Capítulo 29
P ensaba que Clara solo iba a llevar a Liam al cole, pero no vuelve a casa hasta que estoy más aburrida del francés que una ostra seca en una sartén roñosa llena de óxido.
La veo a través de la ventana. La mujer que me protegió de la policía siempre va de punta en blanco y me da que no es consciente de lo desastrada que viene ahora. Despeinada, con el hombro del vestido caído… casi parece que le haya ocurrido algo.
Cierro el libro de francés de las narices y salgo de la sala con andares rápidos.
—¿Clara? ¿Ha pasado algo? ¿Tienes migraña otra vez?
—He ido a la tienda y no… no saben nada de mi visita —murmura, no para mí sino para sí misma—. Pero sí recuerdan la de mi au pair. N-no lo entiendo.
—¿Quieres que vaya yo a buscar a Liam? — porque vamos, así es que no atinas ni en una bici con ruedines.
Inhala y se recompone. Me pone las manos en los hombros. Por primera vez no se la ve amigable, no se la ve correcta, ni siquiera se la ve con pinta de tener un palo metido por el culo. Más bien en un momento decisivo de su vida.
—¿No te pedí que me dieras las bolsas de tus compras? ¿No te traje un montón de ropa nueva gris mucho más recatada que esta? ¿No devolví esta que llevas puesta?
—No, Clara. No lo hiciste.