Harmony 04
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En los medios de comunicación se veían imágenes de las principales ciudades de diversos países del mundo con soldados armados.

Imágenes al aire libre, en calles de color rosa.

El camuflaje de las ciudades para resaltar lo acogedoras que resultaban para el ciudadano.

Fusiles de asalto color rosa.

Granadas de color rosa.

Máscaras de gas de color rosa.

Y seguro que el gas lacrimógeno sería también de color rosa.

Todos los Biogobiernos habían solicitado al Estado que declarase situación de emergencia, que era prácticamente la ley marcial.

listado: ítem

i: en Nueva York

i: en París

i: en Ginebra

i: en Tokio

/listado

La policía y el Ejército del Tratado de Ginebra tomaba posiciones en los cruces de caminos.

Luciendo un color rosa que se fundía con el de las calles, su objetivo era vigilar que no se cometieran asesinatos ni suicidios.

Con todo, cada uno de esos policías y militares era también blanco de aquella amenaza que les ordenaba matar al menos a una persona, por lo que, como es natural, no se podía confiar en nadie.

Todo el mundo se hallaba incluido en la amenaza de aquella «declaración».

De hecho, quienes parecían más inquietantes eran precisamente los que iban armados.

Desde entonces, en apenas unos instantes, el mundo había empezado a recorrer el camino que devolvía a los tiempos de los antepasados. Había sido empujado hacia un estado de sospechas y oscuridad, con un temor permanente, que recordaba la época del Maelstrom.

También las calles de Bagdad, incluso en el centro, se hallaban poco transitadas.

Todos se encerraban en casa asustados. Como si pensaran que haciendo eso no tendrían que tomar ninguna decisión.

Sin embargo, la potencia de aquellas imágenes del noticiero que el otro día dieron la vuelta al mundo continuaba manifestándose, atemorizando a todos aquellos que pertenecían a un Biogobierno y tenían instalado el WatchMe en su cuerpo.

Era una sociedad donde cualquier asunto se deliberaba entre todos y se decidía por consenso tras recibir el asesoramiento de rigor.

Pero ahora se trataba de algo que debía decidir cada uno a solas.

listado: ítem

i: ¿matar a alguien y sobrevivir?

i: ¿no matar a nadie y morir?

i: o bien, no creer lo que decían los criminales

/listado

Seguramente, en estos momentos los técnicos estarían revisando a toda prisa todos los agujeros de seguridad que se hubieran abierto en el servidor.

Agujeros abiertos en el servidor del WatchMe, que dirigía las moléculas medicinales que monitoreaban el cuerpo de cientos de millones de personas en todo el mundo.

En cuanto a mí, en virtud de las facultades especiales que poseía como inspectora de espirales, mediante el apretón de manos realizado, acababa de introducir en el cuerpo de Gabrielle Eding unas moléculas medicinales para escuchas secretas.

Se trataba de un conjunto de aparatos de tamaño molecular que se filtraban a través de la piel, que permitían abrir una línea de escucha en mi HeadPhone y que conectaba con ella gracias a los componentes de su cuerpo.

No había notado nada sospechoso en el comportamiento de la señora Eding, pero como por el momento era lo único con lo que contaba, no me quedó más remedio.

Mientras circulaba por una carretera de Bagdad sin apenas tráfico, recibí comunicación de Vasilov, el hombre de las tarjetas de visita.

—¿Se ha visto usted con Gabrielle Eding?

—Se entera usted de todo…

—El consorcio SEC de investigaciones neurológicas es una de las organizaciones a cara descubierta que forman el Grupo de trabajo para la descripción de las características del comportamiento del ser humano de la próxima generación . Eding es una de ellos, inspectora Kirie.

—¿Cómo lo sabe?

—He seguido el rastro del dinero. Algo que para un inspector de espirales debe de ser imposible.

—En ese caso, en vez de acompañarme a mí, ¿no cree que sería mejor que se pegara a Gabrielle Eding?

—No hace falta que me lo diga, ya lo hago. Pero no he obtenido ningún fruto. Sabe que está siendo vigilada.

—Si sabía usted eso, ¿por qué no me dijo nada antes de que yo fuese a verla? Si desde un primer momento hubiera sabido que estaba entre los culpables, quizá hubiese podido hacer algo diferente.

—Tenía puestas esperanzas en la reacción química, inspectora Kirie.

incomodidad

Me sentí a disgusto. El hombre de Interpol me había utilizado, se había servido de mi encuentro con Eding.

En otras palabras, había estado vigilando si el Grupo de trabajo para la descripción de las características del comportamiento del ser humano de la próxima generación mostraba alguna clase de reacción o no por el hecho de que la investigación oficial de los inspectores de espirales alcanzase su entorno.

