Guía de una detective para el asesinato y las bellas artes (Detectives de cierta edad 1) Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

—A ver, ¿podemos centrarnos en lo importante? —dijo Gary, un poco demasiado alto—. Supongo que no fue una emergencia de vino y queso lo que te hizo abandonar el teléfono, ¿verdad, Hazel?

—Más bien una emergencia relacionada con Jeremy Clayton —admitió Hazel—. Al final resultó que no fue la mejor idea ir a dar un paseo para despejarme. Lo siento.

—Tampoco fue la mejor idea para él, me imagino —dijo Benedict—, a juzgar por la ausencia del frasco de perfume en la mesa. ¿Funcionó el «espray de chile», Hazel?

—Fue muy efectivo. Le di a Jeremy un buen bolsazo en la oreja, antes de huir con la gracia de una gacela.

Por suerte, me rescató una banda de abuelitas duras de pelar.

Me han reclutado para su grupo de conservación, que arranca plántulas de pino silvestre de las colinas.

Cuando tenga algo de tiempo libre, claro.

—Ojalá hubiera estado allí —dijo Benedict, con las patas de gallo bien marcadas de tanto sonreír—. Antes de que a Gary le dé un aneurisma, quizás sea mejor que nos lo cuentes desde el principio, ciñéndote a los hechos relevantes.

Hazel les contó las disculpas de Roger, su profundo dolor y cómo habían pillado a Samira y Jeremy en una situación comprometida. Para su sorpresa, Gary tenía los ojos brillantes de emoción cuando terminó.

—¡Jeremy y Samira son amantes! —dijo Gary—.

Por fin las piezas encajan. Un trabajo de dos personas tiene todo el sentido si lo combinas con lo que descubrí esta tarde.

Vern era un obstáculo en el plan de Jeremy para expandir el negocio a mercados extranjeros lucrativos.

Debió de ser la gota que colmó el vaso cuando Vern descubrió el dinero que Jeremy había transferido a una cuenta offshore con fondos de Clayton & White.

Y Samira tenía acceso a la insulina de Vern.

Ahora Benedict también estaba en el borde del asiento.

—¿Eso significa que has rastreado el pago hasta Jeremy? ¿Me atrevo a preguntar si has conseguido averiguar quién es el destinatario?

—En realidad, no llevó tanto tiempo como pensaba.

Con la contraseña de Vern, no tuve problema para acceder al sistema informático de Clayton & White.

Jeremy no es precisamente el Einstein de los estafadores, aunque no me quejo.

La factura falsa de 125.000 libras se envió por correo electrónico desde el Reino Unido, no desde Nueva Zelanda.

El pago saliente se hizo desde la dirección IP de Jeremy, lo cual fue un descuido por su parte.

—No todo el mundo es un genio de la tecnología —dijo Hazel.

—La cuenta bancaria offshore fue lo difícil.

Por suerte, mi trabajo en el Grupo de Crimen Organizado me da acceso a herramientas muy útiles, y les añadí algunos retoques de mi cosecha.

No puedo decirte quién es el titular de la cuenta offshore, pero sí puedo decirte que se hicieron dos pagos desde la cuenta a los pocos minutos de depositarse el dinero.

Un pago de 100.000 libras a una cuenta fiduciaria del Reino Unido y otro de 25.

000 libras a una cuenta fiduciaria de Nueva Zelanda.

Gary se repantigó en el sofá con una amplia sonrisa.

—¿Alguna idea?

—Suéltalo ya —dijo Benedict—, antes de que te lo saque a la fuerza.

—La cuenta fiduciaria del Reino Unido está a nombre del Sr. Raj Prasad, a quien localicé en una residencia para enfermos de demencia.

Tiene una hija llamada Samira, que tiene un poder notarial sobre sus asuntos.

El pago más pequeño fue a una cuenta fiduciaria neozelandesa llamada Smythe Family Trust.

—Gazza —dijo Benedict, besando la mejilla áspera de Gary—, eres un genio de campeonato.

Esto es exactamente lo que vine a buscar.

Madre mía, ¿qué otra cosa puede ser sino un soborno directo a Phil Smythe?

Mi contacto en la Agencia Tributaria estará eufórico.

