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Para cualquier persona del planeta resultaba evidente que lo que Rusia realmente buscaba eran los oleoductos.

Probablemente, todos los miembros consensuados de los Biogobiernos eran incapaces de disfrazar la sensación de que nuestra sociedad todavía no podía eliminar por completo la economía del petróleo que carcomía el mundo.

El petróleo en sí mismo:

listado: ítem

i: emitía dióxido de carbono

i: despedía calor

i: ensuciaba la tierra y el aire

i: era un producto cargado de problemas

/listado

Y, además, ni era ni limpio ni estaba de moda ni era seguro.

Pero, aun así, existía mucha maquinaria clásica que solo podía moverse gracias a él y muchos productos que solo se podían fabricar con él.

Comparado con la situación de hace cien años, cuando dominaba toda la economía mundial, las finanzas del petróleo propiamente dichas no suponían un gran atractivo, pero el hecho de que siguiera ocupando una posición importante no había cambiado.

Por lo que respecta al abandono de la economía del petróleo, al igual que antiguamente Dubái ocupó el centro gracias a su uso, la Bagdad actual se había convertido en el foco neurálgico de los grandes consorcios de la industria del tratamiento médico, que tenían en sus manos el pastel del patrimonio médico, cuyo monto superaba los presupuestos de defensa de cualquier país.

Tal y como decía un proverbio árabe, «confía en Alá, pero ata bien tus corderos».

La gente de Oriente Medio había conseguido zafarse de la confusión que les hizo abrazar el fundamentalismo durante un tiempo y se adentraba en una temporada más práctica, la de atar los corderos.

Las regiones más avispadas de Oriente Medio fueron las primeras en empezar a abandonar poco a poco la economía del petróleo, tendencia que se generalizó.

La nación llamada Rusia era el mayor sistema de Eurasia en el que confluían una gran cantidad de Biogobiernos, pero, en lo tocante a la posesión de oleoductos, surgían también de la Asamblea de Biogobiernos, como es lógico, voces que expresaban sus dudas.

Entre los comisionados que, por analogía con el siglo anterior, desempeñaban lo que podríamos llamar «la función de los parlamentarios», no eran pocos los que alzaban su voz para preguntar por qué Rusia se esforzaba hasta ese punto por asegurarse los oleoductos, recurriendo incluso al Ejército del Tratado de Ginebra.

Rusia como nación que deseaba hacer la guerra.

Rusia como un conglomerado de Biogobiernos con opiniones divididas.

Por eso la tarea en que se afanaba Uwe día y noche no solo consistía en arbitrar en el cuadro compuesto por el frente armado checheno, el Gobierno de Chechenia y el Gobierno ruso que maniobraba entre bastidores del Gobierno checheno.

En el lado ruso estaban tanto el Gobierno como un centenar largo de Biogobiernos con opiniones enfrentadas, y dentro de aquel panorama cada cual iba ante el inspector de espirales Uwe para defender su posición.

Al parecer, Rusia deseaba poner el mundo de su parte en este asunto y por eso había convocado a los inspectores de espirales, que, a servicio de sus intereses, harían una inspección del derecho de vida del pueblo checheno y podrían certificar que no llevaban una vida suficientemente vital ni saludable.

Así, Rusia podría enarbolar el estandarte de una causa justa y atraer al territorio al Ejército del Tratado de Ginebra.

Pero, en cualquier caso, desde hacía unos días, también Uwe había conseguido un poco de tranquilidad con respecto al trabajo, puesto que el mundo entero se había visto envuelto en el caso de suicidio masivo y la «declaración» que vino después, desatando un fuerte caos con intenso olor a muerte que hacía hablar del regreso del Maelstrom.

Sin duda, incluso los estúpidos que siempre le pedían cosas imposibles y sostenían posiciones en las que no estaban dispuestos a ceder ni un milímetro, justificándolas mediante el envío a su servidor de informes que contenían archivos de imágenes de más de seis gigabits, se encontraban ahora temblando encerrados en sus casas o en sus villas de reposo pensando si serían capaces de matar a alguien y, en ese caso, a quién.

—Uwe, lamento interrumpir tu descanso, pero hay trabajo.

La oficina local del Grupo de Observadores de la Tregua de Chechenia destinada a los inspectores de espirales estaba en un edificio abandonado que antiguamente alojaba el Ayuntamiento.

Puse los dedos en la puerta y, tras concluir el proceso de identificación personal, pasé adentro, donde descubrí a Uwe dormitando medio enterrado entre montañas de hojas impresas.

—Uwe, despierta —insistí dándole un empujoncito en la espalda.

Uwe despertó murmurando algún monosílabo y al instante el WatchMe reavivó su consciencia, dejándolo en plenas condiciones.

