Capítulo 64
Horas después.
M e separo de Liam para colocar los regalos de su padre y míos a la mesa con los de los invitados que ya empiezan a llegar. Acabo de dejar su próximo videojuego favorito cuando me topo con la au pair .
—Chloe necesito que ayudes a Jonah a llevar las chucherías a las mesas de fuera.
Entonces me fijo en que tiene los ojos muy rojos. No parece que acabe de llorar, más bien parece como si se los hubiera frotado muy fuerte. O incluso dado un golpe.
—De acuerdo, Clara.
—¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? Antes no te he visto, ¿ha sido muy emotiva la visita a tu mejor amiga en el…?
—Está muerta. Annabelle está muerta. Perdona, te he interrumpido —suelta una risita y sacude la cabeza—. No debería haberlo hecho, qué tonta. ¿Vas a castigarme, Clara?
Le salen más y más dientes cuanto más sonríe.
Me cuesta varios intentos encontrar las palabras.
—Lo… lo siento muchísimo, Chloe. No puedo ni imaginarme lo que debes estar pasando. Dios, no sé ni qué decir. Si quieres tomarte el día libre, vete tranquila.
—No, prefiero quedarme a celebrar la vida que irme a llorar una muerte.
Lo que dice es bonito. ¿Cómo lo dice? No.
Debería darme mucha pena, pero tengo miedo de que abra su inmensa boca y me trague entera.
—Voy a subir a cambiarme de ropa, ¿vale? Enseguida bajo.
No te des prisa.
Vuelvo con Liam toqueteándome las perlas y nos colocamos en la puerta para recibir a los invitados que se van repartiendo entre el salón principal y todo el jardín delantero.
—Feliz cumpleaños, Liam.
—Gracias, señora Johnson —responde él con educación mientras recibe a otra pareja sin hijos, porque incluso el cumpleaños de mi hijo es un evento social.
Últimamente no dejo de preguntarme si sería más feliz teniendo menos, pero más de lo que de verdad importa.
Si compartiera ese pensamiento con cualquiera de las madres de Westchester dirían que no hay manicomio lo bastante seguro para mí.
—Pero qué sonrisa más bonita.
Me giro y me topo con Kenerick. Y Damon.
Aparecen vestidos de punta en blanco en una fiesta que ya ha empezado.
De verdad, lo guapísimo que es mi marido no es ni medio normal.
Por desgracia, igual que estos últimos días, mi cuerpo no reacciona igual al verlo.
Es como si algo dentro de mí no lo reconociera, lo cual demuestra hasta qué punto estoy mal.
Le beso en los labios y luego saludo a Damon con cordialidad antes de que Liam exclame eufórico:
—¡Mami, mami, mira!
Junto a varios de sus amigos, llegan Darth Vader, Spiderman, Capitán America y Batman.
Estoy segura de que todas las madres de la zona piensan ponerme a parir por haberlos contratado a ellos en vez de a un montón de caballos remilgados con los que jugar a una versión estadounidense del polo.
Pero tengo la impresión de que se les pasará en cuanto vean de cerca el tamaño de sus bíceps.
—¿Te gusta, tesoro?
—¡Me encanta! —salta eufórico, comportándose por fin como un niño.
Echa a correr hacia el jardín, donde se han juntado algunos de los niños que ya habían llegado.
—La mejor madre de todas —dice Kenerick con voz sugerente cogiéndome de las mejillas y tirando de mí para besarme.
Es cuando me abraza que me fijo en que las estrellas de la velada ya están haciendo que los niños se lo pasen en grande, salvo por uno. El Spiderman se me ha quedado mirando… A mí. No sé por qué.

Una hora después Chloe se ha convertido en el alma de la fiesta, haciendo piruetas y enfrentándose a Batman en el jardín.
Todo un espectáculo para los niños que no están en el karting, jugando con las pistolas de pintura o con cualquier otra diversión del jardín.
Los camareros contratados lo recorren de arriba abajo asegurándose de que los padres tienen las copas llenas, así que me escapo a la cocina.
En cuanto me quedo sola me arranco la sonrisa falsa de la cara.
Escasos segundos después de entrar a la cocina, me doy cuenta de que no estoy sola. Me doy la vuelta para ver de quién se trata y encuentro al hombre disfrazado de Spiderman.
—Hola. Solo he venido a por algo de… ¿necesitas alguna cosa?