Capítulo 75
L a policía no tarda en volver a presentarse en mi mansión, pero esta vez cuando abro la puerta solo me topo con uno de los dos agentes.
El otro no ha vuelto porque después de mencionar que alguien robó la camiseta de Annabelle dejándola semidesnuda en la calle, le hice saber que si me tocaba los cojones su mujer descubriría que le pone los cuernos.
Con eso y una generosa suma de dinero que recibió de forma anónima, digamos que ya no tiene motivos para querer hablar de más .
De este, en cambio, no conseguí trapos sucios.
—Buenos días, señor Ashcroft. Venía a hablar con su au pair.
—¿Otra vez? —pregunto territorial—. ¿A qué se deben las molestias?
—Me temo que tendré que hacérselo saber a ella primero.
—Es mi empleada y no me siento cómodo dejando que la avasallen a preguntas y la atosiguen como si fuera una criminal. No es más que una chiquilla inocente.
—¿No es más que una chiquilla inocente? —Saca el móvil del cinturón del uniforme policial y reproduce una pista de audio—.
«¡Dios mío! ¡Socorro! Hay una chica que…
dios, dios… madre mía, se la ve muy mal, ¡está sangrando mucho!
¡Está en el suelo! ¡No puedo tranquilizarme!
¡Tienen que mandar una ambulancia!». —Pausa la grabación—.
Después de esta llamada el móvil dejó de emitir señal, como si alguien lo hubiera roto.
—No sé qué pudo pasarle al teléfono. Lo único que sé es que Chloe avisó a emergencias, y tal y como se oye en esa llamada, estaba muy asustada.
—Sí, eso pensé yo al principio, pero había algo que no me cerraba, señor Ashcroft.
—Sacude la cabeza—. “A mi padre le ha dado un infarto, mi madre se ha desplomado, mi hermano pequeño se ha tragado una ficha de dominó y no puede respirar…”.
Pero Chloe al ver que “su mejor amiga” estaba desangrándose dijo “una chica”.
No “mi mejor amiga”, no “Annabelle”… Una chica.
—Sonríe de manera petulante y quiero rebanarle el cuello, meterle la mano en la tráquea y apretar hasta que en mi mano solo quede sangre.
—Entiendo.
—Por si fuera poco, he encontrado esto junto a la parada de autobús.
El policía alza unos pedazos de pantalla de móvil junto a unos cuantos cables y botones. Los restos de un teléfono.
—¿Hace falta que vaya al laboratorio y compruebe que la sangre pertenece a Annabelle? Porque estoy seguro de que encontraremos ADN de la chiquilla inocente en el laboratorio. Dígame, ¿lo considera necesario o va a dejarme pasar?
Me hago a un lado, despacio.
—Por favor, pase. Chloe está en la sala del piano.
El policía entra en casa y me aseguro de que no hay nadie a la vista antes de cerrar la puerta tras de mí. Marthia y Jonah están en el supermercado. Chloe ha ido a buscar a mi hijo a una extraescolar, y Clara ha salido con Verónica a tomar algo.
Eso convierte esta casa en una trampa de ratones…
Y en esta historia yo soy el gato.
Cojo uno de los ridículos jarrones decorativos de Clara y cuando el policía se aparta de la alfombra lo estrello contra su cabeza.
Se queda atontado unos segundos y es todo cuanto necesito. Uso el puntiagudo filo de cerámica que tengo en la mano y le atravieso el cuello de lado a lado.
—Eres un buen policía. Uno demasiado listo como para cometer el error tan tonto de venir aquí tú solo —susurro acompañándolo mientras se desploma—. Nadie va a ponerle un dedo encima a Chloe salvo yo .
Lo levanto antes de que el charco de sangre crezca más, lo cargo sobre mi hombro y lo llevo hasta la puerta del sótano.
En cuanto hago girar la llave, lo lanzo desde lo alto de las escaleras y vuelvo a cerrar con llave.
Tengo que limpiar la entrada y deshacerme de la ropa antes de que alguien llegue.
El agente que tengo cogido por los huevos me ayudará a dirigir la investigación policial lejos de esta casa. Para el resto, tiraré de contactos. Tengo infinita gente turbia dispuesta a hacer de todo por mí.
Y lo cierto es que todo tiene que salir perfecto.
Es mi primer regalo para Chloe.