Capítulo 44
E l café no ha hecho nada con mi mal humor de esta mañana y mi temporal frustración sexual. Subo a mi dormitorio porque la mirada altiva de Verónica Cashmore me produce ganas de arrancarle los ojos con los dientes.
Se ve que las Barbies ya han hecho las paces.
—Cierra tu dormitorio por las noches, ¿vale, tesoro?
—Vale, mamá.
Me topo con ellos poco después de subir la escalera central. Liam no hace preguntas, solo se abraza a su madre antes de descender al piso de abajo .
—¿Va todo bien? —pregunto, consciente de lo rara que ha sido esa petición.
—No es nada. Buenos días, Chloe.
—¿Seguro? Puedo encargarme de lo que sea.
—¿Y por qué ibas a encargarte tú? La señora de la casa soy yo. —Clara sonríe, pero no es amistoso, es repelente.
La miro encararse a las escaleras. ¿La empujo? Oigo otras pisadas y al darme la vuelta veo al bendito Señor Oscuro caminando hacia mí desde la otra punta de la segunda planta.
No puedo desviar la mirada.
Está más arrebatador que nunca y eso hoy también me cabrea.
—Señor Ashcroft, tengo algo que decirle —me acerco a él y oigo como los pasos de Clara dejan de alejarse. He hablado muy alto, ¿verdad? —. Lo siento mucho, pero la lámpara de mi mesita de noche se ha roto. Fue un accidente, ayer. Buscaba a tientas el interruptor y…
—Deberías haber tenido más cuidado —dice Clara en tono cortante a mi espalda.
¿Qué pasa? ¿Ha corrido un sprint?
¿Cómo ha llegado tan rápido?
Me giro hacia ella y sonrío, espero que con amabilidad.
—No te preocupes, cariño, yo me encargo —dice el señor de la casa antes de que pueda responderle nada—. Tú ocúpate de Verónica .
Le sonríe y ella se va. Siento un retortijón en los ovarios al ver ese hoyuelo.
Mío.