Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 55
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Capítulo 55

C hloe y Liam han vuelto a casa hace un par de horas y ya no puedo más. Así que le llamo, a la desesperada, mordiéndome las uñas.

—Kenerick —me enrollo un mechón de pelo dorado en el dedo, en cuanto descuelga el teléfono—. ¿Cuándo vuelves a casa?

—Estoy aparcando.

—Dios, menos mal.

—¿Por qué? ¿Me echas de menos? —oigo la sonrisa en su voz.

Lo cierto es que siento miedo de mí misma y saber que él sí controla la situación me calma.

—Ven, corre. Estoy en nuestro dormitorio. ¡Date prisa, ¿vale?!

Promete darse mucha prisa.

No me gusta asomarme a la ventana, pero lo hago cuando espero y espero, y no aparece.

Cuarenta minutos después hace acto de presencia. Para entonces ya estoy empapada en sudor.

—¡¿Dónde estabas?!

—Trabajando —dice en tono seco, aflojándose la corbata.

—Te he pedido que te dieras prisa, tengo que hablar contigo.

—¿Cuándo? No te he visto desde esta mañana.

¿Cuándo?

¿Por qué pregunta cuándo? Debería saberlo… ¿no?

Me congelo y estudio su mirada, consciente de cada vello que tengo en el cuerpo pues ahora está de punta.

—¿De qué estás hablando? Kenerick, me has dicho que ya habías aparcado y yo te he pedido que subieras deprisa.

Exhala agotado, dejando caer los hombros. Casi da pena.

Saca su móvil del bolsillo y me enseña la pantalla de «últimas llamadas».

Aparece Damon y otros de sus compañeros de trabajo.

Contengo las náuseas y me acerco a la cama a toda prisa, donde he dejado mi móvil.

Desbloqueo la pantalla y al deslizarme por ella compruebo que…

tampoco hay rastro de una llamada a Kenerick.

No hay nada.

Dios mío, no hay nada.

Voy corriendo al baño y tengo el tiempo justo de vaciar el estómago en el retrete y no en el suelo. Al acabar, Kenerick me está esperando con una botella de agua y un par de pastillas. Me las tomo sin rechistar.

—Oigo ruidos por las noches —admito cogiendo la botella de agua, con las barreras completamente bajadas y el autocontrol destruido.

—¿A mí gruñendo tu nombre? —extiende la palma ofreciéndome las pastillas.

—Hablo en serio, Kenerick. Oigo a pisadas, ruidos extraños abajo. ¿Crees que alguien ha podido colarse en la mansión?

El cuerpo musculoso enfundado en el mono negro del enmascarado se me viene a la mente. Si existiera, podría ser un hombre furioso al que no le gusta que le den la espalda como hice yo.

—No, en absoluto. Esta zona es muy segura. —Me acaricia el pelo—. ¿Por qué no hacemos una cosa? ¿Qué tal si me despiertas la próxima vez que oigas ruidos por la casa?

Eso sería genial, pero la medicación me deja tan adormilada que no llego a despertarme del todo, incluso cuando quiero.

Es extraño, es como si me quedara medio paralizada, pero no quiero decírselo a Kenerick porque el doctor nos dejó claro que no hay medicación alternativa a esta y que, si no va bien, mi hijo tendrá que pedir cita para visitarme en el manicomio.

Poniendo todas las cartas sobre la mesa, no me importa que entre quien sea y robe lo que quiera. Haría cualquier cosa por recuperarme. Haría cualquier cosa por mi hijo. Cualquier cosa.