Harmony 01 #3
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Buenos días, les habla Edison Carter. La noticia que vamos a emitir a continuación es el contenido de un memorando que nos acaba de ser entregado en las oficinas del Canal 24 .

¿Qué significaba esto? Le pedí una explicación a Vasilov. Sin embargo, él meneó la cabeza como si no pudiera creer lo que estaba pasando.

—No lo sé. Lo único que podemos hacer es ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Ciertamente, el Comité de Autocensura de Canal 24 poseía un criterio más laxo en comparación con otros medios de comunicación.

Hace no mucho, con ocasión de los choques armados en Chechenia, habían emitido unas imágenes en las que, en una esquina del cuadro, se distinguía el cadáver de un soldado, y la gente se lo recriminó.

La mayoría de los medios de comunicación se aplican la autocensura tratando previamente con inteligencia artificial las imágenes destinadas a emitirse.

Era una medida de protección para evitar que, por una posibilidad entre mil, se emitiera una imagen que pudiera traumatizar a algún espectador.

Por eso, en el mundo de los Biogobiernos, no se emitan imágenes de los cadáveres o de los niños horriblemente escuálidos por el hambre que la gente como yo ve en los campos de batalla.

Dentro de todo eso, quizá pudiera decirse que Canal 24, por comparación, era un medio de comunicación con política «radical».

Bien, entonces, pasamos ya a la noticia. Escuchen, por favor .

Cuando Edison Carter terminó de hablar, la pantalla se oscureció.

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No sé a qué hora se va a emitir esto. De modo que saludaré así: Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Era una voz de mujer.

En la pantalla, lo único que se veía eran estas palabras: solamente voz.

No había imágenes.

Cerré los párpados. Porque me pareció que, haciendo eso, probablemente podría captar la verdadera cualidad subyacente en aquella voz, una voz que quizá fuera la de Myaha Mihie… Si lo único que se proyectaba eran unas letras, no tenía ningún sentido quedarse mirándolas.

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—Hace poco, murió una gran cantidad de personas. Muchas personas se quitaron la vida al mismo tiempo. Sin duda, todos habrán sufrido una fuerte impresión. ¿Verdad que se han asustado ante la posibilidad de que alguien muera de repente ante sus propios ojos? Eso es lo que hemos hecho nosotros.

¿Que cómo lo hicimos? Por el momento, es un secreto.

Sin embargo, el mecanismo que lo hizo posible ya se halla profundamente arraigado en el cerebro de todos ustedes. Y a estas alturas no se puede eliminar. Ahora, todos ustedes se han convertido en nuestros rehenes.

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Resultaba evidente que la voz había sido alterada. No se parecía en lo más mínimo a la de Myaha Mihie.

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Creo que ya habrán comprendido todos ustedes lo que somos capaces de hacer.

Espantoso. Indignante. Imagino que habrá suscitado emociones muy diversas.

Esas emociones son auténticas. Consérvenlas, por favor, como algo muy importante.

Nuestra sociedad está hecha de manera que esa clase de emociones se repriman.

Está hecha para que se vean sepultadas debajo de palabras de simpatía.

No está escrito en ninguna parte y ni siquiera son leyes.

Todos ustedes reprimen dichas emociones porque se encuentran atados por la «disciplina» y el «ambiente» reinantes.

Esta es la primera vez que vivimos una época en la que las personas viven atadas de tal manera por normas de su fuero interno.

La primera vez en la historia de la humanidad que han aumentado hasta tal punto las usanzas no escritas.

Nadie puede decir lo que verdaderamente piensa.

Desde que éramos niños nos han educado con la idea de que todos y cada uno de nosotros somos un valioso recurso para la sociedad.

Nos dicen que el cuerpo que tenemos no es solo nuestro, sino que es una valiosa propiedad de todos los miembros de la sociedad, que es un cuerpo de carácter público.

Pero, sin duda, todos ustedes deben de estar comenzando a asfixiarse con esta situación.

Quizá todos hayan oído que ya desde un tiempo antes empezaba a aumentar el porcentaje de suicidios. Todos desean huir del «ambiente» de esta sociedad que los mantiene atados.

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Sin embargo, lo que estaba diciendo sí me traía recuerdos.

Las palabras que, en los días de nuestra adolescencia, nos incitaban a Kyan y a mí.

Aquellas palabras que expresaban a la perfección y con lucidez nuestra sensación de asfixia.

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Vamos a construir un nuevo mundo.

Para hacerlo, en primer lugar, tenemos que escoger a las personas capaces de ello.

Antes de que pase una semana, maten, por favor, al menos a una persona.

No importa el método que usen.

Demuestren, por favor, que, si se trata de obtener un beneficio propio, no les importa lo que les pase a los demás.

Liberen, por favor, la emoción que les dice que su propia vida es lo más importante de todo.

Los que sean incapaces de hacer esto tendrán que morir.

Como les he dicho antes, creo que habrán comprendido con el incidente pasado que disponemos de la capacidad de llevar a cabo esta acción.

Si dudan en arrebatar la vida de otra persona, aun cuando sea porque uno cree que así él mismo se salvará, en ese momento lo mataremos sin piedad.

Lo haremos de manera que usted se mate por su cuenta.

Se lo repito de nuevo: podemos hacer eso solo con apretar un botón.

Para aquellos que todavía no lo creen, enseguida les mostraremos unas imágenes que lo demuestran.

Probablemente la imagen solo se verá un instante.

Mantengan la vista fija y pongan cuidado en no perdérselo, por favor.

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«Este es el contenido completo de la cinta de audio que nos ha sido remitida a Canal 24», dijo Edison Carter volviendo a aparecer en pantalla.

Carter comenzó a leer unas hojas con voz átona, diciendo que se había comprobado el remitente, pero que este había usado para el envío la identificación de una de las personas fallecidas en el reciente incidente.

Al terminar esa frase, el presentador estrella de Canal 24 se sacó un bolígrafo del bolsillo de la chaqueta y se lo clavó ostentosamente en el ojo derecho.

—¡Aaaah! —gritó Vasilov tapándose los ojos.

Lógicamente, la censura de la inteligencia artificial intervino.

La imagen se cortó antes de que Carter se pusiera a revolverse los sesos, y en su lugar apareció una tira con un texto superpuesto en el que se pedían disculpas por haber emitido unas imágenes traumáticas y se recomendaba recibir una terapia adecuada.

Para mayor amabilidad, aparecía el código identificador de una ventanilla de consultas.

Con eso, parecía como si el suicidio de Carter nunca hubiera existido.

—Mierda, lo he visto —farfulló Vasilov.

También yo había visto en el campo de batalla cadáveres a los que habían volado la mitad de la cabeza u otros, largo tiempo abandonados, que estaban a medio pudrir.

Por eso, si dijera que aquella imagen me había resultado traumática, sería mentira, pero reconozco que lo que acababa de suceder ahí era algo más que suficiente como para dejarme atónita.

Si esto había sido obra de Myaha, ella sí que necesitaba una fuerte terapia. Un suministro de fármacos de tal potencia que le cambiara de raíz las bases del cerebro y muchas, muchísimas horas de terapia.

Aceleré el vehículo hacia el aeropuerto. Había que darse prisa.

Antes de que el monstruo que se ocultaba bajo el «ambiente» saliera a la luz.