Capítulo 45
V erónica ha venido con más cotilleos de los que imaginaba, pero no entra en detalle con ninguno, lo cual denota que todavía sigue molesta por la última discusión que tuvimos.
—Qué sorpresa me ha dado que quisieras verme, lo cierto es que tenía planes —sorbo el té frío de la elegante taza que no va a quitarme el calor que tengo encima porque hace un día de verano asfixiante.
Cállate, no iba con segundas.
—¿Es tu manera sutil de pedirme que me vaya, Clara?
—No, mi intención era hacerte sentir importante al saber que lo he cancelado por ti.
Ya van unas cuantas citas canceladas con mi médico de confianza. Por una cosa o por otra, al final no voy nunca.
—Entonces… —remolonea—. ¿Amigas de nuevo?
—Por mí estupendo —sonrío, aunque no me apetece demasiado hacerlo.
—Menos mal, porque he guardado lo mejor para el final. Se ve que la cocinera de la familia Aritsof estaba liada con el paisajista, y habían envenenado a los señores de la casa con la intención de robarles todo el dinero de la caja fuerte y fugarse.
—No.
—Como te lo cuento.
—¿Cuándo ha pasado eso?
—No has debido enterarte porque las migrañas te han tenido mucho en cama, pero hubo un gran revuelo con coches de policía y ambulancias. Fue una tarde de desenfreno. —Se carcajea—. Para que luego digan que debes ser amable con el servicio, ¡si eres amable, acabas muerta!
Miro el té y me pregunto si he oído a Marthia quejarse estos últimos días. ¿Debería subirle el sueldo?
—¿Consiguieron salirse con la suya?
—Qué va, han ido derechitos a la cárcel, pero los pobres Aritsof siguen ingresados en el hospital, en cuidados intensivos. El veneno casi los lleva derechitos al otro barrio.
Madre mía.
Saco el móvil y le escribo un mensaje a mi marido.
Kenerick
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—¿Pero a dónde vas así pintada?
Levanto la vista del teléfono y sigo la mirada de Verónica. Chloe. Chloe muy maquillada. Chloe de punta en blanco. Con un conjunto que debería haber devuelto, tirado, quemado…
—Te has pasado un poco con el colorete. Mejor no digo lo que parece que acabas de hacer… —prosigue Verónica por lo bajo.
—No puedes tener esas exigencias con alguien que no es de este mundo, Verónica.
Me acerco a la au pair con el impulso irrefrenable de ser una arpía territorial.
—¿N-no te gusta? —tartamudea.
—Vas muy maquillada para tratar con mi hijo. ¿Te imaginas a Marthia vestida como tú? ¿O a la jardinera? ¿A Jonah? Me gustaría que te quitaras todo eso de la cara.
—Está bien —dice para mi sorpresa, muy complaciente y sin murmurar comentarios fuera de lugar.
—No quiero que te acostumbres a ciertas comodidades, Chloe. Luego cuesta mucho volver a la realidad. Es por tu bien.
—Gracias, Clara —dice en tono neutro, pero cuando entra en casa veo la sombra de Kenerick.
Está apoyado en la pared cerca de la puerta y lo ha visto todo.
Chloe no lo ha hecho adrede, ¿verdad?
No esperaba que reaccionara así para dejarme mal, ¿a que no?
Me hierve la sangre cuando mi instinto me grita que es exactamente eso lo que ha hecho. Kenerick me lanza una mirada de desaprobación, ya que no le gusta nada que sea maleducada, y luego se marcha. Para empezar, ¿qué hace aquí? ¿No debería haberse ido ya al trabajo?
—Eso ha sido genial —se carcajea Verónica—. ¡La has puesto en su sitio! ¿Quién se cree que es? Estas chicas rusas les das la mano y te cogen el brazo.
—Chloe es inglesa, según tengo entendido.
—Lo mismo da. Has hecho muy bien. Si no, mira a los Aritsof. Por cierto, Clara, ¿tú sabes que eres mi única amiga?
—¿Lo dices en serio?
—Pues claro —alarga la mano hasta la mía y yo la dejo—. El resto son más bien figurantes. Maniquíes que llevan a cabo un rol poco importante.
Asiento aunque no tengo claro que alguna vez hayamos sido amigas, sí es cierto que es lo más parecido a una que tengo. Al menos una que no sea virtual, ya que el aprecio a mis alocadas lectoras es mucho más fuerte.
—Y es por eso que quería comentarte algo.
—Miedo me das.
—No tonta. Verás, para Halloween de este año, el grupo de madres de siempre y yo hemos planeado ir de novias cadáver para la gran fiesta que se celebrará en mi casa.
—¿Halloween? Aún falta mucho, estamos en verano.
—Ya, pero es mejor estar preparadas. El caso es que Mareen Cline propuso ponernos nuestros vestidos de boda, los de verdad, y luego Alisha comentó que podíamos intercambiárnoslos y…
bueno, tú y yo somos las únicas que tenemos la misma talla así que quería preguntarte.
¿Me dejarías el vestido que te pusiste el día que te casaste con Kenerick?