Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 58
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Capítulo 58

V erónica Cashmore está en mi dormitorio una hora después de que oiga a Damon y a Kenerick encerrarse en su despacho.

El sol entra a raudales por la ventana, pero yo tengo muy mal cuerpo porque hoy es el cumpleaños de mi hijo y la au pair se lo ha llevado ya a la escuela de verano y no he tenido el valor de salir a felicitarlo.

Se me saltan las lágrimas solo de pensar que esté triste por mi culpa, un día como hoy.

—Vete, Verónica.

—De eso nada.

Gruño .

Mi padre era un hombre muy estricto. Me quería, pero si no sacaba la mejor nota de la clase podía pasarse semanas sin hablarme.

Si lo decepcionaba de alguna forma, me obligaba a dormir en el armario de las escobas.

Y solía decirme que me llevaría a un sitio que no me gustaría nada.

Al único lugar donde tenían cabida las personas imperfectas.

Nunca me llevó, pero me asustaba mucho la idea.

Hubo un tiempo en el que ni siquiera quise vivir en esta mansión, así que me largué a la universidad con intención de no volver. Entonces ellos murieron, yo conocí a Kenerick y al final decidimos criar a Liam aquí.

A veces me pregunto cómo habría sido mi vida de haber sido adoptada por la hermana de mi madre.

Era una mujer divertida a la que conocí siendo yo pequeña.

Su vida lejos de las normas y el control la apartaron de mí.

Bueno, mis padres lo hicieron. Lo último que supe fue que vivía en Londres, bien lejos de Westchester, NY.

¿Debería escribirle? ¿Preguntarle por mamá?

—Clara, ¿me oyes?

—¿Y tú? Creo haberte dicho que quiero estar sola.

—Venga, sincérate nena, que soy tu amiga. ¿Estás evitando a tu hijo? —deja de apoyarse en el marco de la puerta, entra y cierra tras de sí—. Lo digo porque cuando me lo he cruzado a él y a tu criada, se le veía cabizbajo.

Me llevo la mano al estómago sintiendo cómo se me revuelve .

—Tengo miedo, Verónica.

—¿Miedo de qué?

Le conté toda la verdad ayer, que las migrañas han ido a más y no me dio de lado, así que me sincero.

—De mí misma. De hacerle daño. Intento no salir del dormitorio, pero se me caen las paredes encima.

—¿No te parece que estás exagerando?

—Ni siquiera sé si estás aquí de verdad. Puede que esto solo sea producto de mi defectuosa mente. ¡Au!

—¿Te ha parecido real ese pellizco o quieres que te propine otro, encanto?

—Con ese me vale. Ahora dame la bata.

—¿Qué crees que estás haciendo?

—Esta tarde es la fiesta de cumpleaños de tu hijo y vas a arreglarte. Por dios, date una ducha, tienes el pelo tan despeinado que si un pájaro entrara ahí no saldría jamás.

—Te estás tomando muchas confianzas conmigo solo porque estoy pasando un mal momento.

—¡A la ducha! Pienso rebuscar entre tu ropa para quedarme el vestido que más me guste como premio.

—¡Ni hablar! ¡Oye! —me empuja dentro del baño y segundos después abre de nuevo la puerta para lanzarme a la cara un atuendo elegante.

Por primera vez desde que empezó toda esta pesadilla, se me curva la sonrisa. Por momentos como este me alegro de que seamos amigas.