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¿Cómo admitir que una muerta, una persona que hasta entonces estábamos convencidas de que había muerto, iba a dirigir la palabra a alguien en el momento anterior a su muerte? En mi campo de visión parpadeaba el registro de una conversación mantenida antes de ayer a las 13:16 minutos.
Parpadeaba serena pero insistentemente, como si estuviera metiendo prisa para que yo reprodujese el mensaje de la muerta, para que le prestase atención.
/miedo
Con un dedo tembloroso, toqué el apartado que parpadeaba en el índice de comunicaciones.
Se abrió el registro de voz.
/silencio
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Kyan, me oyes, ¿verdad?
Hacía mucho que no hablábamos…
Hoy quería hablarte del bien y, por eso, después de trece años, he sentido ganas de contactar contigo.
¿En qué crees que consiste el bien?
Ayudar a alguien que está en apuros, llevarse bien con los demás, tener cuidado de no hacer daño a nadie…
No se trata de eso. Es verdad que eso también es una parte, pero todo eso no son más que pequeños «detalles» del bien.
El hecho de que consideremos cosas buenas como el bien es, si llegamos hasta el fondo, la voluntad para hacer que se mantenga «la concepción del valor» de algo.
Eso es, mantener. Que la familia se mantenga, que la felicidad se mantenga, que la paz se mantenga.
El contenido es lo de menos. Hacer que continúe perdurando algo en lo que la gente cree, creer en ese algo.
Esa es la verdadera cualidad del bien. Pero no hay nada que se mantenga para siempre. ¿Verdad?
Por eso mismo, conservamos sin cesar la consciencia del bien y hay que hacer que vaya extendiendo sus ramas hacia delante constantemente.
Existe la necesidad de ser consciente del bien para que pueda mantenerse.
Más aún, llamamos bien al hecho de mantener conscientemente la confianza en algo.
Aunque las formas del bien puedan ser muy diversas, claro.
Sin embargo, el cuerpo humano no está hecho para funcionar así, ¿verdad? Las personas crecemos. Envejecemos.
Contraemos enfermedades. Morimos. Por principio, en la naturaleza no existe bien ni mal.
Porque todas las cosas cambian. Porque todo desaparece alguna vez.
Hasta ahora, eso había evitado que el bien recubriese el mundo, frenando el proceso.
Había conseguido evitar por los pelos que, con la fuerza del bien, el ser humano se volviera arrogante.
En cambio, ahora, gracias al WatchMe y a las moléculas medicinales, las enfermedades y el envejecimiento ordinario están en vías de desaparecer.
La concepción del valor de la salud está invadiéndolo todo.
¿Y qué crees que supone eso? Que el mundo entero quedará recubierto por el bien.
/log
Sin posibilidad de equivocación, se trataba de la voz de Myaha Mihie. Y, además, era inevitablemente su manera de pensar.
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Nunca había existido un mundo en que los seres humanos estuvieran gobernados hasta este punto por el bien.
Nunca había existido un mundo en el que los seres humanos dependieran hasta este punto del bien.
Hasta ahora habían existido muchas clases de bien.
El día en que en Francia cayó la Bastilla o el día en que en Boston los hijos de la libertad arrojaron al mar el cargamento de té de los barcos, la idea de mejorar el mundo existía, fuera la época que fuera y bajo la forma que fuese.
Al parecer, antiguamente también era así en los Estados Unidos, cuando enarbolaban el estandarte de la libertad y la democracia.
Sin embargo, nunca había existido, ni una sola vez, un bien que, como ahora, tomase hasta este punto como rehén el hecho en sí de que las personas vivan.
En los tiempos en que gobernaban los reyes, se amenazaba con que aquel que les hiciera frente sería castigado, logrando así que todos obedecieran. Se obligaba a la gente mediante la violencia.
Por eso la Revolución francesa tuvo éxito.
Porque bastaba con eliminar al rey. Porque bastaba con que un cierto número de personas se atribuyeran falsamente ser «la voluntad popular» para eliminar al rey mediante la violencia.
No obstante, con la llegada de la democracia, lo que gobernaba a las personas ya no eran personajes como los reyes, que imponían las cosas desde arriba, sino que esa facultad se transfirió a la gente.
Las cosas fueron cambiando de manera que todos se gobernaran a sí mismos.
Y en el caso de que algo que todos tenemos en nuestro interior resulte ser un enemigo, ¿qué debemos hacer?
El vidalismo que tenemos hoy en día es el ejemplo extremo de esto y, a la vez, el fatal resultado del proceso.
¿Conoces la historia de Los tres mosqueteros ? Es una novela escrita por un hombre llamado Alexandre Dumas, ambientada en la Francia del siglo XVII y protagonizada por unos mosqueteros. Esa novela contiene la siguiente frase: «Todos para uno y uno para todos».
Para los mosqueteros eso valía, porque bastaba con que unos cuantos compañeros prometieran lo mismo.
Pero en el mundo de la consciencia de carácter público y de recurso, es como si tuviéramos que prometer lo mismo de cara a todos los miembros consensuados del Biogobierno.
Qué digo, a toda la población mundial. ¿No crees?
Nos hacen prometer una existencia apacible, que no enfermaremos y que viviremos largo tiempo.
En otras palabras, toman la vida como rehén.
Ni tú, Kyan, ni Twan vinisteis conmigo, ¿verdad?
A pesar de que dijisteis que lucharíais a mi lado.
Para mí fue un gran golpe y me entristeció mucho.
Pero ¿sabes una cosa? Creo que, si me mostráis ahora que tenéis valor para ello, para mí será suficiente. Si haces el favor de demostrar enseguida al mundo que no hay nada que permanezca para siempre, que tu cuerpo es solamente tuyo, podremos volver juntas a aquellos tiempos.
A los tiempos en que nosotras éramos nosotras.
Por eso, quiero que, por favor, me muestres tu valor, Kyan.
Déjame ver que puedes demostrar tu valor.
/log
Inconscientemente, mis labios se movieron imitando lo siguiente que dijo Kyan.
Sí, perdóname, Myaha.
/cuerpo
/etml