03 #4
Una vez dicho esto, el guerrero kel tamasheq alargó una mano, así que deposité en ella la célula de memoria.
En las personas que tienen instalado el WatchMe, su cuerpo actúa como un dispositivo de memoria y basta con que lo roce unos segundos con el dedo para que pueda interactuar con los datos almacenados, pero los kel tamasheq insistían en su postura de que solo los datos almacenados en aquellas delgadas membranas cristalinas de forma cuadrada poseían el valor suficiente como para proceder al intercambio con los artículos que ellos traían.
Decían que, si no era así, no aceptaban el trueque.
En estos lugares, todavía se conservaba la percepción de confiar en aquello que se veía con los propios ojos, lo que en cierto modo se podría considerar una especie de fetichismo.
En suma, que si no se recibía algo físico, no se quedaba uno tranquilo.
Por más que lo recibido pudiera ser algo carente de significado.
—Tal y como deseabais, se trata de algo enfocado a la nueva enfermedad contagiosa que ha aparecido últimamente por estos alrededores. Si instaláis esto en vuestros servidores, el WatchMe os bloqueará el puerto de acceso del prion patógeno.
Así es. Me sabe mal haberme guardado la revelación hasta aquí, pero también los miembros del pueblo de los kel tamasheq llevaban implantado el WatchMe.
En caso de que alguno de ustedes abrazase la romántica idea de un pueblo viviendo al margen de la medicación, realmente lo lamento mucho.
Lo cierto es que el pueblo de los tamasheq no era ni como los mormones ni como los amish .
Si se quiere ver del lado positivo, prueban las cosas en el «punto intermedio».
Ahí residía su sabiduría. Puesto que bastaba con una simple inyección, no existía ninguna razón para no instalarse el WatchMe en el cuerpo.
Pues bien,
pregunta
P.: Tú perteneces a la tribu de los tuaregs, te has inyectado el WatchMe y creado en tu cuerpo una red de monitoreo de la situación de tu salud corporal. Dado que existe una continua vigilancia de tu salud, te detecta una enfermedad. Tú, como tuareg, ¿qué deberías hacer?
R.: No hay nada que hacer. El dinero necesario para obtener los programas antienfermedades objeto de licencia médica no existe en las cajas fuertes de una tribu minoritaria que continúa en pie de guerra.
El servidor médico de los kel tamasheq no está conectado a la red de ningún Biogobierno.
No es una red de área localizada, sino una red de alcance étnico
/pregunta
También nosotros les hemos ayudado varias veces a conservar dicho servidor. Por eso ahora podemos entregar secretamente a los tuaregs un patch con programas antienfermedades objeto de licencia médica que hemos copiado del servidor de nuestro cuartel de operaciones.
Es decir, que esta transacción ilegal es una encomiable labor humanitaria.
Gracias al programa birlado a vuestro Biogobierno,
listado: ítem
i: mucha gente se salva
i: nosotros conseguimos habanos
/listado
—Transacción finalizada.
—Por otra parte, ya no nos queda tiempo…
Tras decir esto, me eché mi larga cabellera hacia atrás y, mientras me hacía una cola de caballo, añadí:
—Antes de que nos encuentre Níger, nos volvemos a toda prisa a nuestro «templo».
Me encogí de hombros tras mi ironía y entonces el guerrero kel tamasheq estalló en una estentórea carcajada.
—Si tanto te disgusta vuestro dios, ¿por qué no te pasas a los nuestros, mujer del pueblo de la Medicina? Nosotros tratamos muy bien a las mujeres. En especial ahora, que continúa la lucha armada, las mujeres son una presencia muy valiosa y les prodigamos muchas atenciones.
—Gracias por la declaración de amor, pero mejor no.
—¿Por qué motivo?
—Porque soy cobarde y por eso estoy aquí.
El guerrero kel tamasheq me miró en silencio durante tres o cuatro segundos. Para mostrar la prueba de que comprendía y compadecía a esa mujer que se llamaba cobarde a sí misma.
Así era. A pesar de todo lo que farfullaba, en el fondo no me sentía capaz de apartarme de mi Biogobierno, del sistema de la sociedad en que nací.
Por más que pensara que me gustaría huir de ahí.
El motivo era el miedo. Por mucho que me sintiera resentida hacia todo aquel entorno, si perdiera todo lo que me contempla, la verdad es que no sabría cómo seguir viviendo.
Como resultado de ese temor,
listado: artículo
i: dejé que Myaha se marchara sola
i: Kyan y yo nos quedamos a este lado
/listado
Seguramente ese fue el motivo. A diferencia de Myaha, yo no era lo suficientemente fuerte como para irme al otro lado.
Porque soy una cobarde.
El guerrero kel tamasheq había comprendido con aquella única frase.
Después, aquel hombre con la piel renegrida por los rayos ultravioletas y con profundas arrugas en torno a la comisura de los ojos desplegó una sonrisa paternal cargada de magnanimidad y alargó un brazo hacia mí en muda petición de un apretón de manos.
—Nos veremos en la próxima transacción, mujer del pueblo de la Medicina. Si te entran ganas de venirte con nosotros, estaremos siempre dispuestos.
—Sí, guerrero kel tamasheq . Nos veremos en la próxima transacción.
Para mí era más que suficiente con lo que me había dicho de que tendría un lugar a donde poder huir.
La cordialidad que me mostraba el guerrero kel tamasheq era de un carácter diferente a cualquiera de las forzadas muestras de cariño o simpatía que yo hubiera experimentado hasta entonces.
Era una cordialidad apoyada en la dureza de las condiciones, que solo podía brotar de un pueblo que había sobrevivido durante largos años en guerra con toda clase de imperialismos y dictadores.
Acto seguido, el guerrero y yo giramos sobre nuestros talones y nos dirigimos hacia donde estaban nuestros respectivos compañeros.
Desde el asiento del copiloto llegó la nerviosa voz de Étienne apremiándome:
—Queen, date prisa, por favor.
Agité la mano hacia él como diciendo «Bueno, ya se acabó» y al instante me encontraba sentada en el asiento del conductor, agarrando el volante.