Capítulo 63
H e llamado a Kenerick y le he hablado del vestido raro de Chloe. Una cosa ha llevado a la otra y he acabado llorando, y dudando de mí misma. Incapaz de volver a la habitación de la au pair y abrir el puto armario.
Así que finjo estar dormida cuando Liam vuelve de la escuela y entra en mi dormitorio. He avisado a Marthia de que tenía migraña, aunque ojalá fuera solo eso.
La visita del abogado de hace un rato me ha dejado agotada. Kenerick ha tenido la idea durante nuestra charla telefónica. Ha dicho que podía hacerlo como regalo de cumpleaños a nuestro hijo y me ha parecido correcto, dadas las circunstancias. Aunque también me ha hecho llorar .
—¿Mami? —pregunta Liam a los pies de mi cama—. ¿Estás malita? ¿Es el dolor de cabeza otra vez?
Los papeles que ceden a mi marido y a mi hijo la mansión de los Ashcroft todavía están calientes en la mesita de noche. Pero así, si su madre pierde la cabeza por completo, no perderá el hogar de su infancia.
Dejar la mansión, el legado de toda mi familia, en manos de Kenerick me hace sentir que les he fallado como hija. Igual que estoy fallando a Liam .
—Mami, despierta, no llores más.
Quiero evitar a Liam por su propio bien. Alejarle cuando no soy plenamente consciente de lo que ocurre. Pero es mi hijo, mi tesoro, y hoy es su cumpleaños.
Abro los ojos y lo miro a través de las lágrimas.
—Liam, lo siento tanto… —susurro con voz temblorosa.
Él trepa por la cama y se acurruca a mi lado.
—No llores, mamá. Todo se va a solucionar. Tú tranquila, ¿vale? Lo tengo todo bajo control. Ese es mi verdadero regalo de cumple.
Lo abrazo agradecida a su bondadoso corazón, sin tener claro si cuando crezca podrá perdonarme por no dar la talla. Rodeo su cuerpecito con mimo y lo abrazo con todo mi cariño. Imagino lo que habría sido de mí si Liam hubiera nacido muerto. Probablemente, ahora yo también lo estaría.
—Feliz cumpleaños, tesoro.
—Gracias, mami.