Capítulo 43
E s temprano cuando salgo de la ducha ya con el traje puesto, pero Clara está arreglada y lista para su día.
—¿Qué miras, preciosa?
Se sobresalta y se aleja de la ventana, y luego corre las cortinas.
—Nada.
Está nerviosa. Lleva días así. Le pregunto si quiere que la acerque a alguna parte cuando me dice que va a irse de tiendas, pero me asegura que quiere estar sola.
—Entonces supongo que no me voy a ganar el premio al marido más avispado del año —hago una mueca .
—¿Por qué lo dices?
—Porque anoche le dije a Verónica que se pasara por aquí a verte un rato. Te veía desanimada y no quería que estuvieras mucho tiempo sola. —Suena el timbre de la puerta de entrada—. ¿He hecho mal?
—Eres un encanto. Gracias por pensar en mí. —Sonríe, pero es evidente que he fastidiado sus planes.
Desvío la mirada hacia su bolsa de pilates.
—¿Tienes más clases últimamente?
—¿Yo? No. No, qué va. No, las mismas.
—Cariño, quería comentarte algo —me acerco a ella y la atraigo hacia mi pecho—. He notado algo de tensión entre Chloe y tú estos últimos días. ¿Me la estoy imaginando?
—¿Tensión? No hay tensión. Para nada. Chloe me encanta. Solo intento no encariñarme demasiado ya que se largará de esta casa en cuanto Annabelle se recupere.
—Cariño, la otra au pair sigue en coma. Los agentes dijeron que le habían abierto la cabeza. Podría tener el cerebro encharcado de sangre, los músculos atrofiados y haberse olvidado de cómo hablar.
—Ya, bueno. Pero es joven. Seguro que se recupera enseguida.
—Ajá —me inclino para besarla—. Pero no estás celosa.
—¿Celosa yo? —separa los labios para dejarme entrar y no la decepciono—. Mmm… Ronnie me espera abajo.
—¿Tan bien te cae tu amiga? —pregunto metiendo una pierna entre las de Clara.
Ella se frota contra mí y se ríe con malicia.
—Nadie en este mundo me cae tan bien.
Le meto la lengua en la boca y agarrando sus caderas, la obligo a mecerse contra mí hasta que gime.