Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 15
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Capítulo 15

—M i hijo llegó ayer famélico, hasta merendó dos veces, y me gustaría saber por qué le dan de comer tan poco —digo furiosa con el teléfono en la oreja, poniéndome el pendiente de perlas que me falta.

Me bebo el primer café solo de la mañana, paseándome de un lado a otro por una de las salas de estar grandes mientras veo el coche de Kenerick desaparecer.

Se ha ofrecido a llevar a Liam esta mañana, aunque no es que eso vaya a arreglar nada entre nosotros. En absoluto.

—Pagamos una buena suma de dinero anual al centro de verano, como mínimo podrían alimentar bien a nuestros hijos —insisto.

Le doy un buen trago al café mientras la persona al otro lado de la línea me asegura que va a encargarse de que Liam tenga una ración generosa y coma tanto como quiera.

Llaman al timbre y le hago un gesto a Marthia cuando la veo venir a abrir—.

Gracias, es todo lo que pido. Espero no tener que volver a llamar por esto. Adiós.

Abro la puerta de un tirón y me encuentro a Verónica.

—Grrr, gatita, ¿pero qué ha pasado para encontrarte con el ceño tan arrugado incluso con semejante vestidazo rojo que te has puesto hoy?

El rojo es mi color favorito, seguido del blanco, pero ni eso ha conseguido ponerme de buen humor.

—La incompetencia ha pasado. —Me guardo el teléfono y termino de beber el café que ya se me ha quedado frío.

—¿No vas a invitarme a pasar?

—Claro, amiga. Adelante, entra en casa. —Hago una mueca—. Estoy de mal humor, perdona. ¿Quieres un café?

—Claro, y de paso tú te tomas otro para relajar esos nervios.

—Creo que la cafeína no funciona así.

Se ríe entre dientes mientras llegamos al jardín trasero.

Jonah, un chico joven que ayuda a Marthia con la compra y también con la comida si el plato del día lleva mucho trabajo, se acerca para preguntarnos qué queremos tomar.

Se marcha después de que mi amiga le dé un buen repaso y babee por toda la mesa de cristal.

—Y dime, Clarita, ¿hay alguna razón para este mal humor?

Sí. Mi marido no ha querido follarme hasta las entrañas esta mañana.

—No es nada.

—¿No?

No. Solo que he intentado tentarlo haciéndolo rabiar, pero no ha dado resultado.

Ha pasado de mí olímpicamente. Y me encantaría compartir mi vulnerabilidad y sensación de culpa con alguien que supiera escuchar, pero sé que si te lo cuento a ti, lo sabrá todo el vecindario antes de que salgas por la puerta.

Supongo que tendré que conformarme con revivir en la ducha lo que hizo ayer conmigo y contentarme con eso.

—No lo parece.

—No quiero aburrirte, amiga.

No es que acose sexualmente a mi marido.

Es solo que… últimamente él no… No parece tan entusiasmado conmigo.

¡Y lo que me da más rabia de todo es que fue Kenerick quien me obligó a ser una busca pollas!

Nuestra tercera semana de novios me hizo firmar un acuerdo conforme cada impertinencia por mi parte sería castigada con actos sexuales poco convencionales.

Pensé que estaba chalado. Tendría que haberme largado antes de convertirme en esta mujer hambrienta e insaciable que ha sido muy borde esta mañana y, sin embargo, no ha recibido ni un castigo rapidito.

A veces, si lo veo enfadado por el trabajo, entro en el juego de los castigos solo para animarlo un poco… ¿Y él esta mañana se larga pasando de mi cara? Mal, señor Ashcroft, te van a robar a tu mujer.

¿Pero a quién quiero engañar? Kenerick Ashcroft es el amor de mi vida.

—Tierra llamando a Clara Ashcroft. Sabes que no me estás haciendo partícipe de esa conversación interna, ¿verdad?

—Ohh, perdona, ¿qué has dicho?

—Vamos, cuéntamelo, Clara.

Me excuso con que mi hijo llegara ayer hambriento.

—Ya sabes, las madres nunca dejamos de preocuparnos por todo —carraspeo.

—Clara, ¿puedo hacerte una consulta? —una voz suave nos llega desde la puerta que da al jardín de atrás.

—¿Has contratado a una stripper para tu marido, Clara Ashcroft? —pregunta Verónica entre risitas.

Me giro y me quedo en shock.

—Por dios, Chloe, ¿qué llevas puesto?