Harmony 05 #2
73%

05 #2

Si es que en aquel perro existía voluntad, ¿dónde estaba el motivo por el que a nuestra alma se le debía respeto, pero a la del perro no?

/confusión

—Para los ancianos que sobrevivieron al Maelstrom, la voluntad del ser humano es más que naturaleza en su estado más salvaje.

La sociedad de los Biogobiernos insiste a sus miembros consensuados en que se graben sin cesar en el corazón la consciencia de su carácter público y de recurso.

Que por su propia voluntad se avengan a respetar dicha disciplina y dicho «ambiente».

De esa manera, hemos conseguido construir la sociedad donde menos gente muere desde que comenzó la historia de la humanidad, la más igualitaria, la más pacífica, la que rebosa más amor.

Los olores del mercado llegaron también hasta la orilla del Tigris.

listado: comidas

c: la carpa asada que comí antes, masgouf

c: carne de pollo que se come con pan, tashreeb

c: carne de cordero con arroz, quzi

c: pinchos de cordero asado, kebab

/listado

Este era el olor de una serie de platos expulsados de nuestro mundo.

El mundo hacia el que Myaha guardaba rencor.

Sentía una violenta inquina hacia la clase de sociedad que acababa de describir mi padre.

Ese elevadísimo panteón de la salud, la paz y la afectividad que había alcanzado la humanidad no lo veía ella como algo elevado, sino que lo consideraba odioso, una mazmorra que debía abandonarse.

Esa sociedad compuesta por cada uno de los individuos era algo con lo que se ataba uno mismo de un modo aterrador, un panorama espantoso por el que se seguían unas normas invisibles que no existían en ninguna parte. Así había venido considerándolo ella.

¿Amor? Ni de broma.

¿Afecto? Ni de broma.

¿Consciencia de recurso? A la porra.

Este cuerpo no está aquí ni para el Biogobierno ni para vosotros; es solamente mío.

Estas tetas y este culo, tooodo esto, es solo de Myaha Mihie.

Cuando yo era una estudiante de bachillerato, compartía este sentimiento con Myaha. Caí bajo su influencia. Y seguramente todavía hoy, en alguna parte del fondo de mi corazón, seguía pensando igual.

No obstante, cuando comencé a dedicarme a un trabajo como el de inspectora de espirales, en esa zona gris entre la ética y el salvajismo que son los campos de batalla, conseguí un ambiente en el que podía fumar tabaco relajadamente y gracias a eso pude reconciliarme con la sociedad.

Los únicos lugares menos asfixiantes que la sociedad existían solo en torno a los campos de batalla, pero ni yo sentía el menor deseo de participar directamente en los combates.

Lo único que sucedía es que había encontrado un lugar donde encajar, a medio camino entre Myaha y la sociedad.

Sin necesidad de que varios miles de personas intentaran suicidarse simultáneamente, los informes de los Biogobiernos ya mostraban que el porcentaje de suicidios entre los jóvenes iba aumentando cada año.

Gran cantidad de niños...

listado: acción

a: se cortaban las muñecas

a: se ahorcaban

a: se tiraban desde las alturas

/listado

Las almas que estaban a punto de ser aplastadas por la sociedad no eran sino las almas que carcomían la propia sociedad.

Las almas que no podían encajar en la sociedad.

Las almas de los niños que deseaban enfermedades, deseaban heridas, deseaban dolor…

Con una clara intención de herir con mala voluntad aquella vida que era lo que más debía respetarse.

Algo en esta sociedad estaba equivocado.

En el fondo del corazón, la gente comenzaba a notarlo poco a poco, pero la situación no había llegado al umbral que llevaba a verbalizarlo.

Porque conscientemente se dedicaban a aplastar con todas sus fuerzas las pequeñas impresiones de anormalidad que surgieran.

En pocas palabras, yo había conseguido encontrar un pequeño espacio intermedio entre las normas y el caos, y me encontraba flotando en él.

