo. La misma respuesta que le he dado cada vez que me lo ha preguntado—. No es tan sencillo. Pedirle información traerá complicaciones que no necesito.

—Hay algo que no me estás contando —dice bruscamente—. Deja de ocultar lo que coño sea y dime a qué nos enfrentamos.

—Está embarazada. —Su boca se tuerce en una mueca de desagrado—. Al menos, en junio lo estaba.

—¿Es de Marley?

—Sí, y él lo sabía. Cuando apareció en mi piso y la tenía agarrada del cuello contra la pared, le dije que el niño era mío. —Se le abren los ojos como platos.

—¿Se tragó esa gilipollez?

—No estoy seguro. La dejaban mucho sola en Chicago, así que es perfectamente plausible que el padre sea otro.

Sin embargo, yo la creo cuando dice que el niño es suyo.

Lo quería. Creía que él era su futuro. —El familiar monstruo de los celos asoma la cabeza cuando pienso en ella con él.

Intento no pensar en la época de Violet en Estados Unidos.

Su vida con otro hombre. Cuando tenía sus esperanzas puestas en otro.

No es que fuera prudente que las tuviera puestas en mí; estar conmigo no sería mucho mejor.

—¿Por qué coño le dijiste que tú eras el padre?

—Fue un impulso —digo, encogiéndome de hombros—.

Se me dispararon los instintos protectores.

Quería a ese demente lo más lejos posible de ella.

Sinceramente, Damon. —Me recuesto en la silla y me paso una mano por el pelo, frustrado—.

Esa mujer me vuelve loco. Siempre lo ha hecho.

Me basta con estar en la misma habitación que ella para perder la cabeza.

Recibiría una bala por ella. Últimamente no pienso en otra puta cosa.

No saber dónde está, o si está a salvo, me está volviendo loco.

—Me sorprende que Marley no te matara en el acto —dice, pero asiente comprensivo. Él adoraba a su difunta esposa, aunque tuvieran sus problemas. No poder quedarse embarazada era uno de ellos.

—Cuando apareció en junio, una parte de mí esperaba que fuera nuestra oportunidad de intentarlo.

—Me río de mí mismo solo por pensarlo—. Russ nunca permitiría que eso pasara.

—Miro más allá de la pared de cristal que separa mi despacho de la planta principal.

Russell está echando pestes por ahí, tirando archivos al azar en los escritorios de la gente mientras les grita—.

Nunca me perdonará por haberla alejado de nuevo.

—Cuando la encontremos, esté donde esté —dice Damon con calma. Noto que controla mis expectativas con la palabra donde —. Os dará a todos un poco de paz.

—No puede estar muerta —replico en voz baja—. Su familia la ha echado de menos durante trece años; estuvo de vuelta unos pocos días y se fue de nuevo por mi culpa. Está ahí fuera, en alguna parte, y tenemos que encontrarla.

—No sabes si se fue por tu culpa. —Sus ojos se clavan en los míos—. No puedes culparte de todo. No siempre es culpa tuya. Sus hermanos no es que la recibieran con los brazos abiertos.

—Me la llevé a la cama cuando estaba vulnerable y embarazada del hijo de otro hombre.

El espacio seguro que le ofrecí se desintegró en el momento en que lo hice.

Fue estúpido y egoísta. Fui un idiota con ella.

—Él pone los ojos en blanco—. Tú y yo sabemos que esa es la verdad.

Nunca fue mía, pero no pude evitarlo. Primero su virginidad y ahora, esto.

—Le había contado a Damon nuestro encuentro anterior una tarde de lluvia mientras hacíamos una lluvia de ideas.

Russell y Connor todavía no lo saben, y preferiría que siguieran sin saberlo.

—No la obligaste a tumbarse —me recuerda—. Ella participó voluntariamente. Parece que ambos tenéis que mantener las manos quietas o intentar de una puta vez que funcione. La opinión de su familia es irrelevante si os queréis.

—Ha llegado el momento de hablar con Marley —continúa con firmeza—.

Puede que sepa algo que nosotros no. Tráelo a The Level; nos dará más influencia.

Aún le debe dinero al señor Pastizal, ¿verdad?

—Asiento—. Perfecto, tráelo a él también.

Eres su persona favorita en el mundo después de conseguir que le retiraran ese puto cargo de asesinato.

Eres un puto sabueso con los tecnicismos, encuentras una pizca de duda y luego la expones.

No me atrevo ni a mencionar tu nombre en la central.

Todos los agentes que trabajan en un caso que tú llevas se echan a temblar al oír el apellido Waite.

—Once de once —le digo con un guiño.

—Cabrón engreído —murmura—. El miércoles en The Level.

