Hanae: El Pacto Maldito CAPÍTULO 27 #3
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CAPÍTULO 27 #3

Kito se mantuvo en silencio, pensando en sus próximas palabras.

―Diversos chamanes han indicado que la salvadora no sería completamente humana… ―Él miró a Hanae―. Que sería la mitad de uno de esos seres que tanto tememos.

Al escucharlo decir eso, todos miraron a Hanae, quien notó expectativas en cada persona.

Soltó un ligero suspiro; sabía que tendría que probarlo, aunque ganas le faltaban de evitarlo.

Ocultarlo no serviría de nada. En ese instante se levantó del asiento y extendió un brazo a la vista de todos.

Sin mucho esfuerzo logró convertir su antebrazo en escamas y sus dedos en garras.

Había estado practicando, y el enfrentamiento con el Demonio de lo Desconocido fue clave para su avance.

Los presentes quedaron asombrados. Decían: «Es ella» o «La hemos encontrado». Hanae volvió a sentarse, devolviendo la normalidad en su brazo. Se alegró de que los entrenamientos que realizó en el camino le hubieran ayudaron para no descontrolarse en aquella transición parcial.

―La salvadora… ―dijo Kito, cuya mirada reflejaba esperanza en medio de su rostro de piedra.

Poco después, Kito los despachó a todos para hablar con Hanae. Cada persona volvió a sus labores cotidianas; aparte, prepararían una fiesta en el pueblo para dar la bienvenida a la mujer que tanto habían esperado.

―Señor…

―Por favor, llámame Kito.

Estaba colocado frente a una ventana, observando a las personas pasar por aquella parte del pueblo.

―Nunca quise involucrarme en una guerra…

―Hanae se colocó a un lado de él, también dirigiendo su vista hacia el exterior―.

Tal vez no conozcan toda mi historia y solo sepan acerca del futuro que vieron los chamanes…

pero no nací para pelear en lo que ustedes creen.

―Pudo sentir la mirada de Kito, pero continuó―: Mi madre hizo un pacto, uno que nunca debió hacer, y debido a ello nací.

Fui parte de algo para su beneficio propio, lo cual me avergüenza, y estoy segura que mi madre se torturó lo suficiente por estas decisiones antes de morir a manos de demonios.

Decidí que rompería mi propia maldición y vengaría a mi madre.

Vine aquí por el demonio detrás de esas puertas… Nobukatsu.

Kito escuchó el nombre del demonio. Los recuerdos saltaron en su mente.

―Nobukatsu es un demonio cuyo nombre ha resonado por mucho tiempo. Ha sido llamado «El Rey del Inframundo», pero como él, hay muchos otros que adoptaron ese apodo debido a sus grandes egos. Él es solo uno entre muchos.

―Sabe mucho sobre este demonio…

―Sé mucho acerca del Jigoku y todas las criaturas originarias de allí.

Desde mi infancia me prepararon para lo inevitable.

Por lo tanto, no podía caminar a ciegas; debía aprender todo lo posible.

―Hizo una breve pausa. Sostuvo un collar en su mano; al abrirlo, se veía la imagen de una mujer y una niña―.

Sé de lo que son capaces los seres del infierno.

Me arrebataron lo que más amaba, pero no les temo, y nadie debería…

sin importar qué tan temibles parezcan. ―Cerró el collar y miró a Hanae―.

Quizás no creas que este es tu destino, pero cada acción que realizaste, cada decisión que tomaste, te llevó hasta aquí de alguna u otra forma… Las coincidencias no existen, Hanae.

Ella suspiró, alcanzando a ver la Puerta del Infierno a lo lejos.

―Digamos que acepto pelear en su guerra… Ustedes no deberían estar en medio de esto.

Kito bufó al escucharla.

―Nos hemos estado preparando por generaciones.

Tenemos un plan, armas, equipamiento… Te sorprenderías, Hanae.

¿Cómo crees que ganamos la última guerra?

No teníamos a una salvadora de nuestro lado, solo hombres y mujeres determinados a cerrar la gran puerta.

Es cierto que ya existen demonios en nuestro mundo, pero dejar aquella entrada abierta da paso a cualquier cosa del infierno… cualquier cosa.

―¿Cualquier cosa…?

―Demonios devoradores de estrellas, almas vengativas, fauna de cualquier nivel del infierno… Lo que sea que haya detrás es un riesgo.

¿Existía tanto en el Jigoku? Quizás no sabía tanto como creía.

Comprendió que abrir la puerta podría ser peor de lo que imaginaba.

―Y… ¿qué hay de esa puerta? ¿Quién la construyó?

―No se construyó en la última guerra; lleva mucho más tiempo en pie.

Creemos que fue levantada en algún punto de la antigüedad.

Tal vez alrededor de siglo IV; sin embargo, son hechos cubiertos por el polvo del tiempo.

Probablemente nunca lo sabremos con exactitud.

Preferimos enfocarnos en el futuro… Dicho esto, ¿nos ayudarás, Hanae?

Ambos se miraron. Hanae aún deseaba llegar hasta Nobukatsu. La única forma de terminar con él era cruzando esa entrada. Y, más allá de cualquier venganza que pudiera anhelar, no podía negar ayuda a quienes la necesitaban, en especial contra los demonios.

Si esa puerta se abría, ella estaría ahí para sellarla.

Estaba decidido. Por mucho que quisiera ignorar la profecía o las necesidades de ese pueblo, por mucho que quisiera luchar por mi cuenta contra los demonios y derrotar a Nobukatsu, sabía que no podría hacerlo sola…

y no podía dejar al pueblo de Yokan solo en la guerra.

Sentía que tenía una responsabilidad con la humanidad que nadie más podía asumir.