Harmony 03 #3
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—Bueno, creo que también juega un papel importante el sentido de signo de ligazón social. ¿Sabías que la Alemania nazi fue el primer lugar donde se convirtió en cuestión de Estado la lucha a gran escala contra el cáncer y el tabaquismo?

Me daba la sensación de que en el colegio, muy de pasada, mencionaban ese periodo de Alemania al hablar de la historia de mediados del siglo xx.

Como a finales de curso esperaba la parte acerca del Maelstrom, resultaba inevitable que en las clases de Historia pasaran muy por encima del destino de los desdichados judíos de entonces.

A medida que la historia se iba alargando y alargando, muchos hechos históricos se iban comprimiendo, ya que el límite físico del volumen de materia que se podía tratar en las horas de clase obligaba a ello.

Recordé que una vez Myaha dijo: «Intentad imaginar lo que dirán en las clases de Historia dentro de mil años.

Nos podemos dar por satisfechas si dedican un minuto a nuestro tiempo.

Es inevitable que se salten este periodo en el que prácticamente no sucede nada.

La historia sigue alargándose ilimitadamente; nuestra época se resume, luego se resume todavía más y al final se comprime tanto que desaparece».

El genocidio judío todavía conseguía a duras penas conservar dos minutos de atención en las clases.

—Esa es la gente que masacró a los judíos, ¿no?

—No «la gente»; el Estado. El producto de un sistema democrático formado por el pueblo, el voto y una cámara de representantes.

El Gobierno nazi fue alumbrado de esa manera y nadie como ellos creó una estructura que clasificaba al detalle los diversos aspectos de la vida humana con objeto de supervisarlos; era algo que no existía hasta entonces.

Los nazis crearon un registro de enfermos de cáncer con objeto de conocer quiénes lo habían contraído, los clasificaron, les hicieron pruebas médicas y fueron los primeros en la historia de la humanidad en intentar de un modo sistemático acabar con el cáncer.

—¿Fascismo, lo llamaban? Esa forma política de gobierno de la Alemania nazi…

—Eso es. En cierto sentido, la política de salud del gobierno nazi fue el antepasado de esta sociedad actual nuestra. ¿Sabías que la palabra «mole» que se usaba antes en Japón para denominar a las personas gruesas ha desaparecido en este medio siglo?

Sonreí con amargura. Mil vítores para Myaha Mihie.

—Durante el gobierno nazi, aquellos que antes eran llamados «tullidos» pasaron a ser denominados «personas con discapacidad corporal».

Los manicomios para el tratamiento de la locura se calificaron de hospitales psiquiátricos.

Fueron cambiando una serie de palabras relativas a la condición del cuerpo.

—¿Qué significa la palabra «locura»?

—Basta con que entiendas que se trata de una palabra horrible para designar el estado en que es necesaria una intensa terapia y un asesoramiento psicológico de alto nivel.

También fueron los nazis los primeros en decir que el tabaco era malo para la salud y los primeros que intentaron acabar con la costumbre de fumar mediante la acción estatal.

En el año 1939, el Gobierno alemán creó un departamento llamado Oficina para la Lucha contra Sustancias Nocivas, que se ocupaba del alcohol y el tabaco.

En el año 1941, por iniciativa del propio Hitler, se creó en la Universidad de Jena el Centro Científico para el Estudio de los Peligros del Tabaco.

—Oyendo todo eso, una podría pensar que estás diciendo que los nazis intentaron hacer muchas cosas buenas… —comenté con tono irónico.

Realmente, si se entresacaba solo eso del contexto, la sociedad nazi no parecía muy diferente de nuestra sociedad rebosante de caridad y afecto.

Pero, además, a mí me causaba una molestia adicional. Así que esa gente eran los antepasados del rechazo al tabaco existente hoy…

—En cierto sentido, así es. Verdaderamente, fueron los primeros en hacer toda una serie de cosas desde que empezó el siglo xx, por mucho que también cometieran un genocidio étnico.

En suma, que las cosas siempre tienen muchas facetas.

Una excesiva obsesión por la limpieza puede llevar a desbarrar sobre la pureza de sangre de la raza.

O a decir que el tabaco es el origen de todas las enfermedades, que marchita ese bien estatal que es el pueblo.

Eso que ahora se llama consciencia de recurso público.

—En resumen, ¿que la sociedad estatal es la Alemania nazi a escala mundial? —inquirí encogiéndome de hombros.

—En cierto sentido, así es. Pero en otro sentido, no.

En la época de los nazis, quienes enarbolaron la bandera de una obsesión exagerada por la higiene fueron el Gobierno y los científicos, sobre todo los médicos.