El soborno a un funcionario público les dará motivos de sobra para iniciar una auditoría completa de Clayton & White.

Lo que parece ser un caso flagrante de malversación de fondos de la empresa por parte de Jeremy para dárselos a su amante será la guinda del pastel, bañada en oro.

La sonrisa de Gary se ensanchó tanto que parecía a punto de desencajársele la mandíbula.

—Mientras husmeaba por su patio trasero electrónico, encontré algunos otros bocados jugosos.

Nuestro amigo Jeremy tiene un alijo de carpetas secretas que parece creer que ha hecho invisibles enterrándolas bajo múltiples capas de camuflaje y encriptación.

Imbécil. Encontrarás un archivo en tu bandeja de entrada, Señor Finlayson, cuyo contenido debería hacer muy feliz a tu gente de la Agencia Tributaria.

Hazel soltó un grito de júbilo.

—Eres una estrella, Gazza. Smythe se va a estrellar de forma espectacular.

—Calma, equipo. Hay que mantener la compostura y todo eso.

Pero Gary también sonreía.

—Hazel tiene razón, viejo amigo —dijo Benedict—. Eres toda una supernova, Gazza. Los dos habéis estado brillantes. Disculpadme, tengo que escribir un informe urgente para mi contacto en el Reino Unido.

—Un momento —dijo Hazel—. Tengo que contaros qué más me dijo Roger Clayton.

Roger le dijo a Jeremy que sobornara al señor Huang para quitárselo de encima.

Por lo visto, está escondido en un eco-resort, cumpliendo su sueño de ver pingüinos en libertad.

Un lugar remoto, sin cobertura. Yo apostaría por la península de Otago, que es el hábitat de pingüinos más cercano.

—¿Pingüinos? Anda ya. Suena a una sarta de mentiras que Jeremy se inventó para tranquilizar a su padre.

Gary tecleó un mensaje en el móvil.

—He soltado a Louisa Pyke. Si Huang está ahí, lo encontrará. Sería un alivio encontrarlo vivo y de turista en vez de en una fosa. ¿Algo más, Hazel?

—Roger tiene sus dudas sobre la capacidad de Jeremy para dirigir la empresa, pero parece que le traspasará el negocio a su hijo de todos modos.

Vern pensaba que Ashley era mejor candidata para directora ejecutiva, y Roger no le llevaba la contraria, pero Jeremy es mayor que su hermana, y Roger sabía que se pondría furioso si Ashley le quitaba el puesto.

Roger piensa compensar a su hija con una cantidad equivalente en efectivo, para no parecer que tiene favoritos.

—Los tres tienen un motivo de peso para deshacerse de Vern —dijo Gary—.

No se puede pasar por alto que Roger Clayton es quien más tiene que ganar económicamente con la muerte de Vern.

Jeremy se convierte en director ejecutivo y futuro propietario, y seguro que le preocupaba que Vern estuviera al tanto de sus tejemanejes.

Los dos se reunieron con Vern justo antes de la sobredosis mortal.

Ashley recibe una suma enorme y su libertad, pero no estuvo cerca de Vern el día que murió, y daba la impresión de que Vern le caía bien de verdad, al contrario que a su hermano.

Para Hazel, Jeremy era el principal sospechoso, aunque sabía que su juicio estaba condicionado por el reciente encuentro con él.

—No me puedo creer que Roger esté detrás de esto. Está destrozado por la muerte de Vern.

—O es un actor estupendo —dijo Gary—. Lo siento, Hazel. Los polis somos desconfiados por naturaleza.

—Ya veo que reunirme con él no fue lo más inteligente, y os pido disculpas. Os agradezco que estéis pendientes de mí.

—Por tu propia seguridad, cielo —dijo Gary, abrazándola con fuerza—. Supongo que yo también he aprendido la lección. Mantenerte al margen es un peligro para ti y para mi tensión arterial.

—Estáis los dos locos de remate —dijo Benedict—, pero os voy a echar de menos.

Gary le dio una palmada en la espalda.

—Anímate, Benny. El informe puede esperar a mañana. Pasémoslo bien en tu última noche.

Sonó el timbre. Hazel dio un respingo, temiendo que Jeremy la hubiera localizado y viniera dispuesto a vengarse de su humillación.