Harmony 06 #2
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06 #2

—Aquel artista recibió unas críticas feroces y se vio obligado a pedir disculpas.

Como el artista había provocado una sensación desagradable a otros, su arte también dañó la moral de los demás.

Estoy totalmente segura de que en nuestros días no queda nadie que piense en hacer una cosa semejante.

El Biogobierno le enviaría un aviso preventivo.

Bueno, mejor dicho, es evidente que a nadie le pasaría por la cabeza una idea así.

Ahora, como gracias a los filtros nos advierten previamente de no ver dicha clase de imágenes, de por sí nadie las vería, y el ambiente creado hace que al propio artista no se le ocurra una idea de tan mal gusto.

La fuerza imaginativa de la gente de antaño, la literatura o la pintura antiguas son cosas que me dan una envidia tremenda, Twan.

—¿Por qué?

—Porque siempre esconden la posibilidad de herir a alguien. De hacer que alguien se entristezca o de estimular su odio.

/recuerdos

Saltaba a la vista que el anciano que se encontraba realizando tareas de limpieza en el aeropuerto no cuidaba lo suficiente su salud.

El valor del SA que aparecía en la realidad aumentada era, como cabía esperar, bajo.

Es cierto que son pocos los trabajos a los que pueden aspirar las personas con SA bajos, pero la mayoría de los Biogobiernos, tan repletos de amor, no dejan sin trabajo a esa gente.

También ese anciano, gracias a los alimentos repartidos por voluntarios y al Centro de Ayuda Vital que le ofrecía dónde dormir, se supone que podía llevar una existencia suficientemente digna. Quizá incluso tuviera familia.

Caminando ahora al lado de Kyan, me fijé en que era un poco más baja que yo y que, para ajustarse a mi paso, tenía que ir abriendo las piernas un poco exageradamente. Pero yo, ajena a todo, seguía avanzando con decisión.

Desde que perdí a Myaha, decidí que caminaría siempre de esa manera.

Aun así, mientras las dos caminábamos hombro con hombro, me asaltó de pronto el sentimiento de pérdida, que ya intuía a medias que llegaría.

¿Dónde estaba aquella espalda que siempre veíamos delante de nosotras?

Esa chica con la cartera escolar echada al hombro que, sin volverse, desbordaba su elocuencia con una serie de planteamientos teóricos sobre cómo hacer daño al mundo.

Me sentía igual que si nos hallásemos en un templo donde nos hubieran robado la imagen sagrada de Myaha. Yendo junto a Kyan, iba envuelta en la sensación de que delante de nosotras se había abierto un boquete.

El hecho de ir juntas las dos provocaba que, por contra, destacara más la ausencia de Myaha.

Nuestra figura carismática a la que hace trece años dejamos marchar sola.

Notaba la ausencia de aquella bella chica que cargaba con tantísimo conocimiento en su pequeño cuerpo, con tantísimo rencor hacia tantas cosas.

recuerdos

Me gustaría bailar sobre las tumbas de esos adultos tan amables y tan sanos. Sí, por ejemplo, un vals.

/recuerdos

Caminando delante, girando hacia nosotras un brazo, esa Myaha Mihie que ya no existía dijo una vez eso.

Myaha Mihie. Myaha Mihie. Myaha Mihie.

Crucé por delante de un grupo de refugiados políticos que se reunían en un punto de la sala del aeropuerto para recibir la sopa de proteína artificial que repartían unos voluntarios y bajé en el ascensor hasta el piso donde se tomaba el metro.

A medio camino, me di la vuelta con la extraña sensación de que Myaha estaba a mi espalda, pero, como cabía esperar, la única que estaba allí era Kyan.

—¿Vas a volver hoy a casa de tus padres? —preguntó Kyan mientras esperábamos en el andén de metro de la estación del aeropuerto, pintado de un vivo color azul ultramar.

Negué con la cabeza.

—Buscaré un hotel o una hitch-home . No tiene sentido volver a casa.

—¿Cómo que no tiene sentido? Todos tienen muchas ganas de oír acerca de ti.

—¿Quiénes son todos? —respondí con una amarga sonrisa—.

Ah, bueno, sí, los de la casa de al lado me han propuesto hacer una fiesta de bienvenida.

A la que invitarían a todos los de los bloques contiguos.

En cuanto que el PassengerBird tocó tierra, me llegó la comunicación.

Increíble. Ni de broma. Y todavía me fastidia más el hecho de que mi madre esté encantada con la idea.

—¿Por qué?

—Porque no tengo nada que contar.

—Pero ¡qué dices! Podrías hablar del Sáhara o de Colombia, donde estuviste antes. ¡Pero si tienes un montón de experiencias, Twan!

No creo que pretendiese hacerme hablar de esos niños soldado a los que atiborran de droga para que practiquen el tiro usando a padres y hermanos como blanco en lugar de espantapájaros.

¿O acaso querían que les hablase de las montañas de brazos y piernas ensangrentadas usadas en las hogueras como si fueran leña?

La mayoría de los miembros que vivían de común acuerdo bajo la protección de los Biogobiernos desconocían la realidad de los campos de batalla.

