Capítulo 85
N unca habría estado tan dispuesta a irme del despacho de Kenerick si no fuera porque, entre polvo y polvo, le he robado algo muy interesante.
Las llaves del sótano. ¡Las putas llaves!
QUÉ MALA SOY.
Pensaba prepararle una sorpresa a Kenerick. Montar algo especial para celebrar que voy a ser la señora de la casa. Una pequeña fiesta privada que conmemore el hecho de que el príncipe perturbado, no, ¡el rey cruel! es todo mío. Eso y que nuestro plan está siendo un gran éxito.
Pero la sorpresa me la llevo yo.
En cuanto bajo abro la puerta del sótano y bajo las escaleras, descubro algo que me deja petrificada como las siamesas cuando las torturé durante semanas. Encuentro algo que lo cambia todo y me enseña las verdaderas cartas con las que ha estado jugando ese…
—Hijo de puta.
Nathalie no está contenta. Nada contenta.
Nathalie tiene sed de sangre. Y cuando algo quiere, algo consigue.
Esto va a acabar muy mal.
Esto va a acabar muy mal.
Esto va a acabar muy mal.
Esto va a acabar muy mal .
Esto va a acabar muy mal.
Esto va a acabar muy mal.