El Circo IV mejor viva que muerta
PARTE UNO: Dieciséis años.
Juego con las píldoras con forma de perla que te destrozan el estómago mientras murmuro mi canción favorita y subo al autobús.
Mis padres murieron poco después de venderme.
Fue uno de los días más tristes para mí.
¿Por ellos? Qué va. Por mí, mi pobre venganza.
Mi sueño, ¡era mi sueño! Mi pobre venganza.
Qué triste, qué triste para mí.
La gente me mira mal, pero nadie se alarma. Una cara bonita es la mejor justificación de esta sociedad para pasar por alto cosas muy raras. Pero me costó tres operaciones, así que ahora pienso amortizarla.
Miro la perla en mi palma mientras sigo cantando. Eres perfecta. Te tragan pensando que les vas a dar suerte y resulta que les das una diarrea del copón y a mí vía libre. Incluso el más fuerte se retuerce como un bebé. ¡¡No puedo esperar!!
Nathalie está despierta.
Nathalie tiene hambre.
Nathalie quiere jugar.
Un par de horas después encuentro a Dana y Maura.
—Eres muy guapa, ¿tienes trabajo? —me pregunta Maura, a la que ya le falta mucho más pelo en la cabeza del que le queda.
No me reconocen, claro que no. La última vez que me vieron era una cría con la cara hecha jirones.
—Antes de que me ofrezcas nada, tengo una pregunta. ¿Mary sigue viva?
—¿La conocías? —pregunta Dana.
Muerta, entonces .
Después de darles una perla a cada una y de tenerlas a mi merced, hago lo que siempre quise hacer, eso con lo que fantaseaba en mi jaula.
Separo sus cuerpos.
Así puedo matarlas una a una.
Pero no lo hago deprisa. No. Seis años es mucho tiempo, así que me propongo que al menos me duren seis meses vivas. Tengo mucho que arrancarles, cortarles y coserles. Lo cierto es que lo consigo. ¡Nos convertimos en grandes amigas otra vez!
Con la pequeñísima diferencia de que ahora soy yo quien tiene la puta sartén por el mango.