Capítulo 9
S us embestidas son violentas. Me penetra tan profundo que me pone los ojos del revés, castigándome como solo él sabe.
Desearía que me hiciera más daño, que me marcara más, que me apretara más.
Pero esto está bien. Deshacemos la cama con el sudor de nuestros cuerpos mientras mi voz se rompe con un gemido tras otro.
Alguien tendría que hacerle un monumento a su polla y no voy a ser yo, porque estoy muy ocupada disfrutando de que me folle sin miramientos.
—Más fuerte.
—Yo te diré cómo lo quieres, Clara.
Se cree muy duro. Violento. Y en la cama lo es, pero no tiene ni idea de hasta qué punto llega mi mente perturbada. De lo que me gustaría hacernos el uno al otro. En ocasiones he tanteado el terreno, pero me ha cerrado la puerta.
—No puedo más. Me corro —le informo, como si no lo supiera.
Kenerick Ashcroft folla bastante bien, la verdad. Lo sé por las veces que estallo en un orgasmo sin el más mínimo control.
Ahora ya sabes que no tengo el cutis así de bonito por las cremas de noche que me compro.
Al alejarse de mí, quiero maldecir abiertamente su trabajo, pero me contengo . Yo siempre me contengo.
Me doy una ducha rápida para serenarme y, como un perrito faldero, lo sigo a su despacho para estar un poco más con él.
Sé que en los libros dark romance sucios que leo a escondidas, el protagonista siempre es el obsesionado con ella, y que nuestra relación no es así.
Pero no pasa nada. Hacemos que funcione.
—Hazla subir —es lo único que dice antes de cerrar la puerta de su despacho y dejarme a mí fuera, en el pasillo.
Todavía me tiemblan las piernas del orgasmo, estoy yo como para rebatirle nada. Quien diga que la vida matrimonial es aburrida no lo conoce.
—Estoy loca por este hombre —susurro para mí.