Capítulo 76
C hloe es la pieza que me faltaba en mi cabeza, en mi plan y en mi cama. No solo me está ayudando a desestabilizar a Clara, sino que va a convertirse en la razón de que consiga todo cuanto deseo.
Y encima tiene un coño por el que merecería la pena morir.
No importa las veces que le diga que está loca, Chloe me sigue pidiendo que vaya más deprisa.
—Eres tú el que me está follando en el baño con su mujer durmiendo en la habitación de al lado —acaricia mis mejillas y luego me araña con las uñas—. ¿Eres consciente de lo poderosa que me has hecho? ¿Que un grito mío podría hacer que tu mundo se viniera abajo?
—Sí, ¿y tú eres consciente de que eso me da ganas de partirte el cuello?
Tiro de su nuca con brusquedad y le meto la lengua en la boca. Mi polla vuelve a cruzar su entrada y por cómo gime cualquiera diría que le estoy haciendo daño.
Ojalá se lo hiciera. Muchísimo daño. Ella también me lo hace a mí.
Lleva mi mano a su garganta y me pide que apriete.
—Lo haría con fuerza, hasta que se te quedaran los labios azules y estuvieras más muerta que viva —susurro mientras me deslizo con más violencia. Dentro, fuera, dentro, fuera—. Pero no quiero arriesgarme a perder el control contigo cuando estás manchándome la polla así de bien.
— Kenerick —gime al tiempo que acelero las embestidas.
—Y, sobre todo, no me gusta que me digan lo que tengo que hacer.
La inclino sobre la bañera, le abro las piernas.
—Tápate la boca o te haré daño.
Lo hace y me hundo en su culo de una sola embestida, del glande hasta la puta base.
—Sí, más. ¡Más! —exclama en susurros.
—¿Eso es lo que quieres? ¿Que te haga sangrar?
Me mira por encima del hombro y sonríe de forma cruel y perversa.
—Ajá.
La polla se me contrae. Es evidente que me estoy follando a la horma de mi zapato.
Al acabar, cuando ya me he corrido en cada rincón de su piel, me aparto tambaleante y abro el grifo para beber un poco de agua. Pero ni con esas dejo de comérmela con los ojos.
—Me gustaría dejarte así para que todos vieran mi obra.
—No va a poder ser —mueve la barbilla hacia la ducha y susurra—: ¿Nos deshacemos de las pruebas juntos?
—No puedes ducharte aquí, despertarías a Clara.
Estrecha la mirada en mi dirección, con rencor. Acto seguido, sonríe ampliamente.
—Entonces ven a mi dormitorio y dúchate allí conmigo.
—Soy demasiado grande para el minúsculo baño que tienes.
—Si no quieres ducharte conmigo dilo y punto.
—No quiero ducharme contigo —la cojo del pelo y la atraigo hacia mí—. No quiero mimarte, ni colmarte de atenciones. No quiero tratarte bien.
Me sincero y como el desprecio es lo único que ha tenido en su vida, curva la sonrisa y yo se la chupo, para luego morderle el labio inferior. Desearía poder dejarle tantas marcas…
—Entonces yo también voy a ser mala contigo. Fóllatela.
—¿Cómo dices?
—A Clara. Fóllatela. Ahora.
Sabe que no me apetece. Chloe sabe que desde que apareció en esta casa su coño es el único que quiero en mi boca. Le he confesado que desde el principio he fantaseado con abrir la cabeza de Clara como un melón con tal de que se me levantara.
Precisamente por eso lo hace.
—¿O qué?
—O la mataré y no obtendrás ni un centavo de su herencia. —Se ríe por lo bajo al ver un músculo palpitar en mi mandíbula.
Le encanta llevarme al límite enfermizo, correrse en todo lo moralmente cuestionable y sonreír de esa manera perturbadora que tanto me pone.
—¿Cómo quieres que lo haga? —cedo.
—Quiero que no se lo vea venir y que la hagas llorar. Quiero que cambies vuestro juego. Quiero que le hagas creer que es culpa suya.
—Vale, pero vas a tener que ayudarme —desvío la mirada hacia mi polla.
Sin dudar, clava las rodillas en el suelo y empieza a chupármela, no sin antes abrir la puerta del baño. Joder, ¿qué estoy haciendo? Dejo que me la ponga dura y ambos salimos al dormitorio.
—Ahora vete —le ordeno.
—Ni hablar. Quiero verlo.
—He dicho que te vayas.
—¿Quieres que grite? ¿Es eso?
Clara empieza a hacer sonidos somnolientos. Qué hija de puta. Chloe camina hacia el armario, aparta una de las puertas corredizas y entra sin cerrarla del todo. Porque quiere verlo bien.
Siento como mi punta húmeda gotea ante la idea.
Me acerco a Clara y la desnudo de cintura para abajo. No es ella la primera que emite un sonido de placer. Es una sensación nueva para mí disfrutar lamiéndole el coño a Clara, pero Chloe tiene la culpa.
Joder, me vuelve loco. Pienso follármela hasta matarla.
La segunda vez que succiono su clítoris con fuerza ella se despierta. Al principio no entiende ni dónde está. Poco a poco ve su ropa tirada en la cama, y a mí, y lo va pillando.
—Las normas eran sexo con penetración si estaba dormida .
—No me interesan tus putas normas esta mañana, Clara. —Me aparto de su sexo y le muerdo el interior del muslo con fuerza hasta que grita.
—Sigue, por favor —pide hundiendo las manos en mi pelo.
La succiono una vez más, llevándola a las puertas del clímax, sin llegar a provocarle el orgasmo que desea, entonces me aparto y empiezo a hacerme una paja.
Saber que Chloe está en la habitación es lo que hace que follarme la mano me guste tanto.
Joder, querría hacerla salir aquí, mandar a la mierda mi puto plan con tal de que me la chupara delante de Clara. Me correría viendo cómo se le parte el corazón y se ahoga en su rabia. Pinto el cuerpo de la sosa de Clara con mi semen y luego me largo, dejando a Chloe en el armario.
Y sí. El riesgo de lo evidente me la vuelve a poner dura.

Días después le pregunto si ha apagado un cigarrillo en la almohada de Clara tal y como le he pedido.
—Sí.
—Así me gusta .
—¿Cuál va a ser mi recompensa?
Me la comería, me la tragaría entera si no fuera porque entonces no podría repetir.