Harmony 01 #3
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—Así es. Yo tengo la determinación de seguir cumpliendo con denuedo la responsabilidad de mi trabajo hasta que llegue ese día y creo que todos ustedes también, aunque, viendo hasta dónde ha llegado este caos, es cierto que a veces esa confianza mía se tambalea.

Pero, como mínimo, usted no tendrá ningún problema. Porque ya ha matado a alguien.

En principio, sentí que debía argüir algo en contra de la ironía de Staufenberg.

—Fue en defensa propia.

—Y una verdadera suerte. Supongo que además habrá diluido bastante su remordimiento de conciencia, ¿no?

—¿No desea que le hable de mi investigación? —pregunté con tono profesional, harta ya de las ironías de Staufenberg.

La directora asintió en silencio e hizo un gesto con la mano indicando que prosiguiera.

—Es una historia un poco farragosa. El hombre a quien maté, a pesar de pertenecer a Interpol, estaba usando sus facultades especiales para colaborar con una sociedad secreta.

Su nombre era Ilya Vasilov. He comprobado que pertenecía a la sede central de Interpol.

El cargo que ostentaba era el de oficial de regulación de información, un trabajo consistente en negociar el suministro de información sobre delitos cuya competencia está a medio camino de los Biogobiernos y los Gobiernos tradicionales, por parte de servicios de información que no están interconectados.

—Entonces, por eso apareció tanto en Japón como en Bagdad...

—Efectivamente. El nombre de la sociedad secreta en cuestión es Grupo de trabajo para la descripción de las características del comportamiento del ser humano de la próxima generación .

Comenzó su andadura nada más producirse el ocaso del Maestrom y es una organización cuyos miembros pertenecen a la cúpula directiva de los Biogobiernos o de los grandes consorcios de la industria médica, así como a la capa superior de la OMS, además de un pequeño número de científicos, pero no pude conseguir que Vasilov me contara más detalles.

Según la información que obtuve, el objetivo de sus miembros es impedir que el mundo vuelva a sumirse en un caos de proporciones tan catastróficas como las del Marelstrom.

Al parecer, para ello han recurrido a una metodología basada en la investigación neurológica.

—¿Qué quiere decir con eso de investigación neurológica?

—Por lo visto, se trata de una investigación sobre la relación entre la consciencia y el comportamiento humanos. No soy una especialista en la materia, así que desconozco más detalles.

—Y ha matado usted a la persona que le proporcionó dicha información.

—Mi padre también murió en ese momento. A manos de Vasilov.

Al contestar, reprimí la furia que me invadía.

—Sí, cierto. Intentó protegerla, ¿verdad? Para empezar, ¿por qué fue usted a ver a su padre?

—Porque obtuve la información de que mi padre era uno de los miembros del Grupo de trabajo para la descripción de las características del comportamiento del ser humano de la próxima generación .

Como mi padre era un científico famoso, que había sentado las bases del WatchMe y el Medicare, no tenía nada de extraño que dicho grupo le pidiera unirse.

—Sin embargo, ¿no es un poco raro? Según nos ha contado, ese Vasilov de Interpol sabía que su padre era uno de sus compañeros, pero a pesar de ello lo mató.

Reflexioné durante unos segundos. Habían muerto dos personas. Una de ellas a manos mías. Existía también un límite para ocultar las cosas. ¿Hasta qué punto debía mostrar mis cartas y hasta qué punto podría mentir sin causar perjuicios para que Staufenberg se quedara satisfecha?

—Al parecer, el grupo se halla escindido en dos facciones de ideologías diferentes. Vasilov se calificó a sí mismo de «hereje». Ahora mismo, solo podemos conjeturar que el motivo es una rivalidad interna en el grupo.

—Dado que tanto su padre como Vasilov han muerto, hemos perdido el medio de demostrar esa visión conspiratoria de la historia, ¿no?

No era así. Vasilov había dicho que el SEC, el consorcio de investigaciones neurológicas, era uno de los organismos a cara descubierta del Grupo de trabajo para la descripción de las características del comportamiento del ser humano de la próxima generación .

—Nos queda Gabrielle Eding. Ella también debe de ser miembro de esa sociedad secreta.

—La han matado. Hace tres horas.

—¿Qué?

La sorpresa me hizo levantar la voz de manera inconsciente. Staufenberg, mirándome fijamente, añadió:

—La mató lo que podríamos llamar un perturbado que pasaba por allí.

