Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 87
94%

Capítulo 87

E n cuanto las palabras de Verónica salen por su boca, me arrepiento de no haberla empujado por las escaleras cuando tuve la oportunidad y haber matado dos pájaros de un tiro.

Clara ladea el rostro hacia ella despacio, pero pronto vuelve hacia mí.

—¿Q-qué? —tartamudea—. ¿Qué quieres decir con que lo sé todo? ¿Tú…? ¡Hija de puta!

—A la mosquita muerta se le ha soltado la boca y ya no hay quien la pare —Verónica se aleja de su lado y se acerca a mí paladeando el momento.

—No sé de qué estáis hablando —digo en tono neutro—, ni qué hacéis aquí a estas horas. Pero ha llamado el médico, Clara. Ha dicho que necesita revisarte. Le he comentado que has pasado el día alterada.

—¿Estabas al tanto de que me drogaba, Verónica?

MIERDA, ¡MIERDA!

—¿Drogarte? —resoplo sin dar mi brazo a torcer—. ¿De qué estás hablando?

—Por supuesto que lo sabía, ellos se acostaron una vez —me interrumpe una voz a mi espalda antes de que pueda frenarla—. Y Verónica se quedó preñada.

Chloe aparece con la cara llena de sombras y una brecha en la frente, como si se hubiera dado de cabezazos contra la pared.

—Eso no es cierto. Chloe —intento frenarla.

—Él no quiso repetir, ni tener al bebé, y Verónica abortó creyendo que eso lo conquistaría. Ha sido su chivo expiatorio con tal de tener la más mínima esperanza de recuperarlo. Es patética.

HOSTIA PUTÍSIMA.

—Patética o no llegué aquí antes que tú, niñata resabida.

—Verónica se gira hacia Clara—. Un día el estúpido de tu hijo me vio salir del dormitorio de su padre con el pelo revuelto y el carmín corrido.

Tuve que amenazarlo con cargarme a todos los Ashcroft si decía una palabra porque creía que tú…

—desvía su mirada hacia mí—. Lo valorarías.

Liam debió verla una de las veces que esta depravada se abalanzó sobre mí, metiéndome mano sin permiso porque me acosté con ella hace muchos años y no he tenido ningún deseo de repetir desde entonces.

Aprieto los puños calculando si explotar solucionaría algo.

—Supongo que no debí abortar —concluye—. Habrías sido mío.

—No. Qué va. Habrías acabado muerta en extrañas circunstancias. —Chloe se acerca y su mirada no augura más que putos problemas.

—¡A callar, niñata! —grita Verónica.

—Es la verdad, nada habría cambiado. Él nunca será tuyo. —Chloe saca un cuchillo de su espalda y con un grácil movimiento atraviesa la espalda de Verónica.

—¡Dios mío! —Clara echa a correr como alma que lleva el diablo mientras mi cabreo alcanza su pico más alto por lo mal que están saliendo las cosas.

—¡JODER! —bramo antes de ir tras ella.