Capítulo 57
A diferencia de mí, que voy de punta en blanco con un vestido rojo que se ciñe a mis pechos de plástico, ella va en camisón. Sí, acompañado de una bata de seda que se ata a la cintura dándole una forma bonita a su cuerpo, pero en camisón.
Así que yo gano.
Chúpate esa, Clara.
Kenerick y ella se dicen un par de cosas por lo bajini para que nosotros no lo escuchemos. Y me molesta. A riesgo de parecerme a Verónica Cashmore, me inclino un poco en la mesa, agudizo el oído y empiezo a examinarme para el título de cotilla de la ciudad.
—Cariño, no bajes al sótano, ¿de acuerdo? Lo estoy arreglando para ti.
—¿Para mí? —ni siquiera parece halagada ante la idea, solo confusa.
Será tonta Miss palo metido por el culo.
—Sí, para ti. ¿Me das tu llave?
—¿No te fías de mí?
—De tu curiosidad es de quien no me fío. No quiero que estropees mi sorpresa.
Clara ni siquiera consigue alegrarse. Su aspecto ha decaído todavía más teniendo un mechón corto en la parte frontal de su pelo. Si no fuera porque la mansión tiene un jardín kilométrico, todo el vecindario habría oído su grito al despertar esta mañana.
Pero por desgracia para ella, es más que probable que su amiga la cotilla se encargue de dar el parte.
—Tienes buen aspecto, Clara —en cuanto lo digo, su rostro se transforma. Paladeo los celos que reptan por su cuello y se agarran a sus mejillas con uñas y dientes—. Me refiero… creo que dormir te está sentando bien. Estás radiante.
Ahora lo que está es apretando los dientes.
—Mami, ¿hoy cenarás con papá y conmigo? ¿Porfi?
Clara ni siquiera le contesta con palabras, sacude la cabeza y sale de allí casi como… como si tuviera miedo de su propio hijo.
Liam se queda cabizbajo. Me ha mencionado un par de veces que su madre está un pelín esquiva. Su padre se va y entonces soy yo la que se pone de morros.
—Dentro de dos días es mi cumpleaños —musita Liam, pero todos tenemos problemas.
Horas después veo a la señora Ashcroft haciéndole una marca a lápiz a una silla tras cambiarla de sitio y volver dos minutos después a comprobar dicha marca, dudando si habrá echado a correr por su cuenta.
La vida a veces es bastante divertida.