Capítulo 24
V uelvo a lamerle el coño y la segunda vez que succiono con fuerza ella se despierta. Al principio no entiende ni dónde está. Poco a poco ve su ropa tirada en la cama, a mí entre sus piernas, y lo va pillando.
—Las normas eran sexo con penetración si estaba dormida. Nada de orales.
—No me interesan tus putas normas esta mañana, Clara. —Me aparto de su sexo y le muerdo el interior del muslo con fuerza hasta que grita.
—Sigue, por favor —pide hundiendo las manos en mi pelo.
La succiono una vez más, llevándola a las puertas del clímax, sin llegar a provocarle el orgasmo que desea, entonces me aparto y empiezo a hacerme una paja.
—No te toques —le pido cuando lleva los dedos hasta su centro, sin perder de vista lo que hago.
Cierro los ojos y pienso en su piel tersa, en ese coño rosado y prieto, en sus tetas rebotando mientras separo sus pliegues con la polla… Los movimientos de mi mano se vuelven más bruscos, necesitados, torpes.
—Dios, qué guapo eres —gime—. ¿Por qué no me usas?
Clara cierra las piernas para aprovecharse de la fricción y se las abro con brusquedad.
—He dicho que no.
Su frustración es mi alimento. Poco después empiezo a correrme y dejo que mi semen caiga sobre ella. Su deseo no hace más que aumentar.
—Me encanta oír cómo te corres.
Tiro de ella para que se incorpore y suelta un gritito de la impresión.
—Límpiame.
Lo hace, retorciéndose y contoneándose para mí. Cree que así le daré lo que quiere. Ladeo la cabeza apartando la mirada de ella y poniéndome duro por momentos.
—Hecho.
—Gracias —la beso en los labios y luego me separo de ella.
Doy con mis pantalones y me los subo hasta las caderas.
—¿Qué estás haciendo?
—Tengo trabajo.
Frunce las cejas, pero sus ojos no parecen enfadados, sino decepcionados y tristes.
—Las normas de nuestro acuerdo matrimonial decían que ninguno de los dos podía acabar insatisfecho. —Se muerde el labio intentando ocultar sus verdaderas emociones—. Bien, pues yo no estoy satisfecha.
Sonrío de lado paladeando su malestar.
—Me apetece probar cosas nuevas, cariño. La idea de saber que estás en alguna parte de esta casa goteando por mí, me… me pone mucho —le doy un largo beso en los labios y se le escapa una lágrima.
Se la chupo antes de pasar por el baño y largarme.
Está preciosa cuando no tiene ni idea de lo que acaba de pasar.