Capítulo 16
S us piernas infinitas y bronceadas resplandecen con el sol como si llevara aceite. Pero no, es pura juventud. Sus shorts son tan cortos que, sin necesidad de que se dé la vuelta, sé que se le verá el culo.
A mi rechazada, calenturienta, sexualmente frustrada mañana no le hace ninguna gracia. Siento el sabor metálico de la sangre al imaginármela junto a él. Al imaginarme que a ella no la rechazaría. Me clavo las uñas en la palma de las manos sin darme cuenta.
Jonah aparece con los cafés y casi se queda en el sitio al ver el escote de la au pair.
—De eso quería hablarte, Clara, me gustaría ir a…
—¿Por qué te quedas ahí parada, chiquilla? —pregunto mientras Jonah se marcha sin poder evitar echarle otro vistazo.
—Sí, haz el favor de acercarte, muchacha —pide Verónica.
—Pero dijiste que este era uno de los lugares prohibidos. Y me has interrumpido…
—¿Lugares prohibidos? —con la décima risita de Verónica ya tengo las mejillas coloradas.
Esta niñata quiere empeorar mi mañana y no sabe cómo hacerlo.
— Puedo interrumpirte porque las normas de la casa no se aplican a mí. Como ves, estoy en el jardín trasero y te estoy pidiendo que pases, igual que ocurrió ayer con el despacho de mi marido. Haz el favor de acercarte.
Se encoge y me siento una tonta cruel y mala.
No lo pagues con ella, Clara, que no ha hecho nada. Ella no te ha rechazado, ni ignorado, es nueva aquí y una buena persona, no seas una zorra.
—Aquí estoy.
—Explícate, por favor. ¿Por qué vas así vestida, cielo? —intento que mi voz salga más calmada, amable.
—Ayer usé la única muda elegante que traje, así que pensaba acercarme a mi piso para coger algo de ropa antes de que el peque de la casa vuelva.
Las comisuras de mis labios caen hacia abajo. Si va con camisetas coloridas y coletas como ayer, fijo que Liam le coge confianza muy rápido y la verdad es que no me gusta la idea.
Prefiero que la vea como una profesora y ya.
No soy celosa. Es que mi hijo es un amor con todo el mundo y no quiero que le hagan daño, ¿vale? Es muy probable que Annabelle ocupe el lugar de Chloe antes de que cante un gallo. Bueno, si sale del coma, la pobre…
—¿La única? —interviene Verónica—. ¿Sabías que empezabas a trabajar ayer y no te compraste ropa adecuada para ello? Mal empezamos. Suerte tienes de lo buena que es Clara, cualquier otra casa te habría echado por menos.
—No tenía que ser ella, su mejor amiga tuvo un percance y Chloe se ofreció para cubrirla.
—Me pongo en pie con necesidad de protegerla—.
Cielo, te voy a dar mi tarjeta y vas a ir a una tienda de mi confianza, ¿sí?
Quiero que vayas bien vestida si vas a estar con mi hijo de ocho años y siento decirte que esto no me vale, ¿entendido? Espérame mientras voy a por la tarjeta.
—Es muy generoso por tu parte, Clara, pero no sé si puedo aceptarlo.
—Lo que no sé si puedo aceptar yo es que la tutees —dice Verónica por lo bajo mientras yo entro en casa.
No me gusta un pelo dejarlas solas, Dios sabe qué podría sonsacarle Ronnie que acabe convirtiéndome en la comidilla.
Casi corro para volver con ellas. Patético, lo sé, pero mi autoestima no está en su mejor momento.
—¿Cuántos años tienes, niña?
—Veinticuatro.
—Cuatro menos que yo y cinco añazos menos que Clara. Se dice pronto. —Saborea su café con malicia.
A Verónica le encanta recordarme que tiene un año menos. Necesito una nueva amiga.
—Toma, Chloe. —Le doy mi tarjeta de crédito y una tarjeta de la tienda en la que pone la dirección.
Un mechón de pelo oscuro le cae justo en su boca, atrayendo la atención sin querer a sus labios besables y coloridos con un rojo natural—.
Tienes que hacer algo con ese pelo. Recogértelo de alguna forma para que no esté en la cara todo el rato.
—De acuerdo.
—Sube y ponte lo que llevabas ayer, y te vas derechita a la tienda.
—Pero esa ropa no está presentable, Clara. Al menos así voy con una muda limpia —dice apurada.
Cierro los ojos y alzo las manos en señal de «vete y haz lo que quieras», gesto que la au pair aprovecha para irse a toda prisa. No es lo bastante rápida como para que no vea que, en efecto, se le ve el culo. Encima lo tiene muy bien puesto.
—Es muy considerado por tu parte. Pero si puedo serte sincera, no sabía que eras tan segura de ti misma.
—¿Cómo dices? —vuelvo a sentarme frente a ella, incapaz de darle un trago a mi café ahora mismo.
—Ya sabes, siempre has sido muy territorial con Kenerick. Lo quieres todo todito para ti. Por eso me parece un cambio muy maduro por tu parte haber enviado a ese pibón de veinteañera a que se vista como lo hacías tú a su edad. Las comparaciones van a ser inevitables. Eres muy valiente.
—Chloe puede vestirse como quiera y eso no la convertirá en mí.
Paladea el sorbo de su café con hielo mientras asiente.
—En una versión de ti, sí. Eso por lo menos. ¿Mejorada? Lo veremos.
—Tienes la lengua muy afilada, Ronnie, ¿es lo que pasa cuando tu marido no te hace ni caso? ¿Se te vuelve áspera y puntiaguda?
No puedo paladear a gusto la cara que pone mi “amiga” porque de repente, Chloe vuelve a aparecer en el jardín de atrás.
—Perdona, Clara, ¿hay algún estilo de ropa que prefieras?
—Los dependientes ya te sabrán guiar.
—Lo suponía, pero me preguntaba… ¿Hay algo que le guste a Kenerick? Lo pregunto porque me gustaría tener co ntentos a mis dos jefes.
Estrecho la mirada. Su mueca es dulce, humilde, pero sus palabras no. Y no es la primera vez que tengo la impresión de que dice algo con doble sentido.
—Márchate ya, Chloe.