Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 27
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Capítulo 27

S aliendo de la escuela de verano de Liam recibo un mensaje. Es de Kenerick. Paso de abrirlo. «No me interesan tus putas normas esta mañana, Clara». ¿Mías? ¡Si eran sus normas!

—Que le den por culo.

Pongo los ojos en blanco y me meto en el coche.

Vuelvo a colocar el retrovisor, que sigue sin estar perfecto. He debido descolocarlo sin darme cuenta y ahora no consigo dejarlo perfecto. Hoy estoy incómoda hasta en mi propio coche, no dejo de reajustarlo todo .

—Respira, Clara. Solo son nervios —me digo mientras devoro la carretera con las ventanillas bajadas de vuelta a casa.

Pero lo cierto es que la curiosidad por el mensaje no leído me taladra el raciocinio. Intento negármelo, pero es así.

—No es que me importe lo que puedas decir… —aseguro desabrochándome el cinturón a toda velocidad nada más detener el coche en la entrada del jardín de casa—. Solo necesito ver si se trata de una emergencia antes de mandarte a la mierda.

Rebusco en mi bolso a toda prisa y con total y absoluta indiferencia.

Me abalanzo sobre el teléfono y leo:



—Sí claro. ¡Ahora mismo! — El muy cretino—. Si ahora tienes un calentón, apáñatelas solito.

¿No ha hecho justamente eso mismo esta mañana? ¿Pasar de mí cuando le necesitaba? Anda y a la mierda. Guardo el móvil en el bolso de nuevo y me quedo pensativa.

¿Debería ir al médico? Lo que ha pasado con Liam no es normal. Ni lo de Chloe. ¿Tanto me dolió la cabeza que ahora tengo recuerdos que nunca ocurrieron?

Una parte de mí quiere dejarlo estar porque me asusta, otra quiere defender que tengo razón y despedir a Chloe aunque no tenga pruebas de que miente, y otra quiere irse a hacer una decena de chequeos médicos.

—¿Cómo iba a modificar ella tu registro bancario? Quizá solo fue un sueño muy, pero que muy realista… —me digo, a sabiendas de que oírlo en voz alta me tranquilizará.

No funciona.

Empieza a vibrarme el móvil antes de que tenga oportunidad de salir del coche. Es él. El demonio cruel con el que estoy casada. Descuelgo.

—¿Qué?

—No contestar es de tan mala educación como interrumpir.

—Estaba pensando en saltarme tus normas, ya que tú te saltas las mías. Adiós, Kenerick. —Y le cuelgo.

Vuelve a llamar y sonrío como una tonta.

Qué satisfactorio es que te roguen para variar.

Lo habitual en nuestro matrimonio es al revés.

A veces, incluso cuando me busca, no me siento tan deseada como querría.

Más bien… usada. Pero imagino que a todos nos pasa lo mismo alguna vez.

Recuerdo al hombre de la moto, cómo tiró de mí con fuerza y cómo me salvó como si mi vida fuera importante para él.

Anhelo ser deseada hasta la locura .

—No estoy de humor.

—Me da igual, quítate las bragas.

—¿Cómo puedes pedirme eso? Ni siquiera sabes dónde estoy.

—Me da igual si estás en plena calle, Clara. He dicho que te las quites.

La rudeza de su tono me corta la respiración y me endurece los pezones bajo la blusa de color azul marino. Incluso cuando le odio me visto con el color de sus ojos .

—No.

—¿Cómo has dicho?

—Vete a la mierda, Kenerick. Te cuelgo.

—Sigue portándote mal y te meteré la polla en la boca hasta que te sangre la garganta —su voz sale tan amenazante que me arranca un gemido.

Estoy en el coche, en la entrada de casa, y no hay nadie cerca. Pero si alguien pasara por la calle, podría verme.

Quito la llave del contacto con el corazón palpitando a toda velocidad. ¿En qué narices estoy pensando? Me muerdo el labio dudosa.

—Esto es lo que vas a hacer —empieza—. Vas a desnudarte para mí. A grabarte. Y me lo vas a enviar.

Empiezo a tocarme por debajo de la falda.

— No pienso grabarme.

—Sí lo harás.

—Vas a oírlo, pero no vas a verlo. No te lo has ganado — digo con todo el coraje y la valentía que tengo.

Respira malhumorado. ¿No quería nuevas normas? Pues que se joda.

—No estoy conforme.

—No te he… preguntado —jadeo.

—Métete los dedos. No esperes a estar lista. Hazlo ya.

Chillo al obedecer y lo oigo gruñir al otro lado de la línea.