Capítulo 6
S e disculpa por la intromisión y continúo la entrevista.
—Imagino que sabes francés, ¿verdad?
—Sí, claro. De lo contrario no sería muy útil como au pair , ¿no le parece? —intenta sonar graciosa, pero no sonrío porque no quiero que se tome demasiadas confianzas—. Perdón, Annabelle y yo estudiamos juntas. Nuestros currículums son idénticos.
Eso me alivia.
—Où avez-vous fait vos études ?
—À Paris.
—L’expérience vous a-t-elle plu ?
—Oui.
Aprieto los labios. Quiero que se explaye más en sus respuestas en francés, pero aunque lo intento repetidas veces, no hay manera.
Quizá sea tímida o quizá esté nerviosa porque no quiere fallarle a su amiga.
En cualquier caso, es innegable que tiene nivel para enseñar a un niño de ocho años.
—¿Te ha hablado Annabelle del salario?
—Sí.
—¿Estás conforme?
—Muy conforme. De lo más conforme.
Me da ternura. Es evidente que necesita mucho el dinero. Y eso que ella solo va a quedarse con un cincuenta por ciento del total para repartirlo.
Entre eso y que Annabelle iba a instalarse en casa hoy para conocer a Liam esta misma tarde… No, lo cierto es que no me apetece seguir prolongando la espera.
—¿Me disculpas un momento, Chloe? —Me ausento del saloncito y saco el teléfono.
No es que tache de mentirosa a la chica de las coletas, pero necesito hacer una pequeña comprobación, así que llamo a la agencia.
Ellos me confirman que, de hecho, la pobre Annabelle sí ha tenido un accidente.
Están al corriente porque la au pair no tiene familia aquí y puso como contacto de emergencia a una de las gestoras.
Aunque eso me parece raro teniendo en cuenta que su mejor amiga está en uno de mis salones, me dicen algo espantoso, algo horrible que se queda con mi atención, algo peor de lo que esperaba.
—Siento mucho oír eso.
—Podemos enviarle a otra au pair, señora Ashcroft, pero harán falta unos días.
Sé de otras madres de la zona que apuntaron a sus hijos a idiomas el primer día de verano y de eso hacen ya dos semanas, ¡¡pronto tres!! Liam necesita empezar cuanto antes. ¡No puede ir rezagado por mi culpa!
Además, Chloe ya está aquí y si la echo, estaré perjudicando a dos chicas.
Cuelgo y vuelvo con la au pair.
—Tengo una buena y una muy mala noticia, Chloe. —Se levanta en cuanto entro en la sala, así que es más fácil para mí cogerle la mano.
Me sorprende lo callosa y dura que la tiene.
—Vale.
—El puesto es tuyo, si lo quieres. Nos encantaría tenerte en casa.
—¿De veras? —se le ilumina el rostro y parece aguantarse las ganas de abrazarme.
Doy gracias por ello.
—Sí, pero verás, he llamado a la agencia para comunicarles el cambio… —Me mira como si supiera que miento, lo cual por alguna razón me pone nerviosa—. Chloe, me han dicho algo sobre Annabelle. Es algo terrible. Ha entrado en coma.
Se llenan los ojos de lágrimas. Es inmediato. Me quedo inmóvil sin saber qué hacer, cogiéndole las manos. De repente se recompone y saca una sonrisa. De nuevo, una que le ocupa toda la cara.
—No pasa nada. Ella… ella se pondrá bien. Trabajaré muy duro en esta casa para poder animarla cuando despierte.
La forma que tiene de aguantarse las lágrimas es demoledora. Creo que nunca he visto unos ojos tan tristes como los suyos.
—Cielo, lo siento mucho.
—No es culpa tuya. Y me estás dando trabajo. No tienes nada que sentir.
—¿Tendrías algún problema con empezar hoy mismo?
—Ninguno. Madre mía, ¡ninguno en absoluto!
—¿Te gustaría ver tu habitación?
Asiente y me la llevo al piso de arriba.
Pobrecita mía.