06 #3
—No, usted tendrá alguna identificación que le acredite como Interpol, pero ahora está actuando para el grupo rival de mi padre, el de Myaha. Desde un primer momento ha estado usted en el eje central de este caos.
—Oh… Interesante deducción.
Continué hablando mientras retrocedía muy lentamente hacia el interior de la ferretería.
—Si yo, que soy inspectora de espirales, comenzaba a avanzar en la investigación, en algún momento Nuaza Kirie se acercaría a mí, ya que soy su hija.
Usted apostó por esa posibilidad. Querían conseguir, fuese como fuese, arrancar a Nuaza Kirie de los brazos del Grupo de trabajo para la descripción de las características del comportamiento del ser humano de la próxima generación .
—¿Ah, sí? ¿Y entonces?
Vasilov, sonriendo como si el asunto le divirtiera mucho, se encogió de hombros. Intenté acercar lentamente la mano derecha a la funda de la pistola, pero Vasilov me detuvo acercando a mí la punta de su arma.
—Jovencita, mejor que no haga esas groserías. Por lo que a mí respecta, me basta con llevarme al doctor Nuaza.
—No tiene usted la menor intención de llevarlo a Ginebra.
—Bueno, eso es verdad. Ciertamente, pertenezco al grupo de Myaha Mihie.
—¿Cuál es su propósito?
—Él, Nuaza Kirie, es uno de los líderes de la corriente principal, que es nuestra rival.
Sonriendo, dejó de apuntarme para desviar el arma hacia mi padre.
—Si lo mantenemos detenido con nosotros, esos tipos perderán su fuerza centrípeta y se debilitará enormemente su cohesión.
El juego se va a dirimir en estos dos días. Si retenemos a este sujeto durante dicho período, la situación avanzará en la dirección que buscamos.
—¿La dirección que buscáis?
—Eso es. Nosotros…
Aprovechando la extrema locuacidad de Vasilov, había estado llevando la mano izquierda hacia mi espalda y ahora, agarrando uno de los artículos metálicos de la tienda, se lo lancé con todas mis fuerzas.
El objeto impactó con buen impulso en la frente de Vasilov provocándole dar un traspiés que le hizo caer de espaldas.
Estuve a punto de reír al ver que había conseguido un efecto mayor del esperado, pero por desgracia la situación no era como para relajarse disfrutando de ella.
/tensión
—Por aquí, padre —le dije tirándole del brazo y comenzando a abrirme paso entre la multitud que atestaba el mercado.
—Alto ahí, familia Kirie, malditos seáis.
Cuando Vasilov, sangrando por la frente, por fin emprendió la persecución, ya le sacábamos unos diez metros de ventaja.
Aun así, no deja de ser cierto que para una bala de plomo que surque los aires esa distancia no es un problema.
Si no hubiera habido tanta gente, sin duda nos habría matado a balazos.
—Padre, ¿vienes detrás? —pregunté sin volverme.
Obtuve un gruñido afirmativo como respuesta.
—Tenemos que hacer algo.
Volviendo a tirar del brazo de mi padre, seguí adentrándome más y más entre la multitud.
Si tuviera la realidad aumentada conectada al StreetWatch, sabría con antelación cómo estaban las cosas al doblar cualquier esquina.
Estaba en un lugar desconocido de una tierra desconocida y correr sin ayuda de la realidad aumentada era casi como una competición con los ojos vendados.
—¡Os digo que os paréis! —gritaba Vasilov.
Pues lo siento por él.
Mientras corríamos, esquivamos a un hombre tirando de un carrito cargado de carpas para el masgouf .
El sitio era caótico. Nuez moscada, cardamomo, canela, semillas de comino.
Se mezclaban allí los aromas de todas esas especias con el olor de pieles y bocas de cuerpos sin regular por el WatchMe.
La mayor parte de los hombres que nos rodeaban eran obreros de la construcción que trabajaban en la edificación de nuevos y grandes complejos en el sector de los consorcios de la industria farmacéutica, cuya burbuja todavía no decaía.
A la vez que corríamos, de vez en cuando me giraba hacia atrás, pero como no contaba con la realidad aumentada, no podía descubrir en qué parte de aquella muchedumbre se ocultaba Vasilov.
—Con permiso.
Me metí como una centella en la casa de comidas donde antes había cenado el masgouf , tirando del brazo de mi padre. Ignorando los gimoteos con acento iraquí del dueño, atravesamos todo el local y, abriendo la puerta trasera de una patada, nos lanzamos hacia el callejón que discurría por allí.
A menos de tres metros vi a Vasilov, que estaba mirando hacia otro lado.
tensión
silencio
Al instante siguiente, quedamos uno frente al otro, apuntándonos mutuamente y poniendo toda nuestra atención en el contrario.
Entonces, dos balas salieron disparadas.
Una era la mía.
La otra era de Vasilov.
Y ambas dieron en el blanco.
/silencio
/tensión
Una en el tórax de Vasilov y otra en el tórax de mi padre.
—Padre…
duelo
Mi padre me había protegido interponiéndose entre mi cuerpo y el arma de Vasilov.
Fue como si hubiera querido cumplir en ese instante el papel de padre que tuvo largo tiempo abandonado desde que hacía trece años se vino con Myaha a Bagdad.
El resultado era que mi padre había muerto.
Le puse una mano en el cuello, pero mis dedos no encontraron ninguna cálida pulsación.
No lloré. Me produce sensación de crueldad.
Sin embargo, parece que los trece años que pasé sin que mi padre actuase como tal habían borrado dicha relación. La tristeza que sentía ahora era mucho más plácida, más reposada que la que experimenté cuando murió Kyan y, de entrada, mucho más que en la primera ocasión, cuando la «muerte» de Myaha.