Ahora, en esta sociedad de los Biogobiernos, quienes agitan la bandera de la salud son todos sus miembros, la gente del mundo entero.

Ni siquiera la Alemania nazi pudo conseguir por completo que sus soldados en el frente dejaran el tabaco.

Es más, muchos soldados consideraban que, de no haber sido por el tabaco, no habría habido forma de aguantar en el campo de batalla.

En especial, en lugares tan terribles como el frente del este.

—Eso lo entiendo, sí. Lo entiendo perfectamente.

Sonreí con amargura. No en vano yo, con tal de fumar tabaco, había aceptado viajes de trabajo a toda clase de remotas zonas en guerra.

Ahora que me acuerdo, ¿qué estarán haciendo en este momento Étienne y todos aquellos compañeros suyos que disfrutaban con la «carga» obtenida en nuestros canjes?

Por unos momentos, mi imaginación corrió hacia el Sáhara, con el amarillo de los girasoles y el azul del cielo, combinados con el añil de los turbantes de los kel tamasheq .

—Sin embargo, en la actualidad el tabaco ha desaparecido por completo de la faz del mundo.

En una parte de África y ciertos puntos en guerra del Asia Central, al parecer hay quien todavía prueba con discreción esa práctica, pero, sea como sea, casi todos los miembros consensuados de los Biogobiernos piensan que consumir tabaco o alcohol es un disparate.

Aun cuando no se les diga que son tan adictivos como una droga.

De entrada, ¿sabes el motivo por el que comenzaron a prohibirse las drogas?

—Pues ni idea…

—Fue durante la época de colonización de América.

Los esclavos negros llevados al continente o los trabajadores asiáticos, sobre todo chinos, de tanto en tanto masticaban hojas de coca u otras plantas de efectos similares a las drogas y de esa manera conseguían trabajar más allá del límite de sus fuerzas.

Pero aquello resultaba un inconveniente para los trabajadores blancos, que no seguían aquellas prácticas.

Al prohibir las drogas como una cuestión moral, en realidad buscaban arrebatar la primacía laboral a las «razas inferiores» en el mercado de trabajo.

—¿Sí? Yo estaba convencida de que era porque las drogas son perniciosas para la salud…

—Eso también es una realidad. Pero solo un aspecto de la realidad.

El profesor se recostó sobre el respaldo de la silla antes de proseguir.

—De por sí, la razón por la que ha sido inevitable que lleguemos a una sociedad como esta, tan exigente con la cuestión de la salud, es la experiencia que ha vivido nuestra generación. Tú misma, Twan, habrás tenido que estudiar en el colegio hasta el hartazgo acerca del Maelstrom, ¿verdad?

Efectivamente. Dentro de la asignatura de Historia, la parte que llegaba a final de curso relativa al Maelstrom era, tanto por volumen como por contenido, una de las que entraban en el grupo de las más pesadas.

Sin embargo, pensándolo ahora, me da la sensación de que la asignatura de Historia era aquella que más apasionaba a Myaha.

Y parecía que la parte del Maelstrom era la que más le gustaba a ella.

En cambio, a mí apenas me interesaban las clases de Historia. A pesar de que cuando Myaha hablaba de cosas de otros tiempos, la escuchaba ardientemente, con el cuerpo latiendo de emoción.

«Oye, Twan, ¿sabías esto? En aquella época, solo en América del Norte, murieron diez millones de personas».

—Los tipos que hacen los textos de estudio son de la generación que más se queja del Maelstrom —continuó el profesor—.

Todos los rincones de los Estados Unidos, que entonces era el país más poderoso del mundo y el que más ganancias obtenía, se cubrieron de grandes disturbios generalizados que nadie había imaginado.

Hispanos, coreanos, africanos… Las masacres étnicas se sucedían sin control.

Todos y cada uno participaban en estas masacres de modo entusiasta, como si poseyeran de forma innata un órgano genocida.

En aquel país se mataron unas etnias a otras de manera recíproca 9 .

Y aquel enorme caos se extendió a la mayoría de los países, llevando a un mundo realmente descabellado, donde se traficaba con las cabezas nucleares, y cada dos por tres se sucedían atentados nucleares terroristas con dichas cabezas.

La sociedad actual, rebosante de sentimiento caritativo, es la reacción a aquello.

Puede que quien más quien menos, poco a poco, comience a sentirse asfixiado, pero aun así eso es infinitamente preferible a sumirse en un enorme caos como el del Maelstrom.

Todo el mundo desea conservar su vida y, comparado con los tiempos en que un puñado de burócratas concentraban el poder en sus manos, la época actual resulta bastante más soportable.

—Hoy en día, la humanidad entera se ha acostumbrado a que todos sean como mascotas de todos. Así es nuestra sociedad, ¿no?