Capítulo 25
D espués de una ducha en la que me he quedado mirando a la nada durante más de quince minutos, me visto sin prestar mucha atención a lo que hago.
Cambiaría lo que siento ahora por el dolor de cabeza que tenía ayer sin pestañear.
Me siento insuficiente. Pequeña. Tonta. Vacía. Rota.
Sé que mi matrimonio con Kenerick es peculiar y deseo ser la esposa modelo, ¿pero de verdad esto tiene que parecerme bien?
Refunfuñando para mis adentros, me envuelvo en la toalla y me visto muy elegante. Sentir que tengo el control de lo que llevo puesto me hace sentir un poco mejor, ya que no tengo ningún control sobre lo que pasa con mi marido.
Bajo a desayunar y escucho a la au pair hablando en la cocina con la inigualable Marthia.
—Me llevé el susto de mi vida, ya te puedes imaginar. Apenas he pegado ojo. Es una suerte que los señores Ashcroft me guardaran las espaldas. Aún no me creo la suerte que tengo con ellos. ¿Alguna vez sientes que no te los mereces, Marthia? Porque a mí me pasa todo el tiempo.
Se me curva la sonrisa. Qué dulce es Chloe.
Mi corazón se enternece por su vulnerabilidad y entro a la cocina convenciéndome de que estrecharla entre mis brazos no sería nada apropiado, aunque es lo que quiero hacer.
—Buenos días a todo el mundo. —Sonrío a Jonah, pero en cuanto mis ojos caen en la au pair el gesto se me congela.
—Clara, buenos días —Chloe deja el café en la encimera y se acerca a mí a toda prisa para cogerme las manos, pero yo ya no estoy respirando—.
De verdad que te agradezco muchísimo lo de ayer.
Kenerick y tú me cuidasteis como si fuera de la familia.
Te prometo que me voy a esforzar muchísimo en que Liam aprenda. ¡Voy a darlo todo!
Su sonrisa empieza a flaquear a medida que pasan los segundos y yo no digo nada.
—¿Qué haces con eso puesto, Chloe?
—¿D-disculpa ?
—¿De dónde has sacado ese outfit rojo? Devolví todas tus compras.
Frunce el ceño y me suelta despacio.
—¿De qué estás hablando?
—Fui a la tienda a devolver tus compras. Yo venía de pilates y te encontré en las escaleras. Te compré la ropa en distintos tonos de gris y en modelitos mucho más recatados de los que habías escogido tú. — Pero ahora llevas uno de esos modelitos puestos.
—¿Qué? —Chloe abre mucho los ojos y empieza a perder color en la cara. Un gesto extraño para alguien a quien se le tendría que estar cayendo la cara de vergüenza—. No, yo no… Clara tú me dejaste la tarjeta y yo fui a la tienda. Me dijiste que te gustaba mi ropa.
Miro a Marthia y a Jonah, a Chloe cuyos ojos tristes ya están brillantes por una pena que no entiendo.
No quiero montar un numerito, así que salgo de la cocina.
Subo la escalera lateral y llego rápido al dormitorio principal.
Abro el armario de los bolsos y las joyas que guardo bajo llave, y busco mi tarjeta.
Y ahí está, sigue donde la dejé después de usarla.
¿Pero si Chloe no ha cogido mi tarjeta, entonces cómo narices ha recuperado toda esa ropa? ¿Y por qué fingiría que nada de esto ha pasado? ¿Acaso cree que así le permitiré vestirse como le dé la real gana? ¡¿En mi propia casa? !
Entro en la aplicación del banco, lista para bajar de nuevo ahí abajo y restregar por su bonita y dulce cara las pruebas. Pero en vez de ver el gasto que hizo ella temprano, la devolución que hice yo más tarde y por último la compra… Solo veo las compras de Chloe. La primera transacción.
Llamo al banco y pregunto qué ha ocurrido con los registros, pero no saben nada. Empiezo a sudar. Voy a buscar a Liam, él estudió con Chloe así que va a decirme que el atuendo gris y elegante que llevaba no tenía nada de rojo, ni de blanco, ni de sexy.
—Mami ya sabes que yo eso no lo veo bien. —Hace una mueca—. ¿Por qué ha pasado algo?
Liam es daltónico y eso no es ninguna novedad para mí. Y haberlo olvidado de forma momentánea no es lo que me produce unas intensas ganas de vomitar.