Todos sus esfuerzos se consumían en repartir cariño entre quienes los rodeaban. Y Kyan, a pesar de encontrarse en aquella sociedad, no parecía enterarse de ello y seguía igual de inocente. En ese aspecto, no había cambiado en absoluto.

—La gente del vecindario tiene muchas ganas de que les cuentes esas experiencias tuyas, Twan.

Pero yo no quiero saber nada acerca de ellos. Y me deprime la idea de contarles nada.

Suspiré con objeto de hacer comprender claramente a Kyan lo mucho que me fastidiaba la cuestión.

—Oye, Kyan, ¿estás haciendo labores de voluntariado?

—Sí, en sitios como residencias de ancianos o repartiendo comida. Tres veces por semana.

—¿Y «sesiones de ética», «conferencias sanitarias» y esa clase de cosas?

—Bueno, son en línea, pero sí, participo. Deben de ser unas quince horas mensuales en total.

¿Pero qué es esto? La chica que antiguamente odiaba sin remedio este mundo y que, por eso, convertida en compañera nuestra en el intento de morir de hambre para, al menos, hacerle un arañazo a dicho mundo, ahora había encajado a la perfección en él, acogiéndose a su estilo de vida pública de una manera modélica…

En otras palabras, que la niña se había hecho adulta. Seguramente en eso se resumía todo.

definición

i: en qué consiste hacerse adulto

d: instalarse el WatchMe en el cuerpo

d: convertirse por consenso en miembro de algún Biogobierno

d: conectar el propio cuerpo al servidor del Biogobierno

d: recibir un índice de vida por parte de algún consultor especializado de salud

d: hacer acto de presencia en las sesiones comunitarias, tanto en línea como presenciales

/definición

En pocas palabras, de eso se trata.

Este cuerpo, estas tetas, este culo y estos ovarios son míos.

¿Acaso no?

El espectro de Myaha Mihie, con una límpida sonrisa, me habla así.

En cambio Kyan, después de aquel fracaso, a fin de cuentas, terminó por meterse de cabeza y hasta el fondo en aquel mundo . Eso era todo. Yo era la única que seguía arrastrando el pasado. Y no sé muy bien si eso es lamentable o se trata de algo muy valioso.

Me encuentro entre el espectro de Myaha Mihie y la ingenuidad de Kyan Reikado. Como colgando del cielo.

—Mira, Kyan, yo, por cuestiones de trabajo, he estado viviendo prácticamente todo el tiempo en el extranjero.

Por eso, apenas conozco a la gente que vive en el vecindario de casa, ni a los voluntarios ni a los encargados de salud.

En cierto modo, es inevitable que mi relación con la comunidad sea muy débil.

Le explico a Kyan las particularidades de mi trabajo como inspectora de espirales que me lleva a ir saltando de un país a otro.

listado: ítem

i: dada la clase de trabajo, es fácil verse en situaciones peligrosas

i: por eso, resulta difícil una vida social adherida a la zona de que se trate

i: es difícil construir una relación íntima con el vecindario o con la comunidad de atención médica

i: en compensación, se nos adjudican muchos puntos en el apartado de valoración social

/listado

A cambio de no conseguir el aprecio de la comunidad, mi grado de credibilidad está garantizado por el SA que evalúa el Biogobierno.

—Así es como funciona…

—Pues sí, así es.

Al explicar las cosas a Kyan de esta manera, me sentía como si yo misma me hubiera convertido en Myaha Mihie.

Esa Myaha capaz de alterar ilegalmente el Medicare para fabricar un arma química con la que matar a cincuenta mil personas.

Esa Myaha capaz de fabricar unas pastillas para eliminar por completo los nutrientes de cada alimento de todos los rincones del aparato digestivo, desde el estómago hasta el duodeno, del intestino delgado al grueso.

Esa Myaha capaz de sonreír límpidamente soñando con ver cómo el mundo ardía hasta consumirse.

Me sentí con ganas de ofrecer a los demás esos conocimientos que ignoraban, al igual que había hecho Myaha, con ímpetu arrollador, con plena confianza, sin la menor sombra de temor, con la solemnidad de quien anuncia algo de gran importancia.

«¿Sabes una cosa, Kyan? Si instalas en tu cuerpo el DummyMe, se pueden enviar al servidor datos corporales que indiquen que te encuentras bien de salud y llevas una vida sana.

¿Entiendes, Kyan? Así, si utilizas el DummyMe, es posible vivir ocultando en todo momento la verdadera condición del cuerpo.

Oye, Kyan, ¿has oído hablar de esto? Pues mira, Kyan… Verás, Kyan…».

En lugar de actuar de esta manera, interpretando a un doppelgänger de Myaha, esbocé una sonrisa irónica y añadí:

—Si no fuera por eso, ahora mismo me tratarían como a una sociópata.

Kyan, sin abandonar su expresión de disconformidad, dijo:

—Total, que no vas a volver a casa de tus padres, ¿no?

—Bueno, en resumen, eso es.

Entonces Kyan se adelantó y, haciendo una curva, se plantó de cara a mí.