Capítulo 74
El segundo día de la au pair en la mansión Ashcroft.
T ras recibir el mensaje de Chloe contándome la situación en casa con su nueva ropa elegante, me llevo el teléfono a la oreja y hago la llamada pertinente.
—Hola, ¿Alesso? Soy Kenerick Ashcroft. —Cierro la puerta de mi despacho—. Verás mi mujer ha cometido un error del que se siente tremendamente avergonzada y quería enmendarlo.
—Soy todo oídos .
—Como sabes, nuestra au pair ha estado comprando en tu tienda unos conjuntos rojos y blancos que en realidad eran para Clara y…
—¿Para Clara? La muchacha me dijo que eran para ella.
—Sí, la mentira fue cosa de mi mujer. Pensó que así, si no le cabían, no tendría que morirse de vergüenza admitiéndotelo a ti. Yo ya le he dicho mil veces que no pasa nada por no tener la misma talla de antes del embarazo, que traer una vida al mundo no es cualquier cosa.
—¡Demonios, eso es obvio! Si es una diosa.
—Eso le digo yo. El caso es que ella ha insistido en comprar esa talla y ahora no le valen.
—Ay, ¡por supuesto que no le valen! Ay, pobre Clara. ¿Pero por qué ha venido a devolverlos y cambiarlos por unos grises si lo que necesitaba era otra talla, no otro color?
—Durante unas horas estaba muy convencida de que en colores más apagados no se notaría tanto lo ceñidos que le van. Mujeres, ¿me equivoco?
Alesso se carcajea y yo sonrío con malicia.
El pez ha picado el anzuelo. Ahora solo tengo que recoger la caña.
—Mira, esto es lo que vamos a hacer. Voy a pasar luego a buscar los que te compró en un principio, quiero obsequiárselos de regalo a nuestra empleada por todas las molestias de hoy. Con un poco de suerte no nos abandonará por otra casa más sencilla.
—Eso es muy generoso, qué gran gesto.
—Gracias, Alesso. Pero una cosa más, si Clara vuelve a pasar por la tienda, ¿crees que podrías hacer como si nada de esto hubiera pasado?
El cambio de color, la historia falsa… Me encantaría que pudieras fingir que no ha ocurrido y así Clara no se muera de vergüenza cada vez que te vea.
Mi mujer es una persona muy sensible y vulnerable.
—Descuida, Kenerick. Por lo que a mí respecta, no he visto a Clara en todo el día.
—Te debo una, Alesso, gracias. Luego nos vemos.