Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 13
14%

Capítulo 13

—Y a estoy aquí, perdona la espera.

—No tienes de qué preocuparte, Liam.

El pequeño va a alcanzar el batido, pero lo aparto antes de que lo haga.

—Puedo imaginarme que tu madre habrá insistido mucho en que te bebas uno de estos, pero vamos a dejarlo como postre, ¿vale? Si respondes bien a mis preguntas, puedes beber un trago.

—Hecho. Aunque no sería un postre. Los postres me gustan.

—¿El batido no?

Sacude la cabeza.

—El kiwi, el plátano y las moras ácidas no combinan bien juntos. Pero son muy sanos.

—Entiendo. ¿Tu padre te obliga a tantas cosas que no te gustan? ¿O es solo tu madre? —tanteo.

—No, él… trabaja mucho.

Noto cómo la silla en la que está sentado se va haciendo más y más grande. O él más pequeño.

—Bueno, no te preocupes, que podrás hacer lo que quiere tu madre, Liam. Pero primero estudiaremos un poco, ¿vale?

La cosa no va bien y empiezo a sudar.

Es evidente que Liam es un niño muy listo, pero he subestimado lo complicado que sería hacerme pasar por una experta. Principalmente porque tiene muchas preguntas y no sé cómo contestarlas, ¡pues no sé puto francés!

—Lee la frase, Liam. —Intento centrar la atención en él una vez más.

—Pero no sé cómo se pronuncia esta palabra de aquí, Chloe. ¿Es con «e» o con «u»?

Le doy la respuesta equivocada y nos damos cuenta un par de ejercicios después. AY.

—No sabes mucho francés, ¿no?

—Cla-claro que sí. Por supuesto.

—Mentir está mal. —Se aleja de mí con recelo.

— Liam… yo no… No m iento.

—Entonces háblame en francés. No una frase, una conversación. Vamos. —Alza su dedo índice hacia mí y me señala—. ¡No sabes! ¡Me voy a chivar!

—Espera, Liam. Para. —Exhalo y bajo los hombros.

—¿Quieres robar a mis padres? No eres la primera que lo intenta. No te saldrás con la tuya. Tenemos alarmas.

—No intento robar a tus padres, estoy trabajando en esta casa para repartirme el dinero con una amiga au pair que lo necesita.

Annabelle es quien debía ser tu tutora, ella es la que sabe francés como una nativa, pero tuvo un accidente feo y como medida desesperada he venido yo.

El trato es que el dinero que gane lo repartimos entre ambas.

—Oh —dice con los ojos llenos de lágrimas—, eres muy buena amiga.

—Te prometo que voy a estudiar muchísimo para poder enseñarte bien. Y no empezamos de cero, algo sí que sé.

— Chloe … —Me mira con cariño.

—Entonces, ¿no dirás nada? —le ofrezco mi meñique y él lo acepta.

—Nada de nada. —Sonríe para mi alivio.

Sorbo por la nariz de forma exagerada y me froto los ojos igual.

—¿Crees que podrías traerme pañuelos, Liam? No sé dónde los guardáis.

Él se baja de la silla de un salto y echa a correr. Pongo los ojos en blanco y cojo el estúpido vaso. Aparto la pajita de cristal y me bebo el batido de una sentada. Termino de vaciar el delicioso contenido cuando él llega.

—El batido…

Abro mucho los ojos, asustada.

—Dios, perdona. Necesitaba algo para tragarme el nudo de la garganta. Lo siento, es que no quería llorar más. Me siento una tonta.

—No pasa nada, Chloe —pone los pañuelos en la mesa, a mi alcance—. Le voy a preguntar a Marthia si puede hacerme otro, ¿vale? Le diré que tengo mucha hambre y no sabrá que has sido tú.

—Gracias otra vez. No sé qué decir.

Pasan las horas y Liam se marcha a su cursillo intensivo de verano de natación.

Me invento una excusa y le digo a Marthia que me saltaré la cena. Oigo decir a Clara que mientras esté aquí haré las comidas en mi dormitorio, a solas. «Para tener privacidad». Sí, sí.

Apenas aguanto las arcadas al llegar al dormitorio.

Entro en el minúsculo baño a toda prisa y clavo las rodillas en el suelo. Vomito sangre y batido sobre la cerámica blanca destrozándome por dentro.

Esto me pasa por ser buena persona.

Me enjuago la boca y me quito el sudor de la cara. Voy dando tumbos hacia la cama hecha polvo y con ganas de morirme. Me desnudo por completo y al separar las sábanas encuentro un tanga blanco de encaje manchado de sangre bajo la almohada.