06 #2
Si un día quisieran hacerlo…, podrían arrebatar la consciencia a la humanidad.
Nos convertirían en personas sin necesidad de consciencia, que solamente hacen lo que es debido.
Podrían ascendernos a la categoría de «humanos perfectos».
—Si un día quisierais hacerlo…
—Eso es. Por el momento no es nuestro deseo hacerlo.
Por mucho que esta sociedad vidalista, con su pacífica, invisible y soterrada opresión, genere una montaña de suicidas, aun así tienen que existir formas sociales de solucionar el problema.
Nosotros lo creemos así y por eso mismo hemos llegado hasta aquí sin apretar el botón final del Harmony .
Aunque me repita, te digo que no sentimos deseos de hacerlo.
—¿Y Myaha Mihie sí quiere hacerlo?
Mi padre se paró en seco y, de improviso, tomó entre sus manos una cazuela que había en la ferretería. Mientras la miraba de hito en hito, dijo:
—Oye, Twan…, ¿conoces la historia de la isla donde la gente se comunica con las manos, mediante señas?
De pronto mi padre salía con otro tema.
—No, pero ¿eso qué tiene que ver con lo que estábamos hablando?
—La gente procedente de Estados Unidos que colonizó la isla de Martha's Vineyard estaba bastante apartada del continente y en la isla se hizo frecuente la endogamia.
El resultado fue que aumentaron los casos de sordera por tener ambos padres genes recesivos y dicha pérdida auditiva por motivos genéticos fue pasando de generación en generación hasta que se extendió por la mayor parte de la isla.
Se llegó a una situación en que lo raro era que alguien oyese.
Los habitantes de la isla se comunicaban por gestos.
El lenguaje de gestos era la forma básica de comunicarse.
Nadie veía inconveniente en ello. Allí, la gente como nosotros, los que podemos oír correctamente, eran los marginados.
Se desarrolló una cultura que no necesitaba de la capacidad auditiva.
—Pero ¿qué relación tiene eso con nuestro tema?
—Pues Myaha Mihie.
—No pretenderás decirme que es como si ella sufriera de pérdida de capacidad auditiva, solo que en su caso es lo que podríamos llamar minusvalía de voluntad o falta de consciencia, ¿no?
—Por supuesto que en ella existe una consciencia. Pero lo que sucede es que en ella no pasa de ser un rasgo adquirido a posteriori; es diferente de la nuestra.
conmoción
« A posteriori », había dicho mi padre.
Aquella Myaha Mihie que me entendía, que me fascinaba, a la que prometí morir juntas.
Y mi padre decía que su consciencia no era de nacimiento, sino algo adquirido después, en el transcurso de su crecimiento.
—¿Qué significa eso? —pregunté golpeando con las uñas la cazuela de hierro que sostenía mi padre.
Se oyó un «kaan» que fue como un límpido reverberar metálico que atravesara la cabeza.
—Hace unas décadas, en mitad de la guerra entre Rusia y Chechenia, se descubrió cierta minoría étnica.
Se trataba de una nueva raza, que hasta entonces no había aparecido en la historia de la humanidad.
Aquella tribu minoritaria recibió la influencia del pueblo checheno circundante en lo que respecta a vestimenta, hábitos alimenticios, cultura y lenguaje, pero formaban una comunidad que hasta entonces no se había mezclado con otras razas y que vivía entre escarpadas montañas, repitiéndose entre ellos los cruces endogámicos.
—¿Pero qué me estás contando, padre? No querrás decir que…
—Eso mismo. En aquella raza existía cierto gen recesivo.
Se trata de un gen que también aparece entre nosotros en algún caso raro, pero como su proporción es muy baja, resulta prácticamente imposible que en un matrimonio se dé la coincidencia de que ambos cónyuges lo posean, y por eso casi nadie había reparado en él.
El factor recesivo resultante consiste en la ausencia de los genes que crean la consciencia.
Lo cierto es que también entre nosotros ese fenómeno puede darse, pero en una proporción de uno por cada doscientos o trescientos millones.
En esos casos, nacen niños sin la capacidad de formar una consciencia.
Sin embargo, entre los miembros de aquella etnia minoritaria de Chechenia, la mayoría eran los que carecían de consciencia.
—Pero entonces su vida, su cultura…
—Una vez que se descubrió su presencia, hicimos con ellos diversas pruebas.
Tenían capacidad de decidir sobre las cosas de un modo verdaderamente racional.
No sucedía como con nuestras gráficas sobre las apreciaciones de valor de la gente común, en las que, siguiendo una curva hiperbólica, se exagera de un modo irracional el valor de lo que se tiene delante.
En su caso, la curva era realmente exponencial.
Su comportamiento seguía las pautas obvias y, para las condiciones en que vivían, era suficientemente racional, pero tampoco se basaba en una elección.
Allí había tanto un modo de vida como una cultura.
