Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

D ecir que es un hombre guapo sería como decir que hay alguna que otra estrella en el cielo. Es la clase de hombre que nunca te cansarías de mirar. O follarte.

Sus ojos cargados de determinación tienen dos tonos distintos de azul, como una tormenta rabiosa. Están enmarcados por un mar de pestañas y unas cejas tan oscuras como la mata de pelo que tiene en la cabeza, ahora algo revuelta por los dedos de su mujer.

Su olor a aftershave y el de colonia masculina son agradables, pero me gustaría más oler su sudor.

Kenerick Ashcroft es un pastel al que no le falta la guinda y soy plenamente consciente de ello cuando sonríe y le aparece un hoyuelo en la mejilla izquierda.

Es la clase de hombre que te hace pensar en el pecado antes que en el peligro, lo cual, con toda seguridad, es la manera más estúpida de acabar muerta.

Mis hormonas diseccionan la expresión de su rostro. Es como si su cara estuviera dividida en mitad maldad, mitad bondad. Un delicioso compendio de problemas para cualquiera con ojos y deseo sexual.

Me ofrece la mano y aprieto los muslos sin querer. Teniendo en cuenta el tamaño de sus bíceps (más grandes que mi cabeza) cualquiera esperaría que su apretón me crujiera los nudillos, pero es bastante suave. Dulce.

Una lástima. ¡Y yo que quería que me la partiera! Así tendría un recuerdo suyo.

—Tú debes de ser Annabelle.

—¡No! No, ella es…

—Chloe Vilmort, señor Ashcroft —comento mientras sigue estrechándome la mano.

Tiene los dedos muy gruesos.

Mucho.

—Puedes llamarme Kenerick —aprieta los labios convirtiendo su sonrisa en un gesto más cordial y me suelta para rodear a su mujer por la cintura—. Cariño, ¿le has comentado mis reglas?

—Todavía no he tenido oportunidad.

—Supongo que por eso se ha atrevido a interrumpirte mientras hablaba.

La tensión se palpa en el ambiente durante los segundos de perplejidad en los que dejo que el silencio se alargue.

—Lo siento mucho, no pretendía ser maleducada —me disculpo.

—Tranquila, Chloe —dice Clara, luego mira a su marido, más seria—. Le comentaré las reglas.

Clara Ashcroft abre la boca para seguir hablando, probablemente para ofrecerse a hacerlo ahora mismo, pero no tiene oportunidad.

—¿Por qué no la dejamos instalarse, cariño? Falta un rato para que llegue Liam, es el momento perfecto.

—Tienes razón. Lo es.

—No necesito instalarme, he traído muy poca cosa —digo entre risas cordiales, aunque la verdad es que no quiero que se marche con él.

Es evidente que a Clara le parece una impertinencia por mi parte. Adivino, otra de las reglas de la casa es no llevar la contra al señor Ashcroft.

—Al menos deberías cambiarte.

—¿Dis-disculpe?

¿El señor Ashcroft acaba de llamarme sucia o algo así ?

—Tienes sangre en la camiseta.

Bajo la mirada y compruebo que tiene razón.

—Me sangra la nariz cuando estoy nerviosa. Lo siento, me cambiaré enseguida. Esto es muy importante para Annabelle y para mí. Prometo hacer un buen trabajo.

Clara vuelve a sonreír de manera cordial mientras apoya la cabeza en el costado de Kenerick, que me mira como si lo último que fuera a preguntarme fuera por qué no está esa chica aquí, o por qué estoy yo en su lugar, o de qué va todo esto.

Con un movimiento de cabeza a modo de despedida, el señor Ashcroft sale de la habitación y Clara se va detrás como un perrito.

—¿Has hecho algo para enmendar tu castigo? —le oigo preguntar a él, ya en el pasillo.

—Sí.

—¿Eso quiere decir que ahora no llevas nada?

—Sabes exactamente lo que quiere decir, Kenerick —dice ella en tono repelente, casi cruel.

—Sabes que no te servirá de nada, ¿verdad? Que lo hecho, hecho está…

Dejo de oír con claridad lo que dicen, pero sé que siguen hablando. Oigo el murmullo y percibo que su conversación es cada vez más cortante.

¿Voy a quedarme de brazos cruzados mientras le zurra? Debería hacer algo.

¿Qué hago?

Me acerco al ventanal que da a su dormitorio.

Veo al señor Ashcroft empujar a Clara a la cama sin miramientos y justo cuando voy a salir del cuarto la veo a ella sonriendo a más no poder. No es tan buena actriz, no está fingiendo. Está disfrutando como una condenada. Entonces la veo subirse el vestido y abrir mucho las piernas.

La hostia.

Él le da la vuelta en la cama y azota su culo sin miramientos.