De vez en cuando, sentía que me había convertido en un doppelgänger de Myaha.

Sin embargo, ni que decir tiene que eso era mentira. No hacía más que imaginarme unilateralmente que una Myaha adaptada a la sociedad sería alguien como yo.

—El motivo por el que recurrí a Myaha fue, entre otras cosas, porque ella era un punto nodal del estrés que genera esta sociedad.

Pensé que, si conseguíamos dominar su cerebro, una voluntad tan inquebrantable como la de Myaha cuando se encaminaba decidida hacia la muerte, seríamos capaces de dominar la voluntad de cualquiera.

En aquella época recogimos muchos niños de esa clase para llevar a cabo con ellos un «tratamiento».

Los jóvenes suicidas que iban aumentando de año en año…

En especial, nos centramos en reunir a aquellos jóvenes que probaron el método de morir poco a poco mientras contemplaban cómo su cuerpo se debilitaba por comer en exceso o en defecto.

Con objeto de establecer en el cerebro humano una voluntad capaz de funcionar con armonía, llamamos Programa Harmony a la tecnología y el sistema necesarios para ello.

Los experimentos que llevamos a cabo con Myaha y otros niños de condiciones similares fueron pruebas para verificar los límites de este programa.

Sentí cómo en mi interior brotaba una furia irracional. No era porque Myaha hubiera sido convertida en sujeto de un experimento semejante. La cuestión era: ¿por qué no había sido yo la elegida?

Por supuesto que conocía de sobra la respuesta.

Aquellos adultos deseaban alguien con una desesperanza lo más profunda y lo más primordial posible.

Probablemente se hallaban a la espera de esos perfiles tejiendo una red que abarcaba gran cantidad de centros de emergencias éticas o de terapias.

En aquellos tiempos había una cantidad innumerable de menores de edad que probaban a suicidarse una y otra vez, situación que se prorrogaba hasta ahora.

Mi padre había sabido descubrir en Myaha ese pozo insondable.

La desesperanza que yacía en sus ojos.

Ese acantilado donde, en palabras de Kyan, «se sostenía en un punto muy frágil, cercano al borde».

Eso era precisamente lo que mi padre y sus compañeros necesitaban controlar.

furia

Por eso mismo nos había abandonado a mi madre y a mí para trasladarse a Bagdad.

Reconozcámoslo. Ciertamente, sentía algo similar a los celos.

Porque, como todo el mundo sabe, cuando un niño no resulta elegido, ya sea en el asunto que sea, se enfada terriblemente.

En cualquier caso, lo que estaba haciendo esta gente resultaba demasiado grotesco.

Póngame una docena de niños desesperados.

/furia

—Qué despreciable… —le dije a mi padre.

—Sin embargo, si no los hubiéramos salvado nosotros, probablemente aquellos niños habrían continuado en una situación en extremo peligrosa. Hubieran vuelto una y otra vez a intentar suicidarse y quizá un día llegasen a conseguir lo que buscaban.

—Eso es un sofisma —le contesté con dureza—. Lo único que haces es sustituir a propósito el resultado por el objetivo.

—Supongo que sí. Lo cierto es que no puede decirse que aquello que hicimos saliera precisamente a la perfección.

—¿Qué significa eso?

— Harmony tiene unos graves efectos secundarios que no pudimos prever. Mejor dicho, si llegáramos hasta el final desde un punto de vista lógico, quizá sea más exacto decir que deberíamos haberlos previsto. Sin embargo, se trató de algo de lo que no teníamos la menor idea.

De repente, llegué hasta la respuesta.

Efectivamente, bastaba un razonamiento a fondo para comprender que era natural que sucediese algo así.

Si se creaba armonía en el sistema de recompensa, eliminando el conflicto entre todas las opciones y haciendo que todas las acciones resultaran obvias por igual…

¿Qué significaría eso? Una pregunta sobre el sentido de la propia existencia.

—La consciencia se extinguió, ¿verdad?