—Anda, si eres tú, Twan. Staufenberg me avisó de que vendrías. Pero no me dijo qué es lo que tenía que hacer…

—Vaya oficina que tienes aquí, ¿eh? Si está todo enterrado bajo fajos de papeles…

—Como cuento con el TingList, no me entran ganas de ordenar. La realidad aumentada me dice dónde está tirado cada documento concreto que deseo encontrar, sin necesidad de revolver.

—Ya he oído antes eso de echar la culpa al TingList. Hace poco estuve con una persona que decía lo mismo.

—Claro, en todas partes hay gente así. Personas que pensamos que, sabiendo dónde está cada cosa, no hace falta arreglar la habitación.

Uwe se encogió de hombros como dando a entender que estaba cansado de que le reconviniesen y, rodeado por montañas de papeles, suspiró.

—¿Sabes en qué clase de operación ando metida?

—¿Operación? —contestó Uwe echándose a reír—. He oído que vas por tu cuenta, como un batallón unitario independiente, inspectora superior Twan Kirie.

—Con motivo de dicha operación, he venido aquí y quiero pedirte un favor.

—El caso de los seis mil suicidas y la advertencia de asesinato obligatorio, ¿no?

Uwe se encogió de hombros como diciendo que no entendía qué pintaba él en eso.

—Exactamente. ¿Conoces el Frente de Liberación Antirruso?

—Claro que sí. No solo me han puesto protección, sino que he estado varias veces en negociaciones con ellos.

También para pedirles que acepten inspecciones sobre la vida.

Desde el punto de vista ruso, supone una contraparte muy dura, pero nosotros, como en principio estamos bajo el emblema de la OMS de la vara de Esculapio, apelamos a nuestra neutralidad.

—¿Por qué son una contraparte muy dura?

—Porque se mueven con mucha agilidad por las zonas montañosas.

Se les da muy bien la guerra de guerrillas.

En estas montañas tan escarpadas y rocosas, no se pueden adentrar los rápidos WarDog de cuatro patas ni esa especie de híbrido de simio y humano que son los WarDoll.

No son lugares aptos para una guerra subrogada a base de máquinas teledirigidas.

El Ejército ruso encargó también operaciones a diversas empresas privadas que proveen de servicios militares, pero todas huyeron de aquellas montañas con el rabo entre las piernas.

En la montaña hacen falta personas fuertes, y lo cierto es que en el Ejército nacional ruso todavía existe una unidad de fuerzas especiales, pero, si se producen muertes entre los soldados, la opinión pública critica con mucha dureza.

Empiezan a decir que para qué sirve gastar tanto dinero de impuestos en robots, que si no estaban para evitar muertes de soldados y esta clase de cosas.

Ten en cuenta que lo que más odia la sociedad actual es malgastar ese recurso social que es la vida humana.

En suma, que Rusia se encontraba en un atolladero con respecto al Frente de Liberación y, dado el revuelo existente ahora, todos sus efectivos estaban dedicados a mantener la ley marcial en las grandes ciudades como Moscú o San Petersburgo.

Probablemente, el frente de batalla de aquí se hallaba muy descuidado.

Para contactar con la «resistencia», era el momento ideal.

—¿Conservas todavía algún canal de comunicación con el Frente de Liberación?

El Frente de Liberación Antirruso que mencionó antes de morir Vasilov, el hombre de Interpol.

—Sí, claro. Puesto que en eso consiste mi trabajo actual.

—Quiero contactar con ellos. Y cuanto antes. Ahora.

Uwe tenía fruncido el ceño, pero enseguida lo distendió. Era un hombre muy fácil de entender.

—¿Estás de broma? Es demasiado peligroso. Cuando tenemos que negociar algo, establecemos primero el punto de encuentro y tenemos que pedir protección también a alguna compañía proveedora de servicios militares. No se puede pedir en el día o de un día para otro.

—No necesito protección. Quiero entregar cierto objeto a una persona del Frente de Liberación.

Solo eso. No tengo intención de un contacto a gran escala ni de negociar nada.

Es un objeto pequeño, muy pequeño. Me basta con que eso llegue a la cúpula directiva del Frente de Liberación.

¿No hay alguna forma de conseguir solo eso?

Uwe se dejó caer en uno de aquellos asientos de gelatina que se hundían hasta la mitad de la espalda y, poniéndose un dedo en la barbilla, comenzó a pensar.

Más que ponderar la forma de hacer lo que le pedía, su mirada parecía delatar que estaba calibrando si yo era o no la persona adecuada para ello.

—Staufenberg dijo algo acerca de esto... —No me gustaba hacerlo, pero recurrí a la autoridad que emanaba del nombre de mi jefa. Gracias, Oskar—. Dijo que la suerte del mundo recaía sobre mis hombros.

—¿En serio?

—Puedes probar a comprobarlo con la interesada mediante el HeadPhone o con la realidad aumentada…

—No, gracias. No me apetece nada hablar con esa señora.

Después, mirándome a los ojos de frente, sonrió y dijo con tono irónico:

—No pensaba que alguien como tú se valdría de una piel de tigre. Debe de ser un asunto de peligro inminente.