Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

S e me queda mirando un buen puñado de segundos y caigo en la cuenta.

La leche, colega. He patinado.

Debería haber mentido, haberla convencido de que tengo cuarenta y dos añazos, tres hipotecas, lumbalgia y experiencia criando a siete sobrinos y a un exnovio inútil y fondón que no sabe la diferencia entre el clítoris y el punto G.

Tampoco sería peor que la vida que he tenido.

Nota mental: la señora Ashcroft insegura de su edad, celosa potencial. Peor que tener una jefa difícil es no saber cómo tratar con ella.

Mirándola bien, va vestida de punta en blanco, lo cual encaja con lo de loca-del-control-y-el-orden-hater-de-las-sorpresas, pero tiene una cara de lo más angelical. Quizá sea dura porque esconde un corazón blandito.

O quizá sea una bruja total.

Clara deja de mirarme como si estuviera oliendo algo rancio y sonríe con amabilidad premium.

—Bien, eso es bueno. Tendrás energía para lidiar con un niño de ocho años.

—Muchísima, señora Ashcroft. Casi me siento una de ellos.

—En serio, llámame Clara —se desabrocha el cuello del vestido.

Sé que no está intentando ligar conmigo, tiene la frente empapada en sudor desde que me ha recibido en la entrada. Pero de repente se mueve y veo las marcas. Sobre su piel blanca de porcelana, hay algunas manchas azuladas y otras lilas más oscuras.

Adivina adivinanza, ¿qué señor de la casa tiene la mano muy suelta?

—¿Chloe?

Me doy cuenta de que me he quedado mirándole el cuello y que me ha visto.

—¿Estás bien? ¿Son de alguna reacción alérgica? Las marcas, digo —sé que no, pero soy incapaz de no sacar el tema a la palestra aunque sea con disimulo.

La señora Ashcroft se sube la cremallera hasta arriba mientras me observa estrechando la mirada como si le hubiera pinchado el ojo con un cactus.

—Algo indispensable para alguien que va a trabajar y vivir en mi casa es la discreción y la inteligencia para saber que el momento de meterse en asuntos ajenos es… nunca.

Y en un abrir y cerrar de ojos Clara Ashcroft ha pasado de parecer una ricachona educada a parecer alguien que sabría exactamente dónde cortar para que te desangres sin manchar la alfombra. Ea. Oído cocina.

Chloe no quiere problemas. Nop. No los quiere.

De repente oímos un portazo en alguna parte de la mansión. Toda la actitud de la señora Ashcroft se desinfla. Separa los labios para decir algo, pero no emite sonido alguno. Parece tensa. Nerviosa. ¿Es posible que lo que veo en ella es que quiere salir huyendo? ¿Tiene miedo?

Oímos unos pasos. Unos que se acercan cada vez más. Cualquier inocente au pair sería capaz de ver que aquí está ocurriendo algo raro.

—Chloe, ¿podrías…? —Los pasos llegan hasta nosotras antes de que Clara termine la frase.

En el marco de la puerta aparece una mujer mayor con un delantal.

—Señora, ¿desean algo de beber? ¿Algún té ?

Recomponiéndose, Clara no puede disimular que le falta el aliento. Me mira interrogativa y niego con la cabeza.

—No, Marthia, gracias. Y por favor, ten más cuidado con las puertas.

—Sí, señora.