Capítulo 21
— C hloe, di la verdad. ¿Has mentido? —interviene Kenerick en tono seco, dejando claro a todos que está más que dispuesto a echarme a los perros para que me devoren.
—¡No he mentido! ¡Éramos tres personas socorriendo a Annabelle después de su caída! Ellos podrán corroborar mi historia.
—¿Sabe sus nombres? ¿Sus teléfonos? ¿Cómo localizarlos?
Niego horrorizada.
—No se lo pregunté. Todo pasó muy deprisa.
—¿De qué caída habla? —interviene el otro agente.
—Annabelle tropezó al salir del autobús y se dio un golpe en la cabeza contra la acera. Íbamos hablando y ella… estaba muy contenta. Es una chica bastante torpe. ¡Podrán comprobar que no estoy mintiendo con las cámaras de la zona!
—No hay cámaras que apunten a esa zona exacta, por eso estamos valorando tanto los testimonios de los testigos. Continúe, por favor. ¿Qué ocurrió después de que tropezara?
—Ella estaba consciente, pero mareada y dolorida.
—Por el golpe.
—Sí. Me pidió que me marchara a la mansión y convenciera a los Ashcroft de que me dejaran trabajar para ellos mientras Annabelle se recuperaba.
Necesitamos el dinero, las dos estamos sin blanca.
—Acepto el pañuelo que me ofrece Kenerick y me seco el agüilla de la nariz—.
Mi mejor amiga sabía que si no me presentaba en su lugar, no volverían a llamarla y contratarían a otra.
En esta clase de trabajos las excusas no valen.
Annabelle sabía que se cobraba muy bien, ¡ella me aseguró que no quería que la acompañara al hospital!
Los policías comparten una mirada inexpresiva.
—Pero tú venías con una bolsa colgada al hombro, ¿cómo podías traer equipaje si no habías previsto quedarte con el trabajo? —interviene Clara, con desconfianza .
—Eran cosas de Annabelle. Era su bolsa. ¡Ella me la dio!
—¿También le dio su móvil? La víctima no lo llevaba encima.
—No, su móvil no. Sabe que yo no me manejo bien con esos cacharros.
Comparten otra larga mirada.
—¿Pretende que nos creamos que no tiene teléfono móvil a su edad?
—No pueden incriminar a una chica porque no use las tecnologías modernas, agentes. No es que para ser au pair sea necesario un teléfono —dice Clara saliendo en mi defensa.
Algo que me sorprende tanto que ignoro el tono despreciativo de su última frase.
—Supongo que no. Verá, señorita Vilmort, toda esta historia está muy bien, pero hace aguas por todas partes.
Para empezar, me cuesta creer que su mejor amiga pudiera convencerla de venir aquí y aceptar el trabajo —el policía suelta una risita—.
De hecho, me costaría mucho creer que la joven pudiera decir siquiera dos palabras.
—¿Q-qué?
—Le habían abierto la cabeza y estaba inconsciente. Los paramédicos se la encontraron en muy mal estado.
—N-no. No puede ser —tartamudeo.
—¿Está al tanto de que actualmente Annabelle está en coma?
—Sí, pero estaba consciente. Habló conmigo…
hasta qu e dejó de hacerlo. Yo pensaba que la caída había sido peor de lo que pareció y que eso la empujó al coma.
¿Están diciendo…? ¡Dios mío! ¡¿Están insinuando que yo le he abierto la cabeza a mi mejor amiga?
! —me echo a llorar y Clara corre a mi lado, a ofrecerme consuelo.
—Agentes, les pido encarecidamente que no hagan acusaciones sin pruebas.
—Sí, que tengan un par de testimonios que vieran a Chloe venir hacia aquí no significa nada. Ella ha dicho que dejó a su amiga con otras dos personas —añade el Señor Oscuro.
El abrazo de Clara se suelta un poco cuando escucha a Kenerick defenderme.
—¡Dios mío! —sollozo—. Una de las dos personas con las que abandoné a mi mejor amiga le hizo daño a Annabelle. ¡Esto es culpa mía! ¡Deberían detenerme! ¡Soy culpable, yo la abandoné! ¡Abandoné a mi mejor amiga!
—Tranquilícese, por favor.
—Respira, Chloe, esto no es culpa tuya —dice Clara con lágrimas en los ojos, lanzando dagas con la mirada a los agentes.
—Marthia, por favor, trae una tila —pide Kenerick en tono neutro.
—No pretendemos alterarla —dice uno de los agentes, pero el otro enseguida toma el relevo.
—El problema, señorita Vilmort, es que cuando los paramédicos llegaron, no había nadie junto a Annabelle. Esos dos testigos que menciona, no dejaron rastro. Casi parece que nunca hubieran existido.
—Creo que voy a vomitar —me llevo la mano temblorosa a la boca.
—Agentes, ¿tienen pruebas para detenerla aquí y ahora? Porque si no es así les invito a marcharse de mi casa ahora mismo —sentencia Clara Ashcroft con rotundidad.
Los agentes se marchan por ahora, pero yo no dejo de llorar con fuerza.