Capítulo 25 #3
Hazel cotejó el número de catálogo con las listas de Vern y Ashley.
—Sin duda es la pintura que les interesaba a los dos.
Se titula El sitio de Kimberley . Según las notas de Vern, estaba entusiasmado con el hallazgo.
El bisabuelo de Roger combatió en la Guerra de los Bóers, quizás incluso en el sitio de Kimberley.
Vern estaba encantado de que Ashley hubiera recordado el pasado de Roger y parecía convencido de que por eso había reservado la pintura, con la intención de regalársela a su padre por su cumpleaños.
Con sumo cuidado, volvió a colocar la pintura donde la había encontrado.
—No debería haberme hecho ilusiones. Ashley es simplemente una hija cariñosa y atenta que vio el regalo perfecto.
Mi obsesión con el arte y una imaginación desbocada me llevaron a una conclusión equivocada. No hay ninguna obra maestra oculta.
—Valía la pena intentarlo —dijo Hazel—. Seguramente Ashley quería congraciarse con su padre regalándole algo extra por su cumpleaños. Una forma sutil de recordarle que es su hija quien entiende de arte e historia familiar, no su hijo.
Benedict sospechaba que tenía razón, pero eso no le impidió pasar otra hora en el almacén revisando los demás objetos que se habían considerado indignos de la exposición.
Nada de nada, cero patatero. La evaluación de Ashley era acertada: las piezas eran de segunda categoría.
Benedict se preguntó si las instituciones más astutas habrían sospechado de los motivos del Ministro de Patrimonio Cultural y habían enviado sus obras menores.
Justo cuando estaba a punto de tirar la toalla, Hazel dejó escapar un gemido quedo que habría despertado las sospechas de Carol de haber estado escuchando tras la puerta.
Pero el objeto de su deseo era solo un viejo equipo de pintura que parecía llevar más de un siglo acumulando polvo.
Una caja de pinturas desvencijada, un taburete plegable y un caballete ligero, junto con la mochila de lona adaptada que el artista había usado para cargar con sus bártulos por parajes agrestes.
Solo otra paisajista suspiraría con tanta pasión ante algo así.
Aun así, Benedict examinó cada objeto. El equipo tenía escaso valor histórico y menos aún monetario. Sin embargo, la reacción de Hazel le intrigó. —¿Qué te atrae de estos objetos, Hazel?
—Evoca tanto una época pasada... El artista victoriano entregado, viajando por doquier en busca de inspiración.
Podría acompañar alguna de las maravillosas pinturas tempranas del paisaje de Nueva Zelanda en la exposición.
—Hazel hojeó la lista de Ashley—. Para nosotros carece de importancia, porque Ashley no ha reservado estos objetos y las notas de Vern no los mencionan.
Quizás a tu pareja le gustaría como regalo de disculpa.
Un equipo de pintura victoriano sería un añadido magnífico para una galería.
—Demasiado barato para ella —murmuró Benedict, antes de darse cuenta de que sonaba mezquino con su pareja y despectivo con los gustos de Hazel—.
Entiendo perfectamente por qué el equipo atrae a una artista, pero una galerista lo vería de otra manera.
¿Por qué no le devuelves las llaves a Carol mientras yo echo un último vistazo a la exposición?
Cuando Hazel salió a toda prisa en busca de su hermana, Benedict fue directo a la oficina del director de la exposición para preguntar si podría comprar el equipo de pintura.
El director de la exposición comprobó el número de catálogo.
—Está de suerte. Desde el revuelo por la posible venta de objetos, nos ha llegado una avalancha de llamadas y correos de las instituciones.
Como puede imaginar, muchas se oponen a cualquier tipo de venta, mientras que otras han presentado una lista de objetos de los que se desprenderían siempre que se les reembolse según una tasación independiente.
Sin embargo, unas pocas instituciones se olieron la tostada desde el principio y solo enviaron objetos sobrantes, incluido el museo que envió el equipo de pintura.
Por lo que se deduce, estaban encantados de liberar espacio de almacenamiento.
La gente que vacía los desvanes de sus padres y abuelos suele ver los museos locales como un vertedero conveniente para objetos de dudoso interés histórico.
Consultó otra lista en el ordenador. —Clayton & White no lo ha incluido entre sus adquisiciones, y nadie más ha mostrado interés. De hecho, el objeto no se consideró digno de exhibirse en la exposición, lo que significa que puede comprarlo ahora mismo al precio de tasación.
—Sí, por favor, siempre que pueda dejarlo aquí hasta que encuentre un lugar seguro donde guardarlo.
—Benedict quería dejar el equipo de pintura en el estudio de Hazel para que lo descubriera cuando él se hubiera marchado, lo cual implicaba meterlo a escondidas en su propio dormitorio cuando ella no estuviera.
El regalo ideal para agradecer a Hazel su hospitalidad.
Hazel se reunió con él en la salida y le dijo que tenía otros asuntos que atender en la ciudad. Lamentó perder su compañía, pero aquello le daba la oportunidad perfecta para llevarse el equipo de pintura a casa a escondidas.