Hanae: El Pacto Maldito CAPÍTULO 26 #3
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CAPÍTULO 26 #3

―Concéntrate, Kurai; sigan vigilando. Quizás no hemos terminado… ―dijo Umi, mientras permanecía al lado de Kaiyō, quien aún intentaba recuperar el aliento, manteniéndose envuelto en una manta.

―Ella me salvó… ―dijo Kaiyō, alzando la vista hacia su hermana.

Eran las primeras palabras que pronunciaba desde que salió del agua. Las gotas caían desde su cabello.

―Hanae me salvó y luego la vi hundirse…

Umi lo miró sin poder creer que aquella mujer se había lanzado detrás de su hermano para ayudarlo. ¿Qué persona en su sano juicio haría esa locura? ¿Dónde estaba ella ahora?

Mantuvo el silencio junto a los demás, pero buscaba con la vista a la intrépida mujer azabache.

―¡Veo algo! ―anunció un tripulante. Todos los demás se acercaron para ver hacia el agua.

Umi comenzó a caminar hacia el borde para ver lo mismo que ellos.

En ese instante, algo salió disparado del agua, salpicando con fuerza.

Era Hanae. Todos se hicieron a un lado y ella cayó agachada en la cubierta.

Poseía varios rasguños y algunos cortes largos causados por los dientes filosos del demonio, pero nada tan grave como para ser mortal, gracias a su rápida curación.

Notó que esta se potenciaba después de usar su transformación demoníaca.

Esas escamas iban desapareciendo poco a poco de sus brazos hasta volver a verse como una mujer normal, pero todos sabrían que no lo era.

Alzó la vista hacia la tripulación, levantándose poco a poco. Estaba totalmente empapada y recibía miradas combinadas entre sorpresa y miedo. Presentía que pronto los comentarios y preguntas surgirían.

«¿Cómo sobrevivió?».

«¿Cómo hizo eso?».

«¿Qué eres?».

Eran tan solo algunas de las que se imaginaba recibir.

Ninguna era menos incómoda que la anterior.

Nunca se había acostumbrado a tal atención y, lo peor de todo, era saber que podían temerle, aun después de haberlos salvado.

Los veía con inquietud, pero una figura se colocó frente a ella, dándole la espalda. Era Umi.

―¡Silencio! ―acalló los susurros que iniciaban su ascenso.

Se giró hacia Hanae, encarándola, pero su expresión no era enojada; más bien parecía estar al borde del llanto.

―Tú… gracias. ―Se puso de rodillas, tomando su mano y bajando la cabeza―. ¡Gracias por haber salvado a mi hermano! ―gritó, desbordando el miedo que tuvo cuando vio a Kaiyō sumergirse.

Hanae la miró, compréndiendola. Solo hizo lo que le pareció correcto, ya que detestaba ver cómo familias se destruían a causa de los demonios. Jamás soportaba ser testigo del dolor.

Vio a Umi levantarse. La tripulación seguía impresionada.

―Nos salvaste a todos… No sé cómo lo hiciste, pero en nombre de la tripulación, gracias.

La espadachina vio a los demás, quienes aceptaban haber sido salvados. Sus hombros decaían y sus facciones se relajaban. Para ellos fue suficiente tensión por una noche. Luego vio a Kaiyō, quien asintió en agradecimiento desde el asiento.

Hanae pudo sentir cómo sus energías decaían, quizás demasiado. Se sentía débil y necesitaba descansar, tal cual la última vez que se transformó. Y Umi se percató de esto, sosteniéndola al notarla tambaleante.

―Hiciste mucho por nosotros, ahora déjame ayudarte a ti… ―dijo, con intención de llevarla al camarote.

Las aguas ya estaban tranquilas, los peces volvían a nadar en aquellas áreas, y el cadáver del demonio se desvanecía en cenizas debajo del agua. Nunca volvería a aterrorizar a los marineros ni a la humanidad.

Había sido todo para el antiguo Demonio de lo Desconocido.

Los incontables dientes me rodeaban y el ardor de esa boca amenazaba con incinerar mis venas.

Mi transformación impedía que el calor me afectara, y era lo de menos cuando estaba siendo arrastrada hacia mi muerte.

El ojo del demonio me observaba, expectante por verme ser masticada o calcinada hasta desaparecer.

Sin embargo, yo no dejaba de intentar avanzar hasta su núcleo.

El demonio intentó frenar mi avance, y estuve a punto de ser atravesada por varios dientes en esa boca giratoria.

Sin embargo, unas alas se desplegaron de mi espalda.

Me tomó por sorpresa ver hacia atrás y notar las membranas de apariencia rocosa.

En vez de asustarme o detestarme por tal característica, preferí usarlas a mi favor.

Las extendí y me impulsé, ayudándome de su fuerza para nadar y apartarme de la inminente muerte.

Luego las continué usando para ir más allá de esa boca, en dirección al orbe que lo veía todo.

Sentí una vibración a mi alrededor, incesante e impetuosa. Él quería detenerme, pero no lo logró.

Atravesé el ojo con todo mi cuerpo, chocando contra su córnea como si fuera un muro, explotando su pupila con mi espada.

Desgarré cuanto pude y llegué a un espacio seco dentro de su ojo.

Parecía una cueva fría con poca luz, cuyo centro poseía un pequeño pulpo, tan diminuto que podía ser pisado.

Ese… debía ser su verdadero núcleo. Mi cuerpo y alas goteaban mientras me acercaba.

No entendía cómo un demonio tan inmenso y aterrador tenía un núcleo tan insignificante.

Lo corté. Todo el demonio comenzó a marchitarse.

Extendí esas alas que desconocía que poseía y me impulsé, atravesando la carne de la criatura.

El Demonio de lo Desconocido... acabó todo para ti.