Capítulo 54
H an pasado días desde que empecé a medicarme y siento que estoy peor.
Sé lo que vi. Sé lo que hice. Pero no coincide con lo que dijeron.
Sé lo que vi. Sé lo que hice. Pero no coincide con lo que dijeron.
Sé lo que vi. Sé lo que hice. Pero no coincide con lo que dijeron.
¿Verdad?
Mis inseguridades se han disparado y creo que la medicación no me está ayudando, aunque para afirmar algo así, tendría que estar segura de mí misma.
Y después de presentarme en la peluquería y que Kathy me asegurase que no había pedido cita, aunque yo pensara que sí, no estoy segura ni de que mi sombra sea mía.
¿Y si tienen razón? ¿Y si solo intentan ayudarme? ¿Y si mi resistencia está empeorando esto?
¿Y si tienen razón? ¿Y si solo intentan ayudarme? ¿Y si mi resistencia está empeorando esto?
¿Y si tienen razón? ¿Y si solo intentan ayudarme? ¿Y si mi resistencia está empeorando esto?
Busco pruebas. Algo a lo que aferrarme. No suelto el pendiente en ningún momento, pero temo más que nada encontrar el que me falta.
¿La razón?
La nota ya no está. La única prueba de que el hombre enmascarado estuvo en mi jardín, la única que no tiré por el retrete. Esa nota… ha desaparecido.
No. No han desaparecido, Clara.
Porque NUNCA existieron.
¿Un enmascarado en mi puto jardín con mi inicial tatuada en el cuello? No es que sea difícil de creer, dios, es que me merezco acabar en una habitación acolchada y con una camisa de fuerza.
Reconozco que me han dado algunos ataques de furia y llanto, pero el miedo que me da que alguien me descubra en ese estado y me considere peligrosa me hace mantener mis emociones reprimidas y bajo cierto control la mayor parte del tiempo.
No me lo he imaginado todo. ¿Me lo he imaginado todo ?
No me lo he imaginado todo. ¿Me lo he imaginado todo?
No me lo he imaginado todo. ¿Me lo he imaginado todo ?
Los nervios me han provocado insomnio y estoy agotada la mayor parte del día. No me apetece ir a pilates y lo cierto es que trato de alejarme de las ventanas que dan al jardín delantero. No le doy muchas vueltas a por qué. Al fin y al cabo, no empeora mi estado. ¡Yo no siento nada!
«—¿Dónde está mamá?
—Ya sabes que mamá está triste a veces.
—Oí al médico decir que es desde que yo nací. ¿Es mi culpa?
—No, hija, la depresión postparto es algo natural».
Las palabras de mi padre querían ser tranquilizadoras, pero nunca lo eran del todo. Era por el tono de sentencia, que daba a entender que nada cambiaría y que no había lugar alguno para la esperanza. Mamá empeoró con los años, pero ella era muy buena y me quería mucho.
No soy como mamá.
No voy a acabar como ella.
No voy a hacerle eso a Liam.
Mi mente es fuerte, ¡muy fuerte!
Una de las tardes, mientras fumo en el jardín trasero de la mansión, dejo caer el pendiente de la perla que apenas soy capaz de soltar.
—Fíjate —lo recojo despacio—. Ha estado aquí todo este tiempo. Ya he encontrado el que me faltaba. —Me río como una tonta—. Todo va a salir bien.