Así que para Interpol, cuyas investigaciones internas y externas habían llegado a un punto muerto, yo era como una pieza de ajedrez aportada desde el exterior.

—Eso no me hace sentir muy bien.

—No obstante, la situación es de emergencia. Puede que esos tipos realicen algún movimiento. Le pido que se mantenga usted también en guardia.

—Ya me mantengo en guardia sin necesidad de que me lo diga. Porque nosotros siempre somos blanco del terrorismo.

/incomodidad

Desconecté el HeadPhone e introduje el vehículo en el Hotel Bagdad.

Antiguamente, esta ciudad fue un campo de batalla.

El ejército de ocupación norteamericano rodeó este edificio de paredes de hormigón y al parecer el personal de la CIA se alojó gallardamente en él, en un entorno donde mañana y noche se repetían las explosiones, tanto de artefactos caseros como de cohetes RPG, que despedían trombas de aire, metralla y escombros.

Los servicios de información mundiales que se ocupan del «sector del terrorismo», hoy en día son el Ejército del Tratado de Ginebra y los Military Information Suppliers (abreviados MIS) que subcontrata el primero, pero en aquellos tiempos la CIA era la mayor organización de espionaje de alcance mundial que poseyera una nación.

Esa época había quedado atrás y el edificio de la Zona Médica Industrial de Bagdad que daba a la avenida Saadoun ahora era un hotel de lujo como otro cualquiera.

Para alguien como yo, acostumbrada a los campamentos del Ejército de Ginebra en zonas en conflicto, no resultaba necesario alojarse en un establecimiento tan caro, pero como existía la extraña tradición de que los enviados de la OMS o de los Biogobiernos usaran dicho lugar, no me quedó otro remedio.

Mientras me cruzaba con esa clase de personal de los Biogobiernos o de la OMS, así como con tipos con aspecto de presidentes de los consorcios farmacéuticos, llegué a la puerta de mi habitación, que abrí con las huellas digitales y la biometría vascular.

Un papel doblado sobresalía del quicio de la puerta.

precavidamente

En un acto reflejo, apagué la realidad aumentada.

Pensando que alguien podría estar robándome la visión, no era cuestión de ponerse a mirar tal cual el contenido de la nota.

De hecho, nosotros, los inspectores de espirales, en el uso de nuestras facultades de investigación, habíamos visto cientos de veces los registros visuales de los suicidas, y la policía o Interpol, así como una parte de los MIS civiles, poseían la cualificación necesaria para poder espiar en tiempo real la información de la realidad aumentada de otros.

Para mayor seguridad, fui al lavabo y me quité ambas lentes de realidad virtual con el líquido específico para separarlas de la membrana.

Cerré la puerta con llave y me metí debajo de la cama.

Interpol me había estado usando. Era muy probable que también estuvieran espiando mi habitación del hotel.

Me acurruqué en la oscuridad como un feto y desplegué aquella hoja de papel doblada en cuatro.

«Abu Nuwas. Al anochecer. Sin realidad aumentada y sin ramas». Salí de debajo de la cama y miré por la ventana.

El sol iba tiñéndose poco a poco de rojo, preparándose para la puesta. Lo de las ramas se refería a los dispositivos de espionaje visual y acústico. Así que un desconocido de «la otra parte» contaba con algo que no le convenía que fuese registrado por la realidad aumentada y enviado al servidor.

/precavidamente

Si el encuentro iba a ser al anochecer, faltaba muy poco para entonces.

En una antigua película que me mostró Myaha, esta clase de mensajes secretos había que ponerlos frente al mechero y prenderles fuego, dejando que se consumieran en unos objetos llamados ceniceros, que se usaban para las colillas del tabaco.

Mientras pensaba qué cosas tan útiles existían en aquella época, me cambié a ropas de civil en aquella habitación donde no había mecheros ni ceniceros y me metí el papel en un bolsillo.

El área estaba dividida por zonas de los consorcios de la industria farmacéutica.

Prácticamente no se veía a ningún iraquí en ese lugar.

Este país de Oriente Medio se había erigido como el centro de la industria médica mundial por el efecto acumulado de una condición caótica.

Al igual que otros sitios crecieron porque no existía un lugar adecuado para hacer películas o porque no existía un lugar adecuado para fabricar el PassengerBird, tampoco existía un lugar adecuado para desarrollar el tratamiento médico.

Sin embargo, una vez que se empieza a acumular cierta clase de riqueza, comienzan a despuntar aquí y allá nuevos brotes, y el resultado final es que se forma un territorio que reúne una serie de grandes corporaciones.