Nos hallamos en una situación en que esa clase de enajenados se pasea con rostro triunfante por el mundo.

Al parecer, el crimen sucedió a plena luz del día en Bagdad, en un pasillo de Dian Cécht.

Como quienes están allí son casi todos científicos, no suceden las matanzas o suicidios en grupo que pueden verse en otros lugares, pero aun así, como era de esperar, hay personas que no resisten la presión.

Solo en el interior de Dian Cécht ha habido un total de catorce muertes entre asesinatos y suicidios.

No pasará mucho tiempo antes de que los servicios de seguridad del enclave y la policía de Bagdad terminen por no poder controlar la situación.

—Se podría hacer una investigación sobre el consorcio de investigación neurológica SEC…

—La haré. Claro que, toda vez que ha muerto Gabrielle, que era el personaje clave allí, no creo que encontremos nada relevante. Por cierto, ¿dónde se encuentra usted ahora?

—En el PassengerBird. Volando a bordo del aparato.

—¿A dónde se dirige?

—A Chechenia.

—¿Por qué? ¿Quiere decir que todavía queda algún hilo que no esté cortado?

—No se lo puedo decir.

Había llegado al límite. No era cuestión de seguir mostrando más cartas. Tenía que soltar alguna mentira lo más creíble posible.

—Vasilov me contó algo. Afirmó que también entre los inspectores de espirales existen miembros del Grupo de trabajo para la descripción de las características del comportamiento del ser humano de la próxima generación .

No sé a qué superior eleva usted sus informes, pero, cuanto más alto sea el nivel, más probabilidad hay de que sea uno de ellos.

Esto era lo que se llama marcarse un farol. Vasilov no había dicho nada semejante. Por supuesto que, en cuanto a posibilidades se refiere, había bastantes de que no fuera una mentira, sino algo que en modo alguno se podía descartar.

—Pero, entonces…

—No podemos permitirnos el lujo de que la contraparte sepa hasta dónde hemos avanzado.

—«Hemos» no, será usted, ¿no? Por lo que se ve, la muerte de Kyan Reikado y de su propio padre están haciendo que se tome este caso como algo personal. Es un síntoma muy peligroso.

—Aun así, soy quien más ha avanzado. Estará de acuerdo con este hecho, ¿no?

Staufenberg escudriñó mis pupilas. Buscaba algún detalle que revelase mis emociones. ¿Estaría intentando calibrar si merecía confianza? ¿O estaría realizando un esfuerzo por reconocer la realidad? Tras un silencio de cinco segundos, la directora habló.

—Disculpen todos, ¿les importaría desconectar y dejarnos a nosotras dos a solas?

El resto de los inspectores de espirales ladearon la cabeza preguntándose qué demonios estaría pasando, pero fueron apagando la sesión uno tras otro. Finalmente, quedamos conectadas solo Staufenberg y yo. La mujer exhaló un suspiro y, tras encogerse de hombros, dijo:

—Está bien. A decir verdad, yo soy esa persona.

Al principio no entendí de qué estaba hablando mi jefa cuando dijo «esa persona».

—Yo soy uno de los miembros de la cúpula del Grupo de trabajo para la descripción de las características del comportamiento del ser humano de la próxima generación .

El farol que pergeñé de cualquier manera había provocado un efecto tan inesperado que estuve a punto de soltar una involuntaria carcajada. Después, me asombré tanto de la situación tan estúpida en que me había quedado que ya no pude evitar reírme estentóreamente.

—Entonces, desde un principio usted estaba al tanto de mis movimientos…

—Así es. Ambas facciones del grupo estábamos vigilando sus movimientos. Nosotros, por nuestra parte, teníamos la esperanza de que el grupo de Myaha Mihie se acercara a usted o que, en el curso de su labor de investigación, llegara hasta ellos. Por eso la dejamos seguir más o menos a su aire.

—Vaya, y yo que creía que había podido moverme gracias a usar la carta de la picia que hice con los tuaregs…

—Hemos dejado que actuase libremente para así descubrir el paradero de Myaha Mihie.

No íbamos a dejar que usted, que no es más que una mera inspectora de espirales, fuese por ahí saltando libremente de un lado a otro solo porque con los tuaregs cometiese un acto que ofende a la totalidad de los inspectores, ¿no cree?