Sin excusas. Reúne a todo el mundo, y encontremos a esta puta mujer de una vez por todas.

Tiene que dar algunas explicaciones. Y vosotros dos tenéis que decidir qué coño pasa entre vosotros.

Trece años es muchísimo puto tiempo para estar colgado de una mujer con la que has estado una vez. Romántico de mierda.

***

Marley está sentado en la silla de la cabecera de la mesa de juntas.

Tiene las manos en los reposabrazos y una amplia sonrisa en la cara.

Hace girar la silla y luego la detiene para poder mirarnos a todos.

Los dos hombres que ha traído consigo están de pie junto a sus hombros, preparados y listos para la batalla si fuera necesario.

Ambos deben de medir más de metro ochenta y ser igual de anchos.

Sus trajes oscuros se estiran incómodamente sobre los músculos abultados que hay debajo.

—Ciertamente has aumentado tu seguridad —digo—. ¿Se siente expuesto?

—Hago lo que debo —responde con suavidad—. T ú y yo sabemos, Waite, que cuanto más oscuro se vuelve el mundo a tu alrededor, más riesgo corre tu vida. Me imagino que puede que tú estés considerando hacer lo mismo, si la información que tengo es correcta.

—¿Qué información sería esa?

—Una palabra: heroína. —Su boca se mueve con precisión al pronunciar la palabra—. T ú y tus justicieros os estáis acercando a la fuente. Se ha tomado nota. Yo que usted me andaría con ojo. Sigue hurgando en el avispero y prepárate para que te piquen.

Su conocimiento me sorprende. A menudo en los negocios, la gente está conectada de formas que no esperas.

Pero que Aiden Marley supiera de una red de narcotráfico que estábamos investigando no era algo que me esperara.

Su vida está cambiando tanto como la mía.

No siempre en la dirección que yo quiero.

El ambiente desde que llegamos a la sala de juntas ha sido gélido, dos bandos de una guerra reunidos porque uno necesita la ayuda del otro.

Estoy furioso por tener que pedirle información a mi enemigo.

Me gusta ser el que tiene el poder; ser el que está en desventaja no es algo que piense volver a ser.

—¿Dónde está mi dinero, inútil de mierda?

—gruñe mi cliente, el señor Roydon, perdiendo el control que poseía.

Ha estado intentando, sin éxito, contener su temperamento desde que llegó Marley.

Una vez que ganamos su juicio al conseguir que se retiraran los cargos de asesinato, su atención se centró inmediatamente en Aiden Marley y los dos millones de libras que le debe.

Este es un hecho que pienso utilizar a mi favor.

—Lo invertí como me pediste —responde Marley.

—¿Dónde? —espeta.

—En la mejor inversión disponible. —Sonríe con malicia—. La misma operación que estos chicos están intentando desmantelar.

—¡Drogas! —brama—. Invertiste mi dinero en un producto que está matando a chavales inocentes. Te has pasado de la raya, cabrón. Ese dinero era para tu negocio. Para invertirlo en publicidad.

—Este es mi negocio —responde, encogiéndose de hombros con fingido desinterés—. Fue una inversión sólida.

Roydon se levanta, apoya las manos en la mesa y entrecierra los ojos mirando al trozo de mierda que tiene al otro lado de la sala.

Los dos gorilas dan un paso adelante en actitud protectora.

Pongo mi mano en el brazo de Roydon, pidiéndole que se relaje; esta reunión no puede irse al traste.

Lo que está en juego es mucho más que dos millones de libras. Violet.

—Marley, quiero que me devuelvas mi dinero en un plazo de diez días o habrá consecuencias. Tus hombres no pueden vigilarte día y noche. Todavía podría comprarte y venderte diez veces. Hay muchos recursos a mi disposición —gruñe Roydon.

—Hace poco te saqué de un cargo de asesinato —contraataca Marley, señalándome—.

Quizá no sea la mejor idea amenazarme tan pronto.

Dudo que volvieras a librarte. Especialmente si el abogado está aquí cuando aprietes el gatillo.

—Se ríe entre dientes—. Casi merecería la pena morir para veros a todos, cabrones, entre rejas.

Los justicieros encerrados por intentar detener a los criminales que consideran peores que ellos.

Sois una panda de putos hipócritas. Cuando os miréis al espejo, seré yo quien os devuelva la mirada.

—Cuidado con lo que deseas —le digo—. Soy un buen abogado defensor. Estaré encantado de volver a demostrarlo.

—Tu muerte podría organizarse fácilmente —añade Hunter en voz baja. Está de pie detrás de los tres hombres. No estoy seguro de cómo ha llegado hasta allí. Levanta su cuchillo y lo coloca contra la garganta de uno de ellos.