Era una cultura formada a base de reunir las cosas de otras culturas que habían considerado necesarias, pero aunque según la resonancia magnética funcional, nada indicaba que en su cerebro se generase una actividad de la consciencia, su vida diaria se desarrollaba acorde con dicha cultura.
En definitiva, se trataba de una raza que carecía de consciencia y que tampoco la necesitaba, al igual que en la isla de los gestos no tenían necesidad de un lenguaje hablado.
El descuento en su apreciación del valor de las cosas era exponencial, por lo que constituía un grupo humano que, de nacimiento, seguía de manera perfecta el modelo del Programa Harmony .
—Entonces, Myaha…
—Debido a los enfrentamientos armados, toda aquella zona estaba también sumida en un gran caos.
Myaha pertenecía a dicha raza, pero, cuando tenía ocho años, al parecer fue raptada por el Ejército ruso y enviada al campamento de una red que se dedicaba al tráfico de seres humanos.
Un lugar destinado a reunir esclavas sexuales para los soldados rusos, tan horroroso que resulta indescriptible.
Allí fue donde se despertó su «consciencia».
En medio de aquellos días donde una y otra vez era violada por una pandilla de salvajes, su cerebro sintió la necesidad de una consciencia que le permitiera soportar aquello y aprendió a valorar el terror que se cernía sobre ella mediante una curva hiperbólica.
Así, comenzó a emular en la zona donde se aloja el sistema límbico las funciones del sistema de recompensa que en puridad deberían existir en los ventrículos y en los nódulos cerebrales.
Seguramente tú también habrás oído que cuando, por ejemplo, en un accidente, el sistema cerebral pierde alguna función, a veces esta reaparece en un lugar diferente para cubrir la pérdida.
El cerebro es un órgano flexible. Una emulación… La consciencia que poseía Myaha.
Aquella no era una consciencia como la que poseíamos nosotros. No tenía el diseño que crea el sistema de recompensa de los ventrículos y los nódulos cerebrales.
Había sido generada por réplica, respondiendo a las necesidades de una situación desesperada.
Era la imitación de una consciencia.
Clavé la mirada en la espalda de mi padre. El motivo por el que se trajo a Myaha a Bagdad no era solo porque conociese que su desesperanza era mucho más profunda y violenta que la del resto. Era la sangre que corría por las venas de Myaha.
A pesar de que había sido rescatada del infierno y había comenzado una nueva vida en Japón, para Myaha ese tampoco era un lugar donde se hubiese alcanzado una armonía.
Puesto que nuestro mundo, en su intento de conseguir la armonía, había generado una gran cantidad de suicidas y creado una sociedad dominada por una amabilidad tan autoritaria como si te estrangulara con un paño de algodón.
Myaha odiaba la sociedad de los Biogobiernos tanto como aquella Chechenia similar a un infierno.
Para Myaha, Chechenia y Tokio significaban los dos polos de un mismo infierno.
/conmoción
¿Y si la razón por la que Myaha se lanzó hacia el suicidio implicándonos a nosotras dos fuera que buscaba recuperar la armonía que poseía de nacimiento?
—Por mucho que quien esté delante sea una niña de ocho años, existen monstruos que abrigan un deseo sexual de modo irrazonable.
Mientras tenía encima a uno tras otro de aquellos soldados pedófilos, junto con el odio nació en ella la consciencia.
No, mejor dicho, algo similar a la consciencia.
Su réplica de consciencia cayó en la desesperanza y el hecho de que optase por el suicidio causó en mí una profunda impresión, a la vez que una desilusión.
Porque el suicidio, quitarse uno mismo la vida, es un acto que solamente puede llevar a cabo alguien que cuente con una consciencia capaz de dudar, un acto que requiere de un elevado nivel de consciencia…
Se oyó un kaaan .
La cazuela de hierro que sostenía mi padre salió volando. Fue a caer junto al adormilado dueño de la tienda, derrumbando otros objetos de metal que había allí.
Me di media vuelta y descubrí un hombre en pie con el sombrero muy calado. Nos separaban unos tres metros y por la punta de su arma todavía ondulaba una nubecilla de humo. Vasilov. Nos apuntaba con el arma.
—Interpol —dijo Vasilov sacando con la otra mano una tarjeta de la chaqueta con aire ceremonioso—. En adelante vamos a llevarnos bien, señor Nuaza Kirie. Por cierto, voy a detenerlo como culpable del caso masivo de suicidios.
tensión
Retrocedí un paso y alargué una mano hacia la pistola que llevaba bajo la axila.
—Eh, Twan-san, usted tampoco se mueva de donde está. Al fin y al cabo, es pariente del criminal.
—Mentiroso.
—¿Dónde está la mentira?
—Usted ni siquiera es de Interpol —contesté escupiendo al suelo.
—Sí soy de Interpol. Mire, viene escrito en la tarjeta.
Agitó un poco aquel trozo de papel, pero como ni mi padre ni yo mostramos ninguna reacción, la guardó con aire de tristeza.
—Y yo que me molesté en traerla porque aquí no hay realidad aumentada…