Capítulo 22
D espués de convencer a Chloe de que se eche un rato, voy a ver a Kenerick a su despacho.
—¿Qué piensas de todo esto?
—Es un poco extraño, no te lo voy a negar. —Se afloja el nudo de la corbata y se pasa la mano por la cara, cansado.
—No creerás que lo ha hecho ella —chisto la lengua—. Amor, Chloe parecía a punto de sufrir un ataque. Casi no podía respirar. La tila no le ha hecho ningún efecto. Me ha dado muchísima lástima.
Me acerco a su escritorio y él aparta la silla de la mesa para que me siente en su regazo. Casi echo a correr en su dirección. Me siento en sus rodillas y apoyo la cara en su pecho, donde más me gusta: a la altura del corazón.
—Por suerte Liam se ha ido a su habitación y no se ha enterado de nada.
—Clara, eres muy buena persona y nunca piensas mal de nadie, pero como he dicho, esto es un poco extraño, así que voy a hacer algunas llamadas.
—¿A la agencia? —alzo la mirada hasta sus increíbles ojos azules.
Una de las primeras cosas que me enamoraron de él.
—Sí. Voy a pedir referencias sobre Chloe y también sobre Annabelle.
—Pero Chloe no es de esa agencia —le comento que ayer llamé antes de contratarla—. Entre tú y yo, creo que hace poco que es au pair.
—No importa de dónde sea, averiguaré lo bien que trabaja y qué clase de persona es. Igual que Annabelle.
—¿No quieres que lo haga yo? Tú tienes mucho trabajo.
—Soy el hombre de la casa. Creo que eso ya responde bastante a tu pregunta.
El calor mana de entre mis piernas y sé que es un momento muy inoportuno para desear a mi marido, pero es que eso me ha puesto cachonda.
Alzo la barbilla para besarle y cuando su mano trepa por mi pierna me ilusiono de que vaya a meterla bajo mi falda. Me desilusiona un poco que no lo haga, pero entiendo las circunstancias. Le doy un rápido beso en los labios.
—Estaré aquí por si necesitas algo de mí. No trabajes mucho.
—Vale, cariño. —Sonríe y cuando se le marca el hoyuelo juro que mi corazón no se recupera del golpe.
Kenerick Ashcroft es atractivo a rabiar, maldita sea. Me voy cerrando la puerta tras de mí, aliviada de tener a alguien que se ocupa de todo, que me dice «tú descansa» mientras él se desloma día tras día en la oficina. Tengo mucha suerte.
Bajo por la escalera central y veo a Damon. Liam se va a taekwondo acompañado de la madre de uno de sus amigos. Las madres nos vamos turnando para llevar al grupito de amigos y así quitarnos faena las unas a las otras. PERO DAMON NO TENDRÍA QUE ESTAR AQUÍ.
Pongo los ojos en blanco mientras él los despide y cierra la puerta como si esta fuera su puñetera casa.
—Buenas tardes, Clara.
Se me eriza el vello del cuerpo al oír esa voz. Como siempre, en el peor sentido posible.
—Damon —estrecho la mirada—. ¿No tienes casa propia?
—Aw, cualquiera diría que no me quieres aquí.
—Eres el socio de mi marido y me encanta que trabaje desde casa. Supongo que encontrarme con empleados suyos es el precio a pagar. Aunque ya te digo que no has venido en buen momento.
Damon se echa a reír y lo odio. No me cae bien desde hace demasiado tiempo y ya es tarde para cambiarlo.
Camina hacia mí y no entiendo cómo la pared ha llegado a toparse con mi espalda, si yo estaba junto a la entrada hasta hace bien poco. Pero es que él hace siempre esto. Me acorrala.
—Eres una mujer fascinante, Clara Ashcroft. —Pone una mano en la pared a mi espalda, enjaulándome con su cuerpo sin llegar a tocarme ni un pelo.
Es una curiosa costumbre suya. Me repugna y ardo en deseos de darle una patada en los huevos.
—¿Sabes qué más soy? Una mujer a la que le gusta que respeten su espacio personal.
—Muy a mi pesar.
—¿Quieres llevarte una bofetada?
—No sería la primera vez.
Su diversión me agobia, me aburre, me frustra. Pienso en el hombre de la moto y fantaseo con que lo zurra con el saco de ladrillos que casi me mata.
—¿Qué pretendes, Damon? ¿Eh? —lo empujo mínimamente—. ¿Que le cuente a Kenerick que su mejor amigo tiene intenciones impuras con su esposa?
Endurece la mandíbula.
—Quizá no tendríamos este problema si te mereciera.
—No vuelvas a hablar así en mi casa .
—No te ve. No como yo. No te admira como yo. No anhela el aire que respiras como yo.
Nunca había sido tan directo. Al final tendré que hablar con Kenerick.
—Te pedí que me dejaras en paz. — Pero te lo tendré que hacer entender de otro modo.
¡Y yo que pensaba que si alguna vez llegaba a las manos con alguien, sería con Verónica!
—Eres una mujer cargada de iniciativa que siempre consigue lo que quiere, Clara Ashcroft, por eso revolucionaste el mercado del transporte público con solo veintiún años. Si quisieras apartarme de ti ya lo habrías hecho.
Salgo de su encierro y camino tres largos pasos antes de darme la vuelta, asqueada y nerviosa. Revuelta, incluso.
—Estoy enamorada de mi marido, Damon. Kenerick es mi persona y yo soy la suya. Encuentra a la tuya fuera de esta casa.
—Eres…
—Deja de hablar. No me conoces. No sabes lo que quiero. Pero te aseguro que no es a ti. —Mis palabras son muy crueles, pero he intentado infinidad de veces ser amable y no funciona.
—Habrías sido mía si te hubiera conocido antes que él —lo afirma con tanta seguridad que cualquiera diría que ha vivido otras vidas y ha podido comprobarlo .
—No me interesan tus realidades paralelas.
—Eres cruel conmigo.
—Y lo voy a ser más si sigues insistiendo.
Me he mordido la lengua porque trabajáis juntos y sé cuánto te aprecia, pero no te daré más avisos.
No vuelvas a dirigirte a mí sin mi marido presente.
¿Te parece que estoy cargada de iniciativa?
—llaman a la puerta y me acerco dando taconazos, cabreada y alterada por el puto día que llevo—.
¿Y ahora quién es? ¿Un detective privado que viene a por mi cocinera? ¡A Marthia ni tocarla!
Abro la puerta de un tirón y me encuentro con… ella.