02 #4
—¿Las enfermedades? ¿Quieres decir envejecer rápidamente o eso de que los músculos se vayan volviendo más rígidos cada vez?
Myaha se rio como si el comentario la divirtiese y explicó:
—Bueno, también, pero eso lo sufren unos pocos afortunados escogidos, porque portan determinados genes que producen dichos fenómenos y, a partir de cierto momento, resultan inevitables. No me refería a eso, sino a cosas como el resfriado o el dolor de cabeza. ¿No has oído hablar de ello?
Hice un gesto negativo con la cabeza.
—Pues antiguamente el cuerpo humano presentaba miles de esas pequeñas enfermedades.
Todo el mundo se ponía enfermo. Pero desde que llegó el Maelstrom tirando cabezas nucleares por el planeta, todo el mundo comenzó a contraer cáncer a causa de la radiactividad, y la humanidad emprendió la tarea de erradicar las enfermedades.
—Ah, eso sí lo he estudiado. Eso de que...
referencia:librodetexto:id=hsj56093-4n7mn-2jp:línea=3496
contenido
Apareció mucha gente con cáncer debido a la radiactividad.
Además, quizá por influencia de alguna clase de mutaciones repentinas debidas a la radiactividad en las zonas interiores de China o de África, comenzaron a expandirse una serie de virus desconocidos.
Ante la inminente amenaza que suponían dichos virus para la humanidad, se produjo a nivel mundial el paso de una estructura de sociedad de consumo capitalista basada en Gobiernos aislados a otra de cuidados médicos y bienestar donde la unidad base son unos Biogobiernos cuya prioridad es la salud de sus miembros.
/contenido
/referencia
»Me pregunto cómo habré podido aprenderme esto de memoria. Increíble, ¿no?
—Pero en el colegio no nos enseñan qué enfermedades padecían los humanos antes de aquello.
Por mucho que hayas memorizado eso, ni siquiera tú, Kirie, sabes en qué consistía el resfriado.
Y es natural, porque no hay manera de experimentarlo.
Esta sociedad ha hecho las cosas muy bien.
Porque, gracias al WatchMe y al Medicare, el mundo ha acabado prácticamente con todas las enfermedades.
Me pregunté si Myaha sabría que mi padre, Nuaza Kirie, era uno de los primeros científicos que teorizó de forma seria sobre ciertas tecnologías relacionadas con el funcionamiento del WatchMe.
Por supuesto que los compañeros del colegio lo desconocían, y aunque alguno lo supiera, a lo más que llegaría sería a decir: «Ah, así que es una persona importante…
». En cuanto a mí, no sentía el menor deseo de proclamarlo.
referencia:tesis:id=stid749-60d-r2yrui6ron1
título
Sobre las posibilidades del monitoreo de salud homeostática del cuerpo humano mediante el uso del grupo de moléculas medicinales medimol y las moléculas medicinales maleables (medibase)
/título
autor Investigador: Nuaza Kirie /autor
autor Investigador adjunto: Keita Saeki /autor
/referencia
Ese era el título de la tesis que mi padre, Nuaza Kirie, escribió con un amigo hace treinta y cinco años.
Me pregunto qué cara pondría Myaha si se lo contara.
¿Me cogería manía? Si le dijera: «La responsabilidad de haber construido un trocito de ese mundo que tú odias es de mi padre».
El hecho de que yo misma odie este mundo idéntico, ¿puede suponer una bula de indulgencia para mí?
—Vivimos en el futuro.
A primera vista, la frase podría parecer cargada de optimismo, pero, por el contrario, la pronunció con tono lúgubre y, tras un suspiro, añadió:
—El futuro, por decirlo en una palabra, es «aburrimiento»; el futuro no será más que un vasto y conformista suburbio del alma.
Eso dijo hace mucho tiempo un hombre llamado Ballard.
Un escritor de ciencia ficción. Y así es, eso es justo lo que tenemos aquí.
El mundo de estos Biogobiernos que se preocupan tanto de nuestra salud y nuestra vida.
Nos han encerrado en el tipo de futuro que imaginó la gente de antaño.
Tras un tiempo caminando, habíamos llegado a un cruce de caminos.
Myaha se detuvo allí y me agarró una mano.
Una vez más, fue un movimiento tan repentino que me sobresalté y quedé como petrificada en el sitio.
Myaha, como si estuviera frente a una reina a la que reverenciaba, alzó con gran delicadeza mi mano hasta la altura de los ojos.
—Gracias a la externalización, los adultos controlan ahora la mayoría de lo que antes la humanidad consideraba cosas producto de la naturaleza y difíciles de comprender.
Ponerse enfermo, vivir y quizá incluso pensar.
La mayoría de las situaciones que antes eran propias de uno mismo, que solo podían tener sentido como pertenecientes a uno mismo, han entrado en la corriente de la economía para ser dejadas en manos externas.
Así las cosas, yo no quiero llegar a adulta.
Este cuerpo es mío. Yo quiero vivir mi propia vida.
Y no esperar a que me asfixie hasta la muerte ese aire de cariño y comprensión mutua.
Una vez terminado su discurso, Myaha hizo algo todavía más increíble. Me besó el dorso de la mano.
Retiré la mano al instante, pero ya era demasiado tarde. Mi mano conservaba grabada la sensación de los labios de Myaha al besarla.
Un tacto frío.
Eso fue lo primero que pensé. Los labios de Myaha estaban fríos.
Pero la sensación no era para nada desagradable, sino que más bien me dejó un placentero regusto, que reverberaba como un eco entre las células de mi piel.
Myaha ya se encontraba al otro lado del cruce, yendo en una dirección diferente de la que apuntaba hacia mi casa.
—Tú estás hecha de la misma pasta que yo, Twan Kirie —dijo sonriendo con aire muy contento.
Acto seguido, Myaha salió disparada y siguió corriendo hasta que se perdió de mi vista.
Así fue como Myaha y yo nos conocimos.
Ella se encontraba leyendo un libro y yo cruzaba por el parque. Eso había sido todo.
Y eso fue lo que cambió en gran medida mi vida, el comienzo de una efímera amistad.