Guía de una detective para el asesinato y las bellas artes (Detectives de cierta edad 1) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—Sí, buena suerte con eso, tío —murmuró Gary—.

A ese reportero se le nota en su cara depilada que está deseando escapar de Midday Chat .

¿Cuánto crees que le costará averiguar para quién trabajas?

Será mejor que estés preparado para un titular como: El tasador de arte personal del Rey lanza una dura reprimenda al gobierno de Nueva Zelanda .

—No soy el tasador de arte personal del Rey —refunfuñó Benedict—. Solo lo he visto dos veces de pasada. Y no reprendí a vuestro gobierno. Simplemente dije que si hipotéticamente se produjera una venta así en Gran Bretaña, no me haría ninguna gracia.

—Benedict, lo siento mucho —dijo Hazel—. Apreciamos tu heroico sacrificio, pero supongo que eso no te consuela.

—Heroico, lo que se dice heroico...

Benedict estiró las piernas y se puso las manos detrás de la cabeza.

—¿Sabes qué? Me he divertido más aquí en Nueva Zelanda que en años. El destino debe de estar dándome una patada en el trasero para decirme que es hora de cambiar. Quizás tomarme unas largas vacaciones y cumplir algunos sueños pendientes, y luego buscar trabajo como consultor.

—Tienes un concepto muy raro de la diversión —dijo Gary—. Pero, oye, ¿por qué no salimos todos esta noche a pasarlo bien de verdad? Despejarnos un poco antes de meternos con la acusación de soborno.

Sonó el teléfono de Hazel. Era Mary, que quería el número de Benedict para agradecerle en persona.

—Benedict y Gary están conmigo, Mary. Te pongo en altavoz.

—Benedict, cariño, ¿me oyes?

—Alto y claro, Mary —dijo Benedict, apartándose un poco para protegerse los tímpanos.

—No me había emocionado tanto con la actuación de un hombre desde...

—Estás en altavoz, Mary —la interrumpió Hazel—. Seguro que Benedict no quiere oír detalles sórdidos.

—Qué mente tienes, niña —dijo Mary—. Iba a decir desde que David Lange declaró Nueva Zelanda zona libre de armas nucleares. Pero, ya que lo mencionas, no hay nada más atractivo que un hombre que defiende lo correcto y encima queda estupendo.

—Te aseguro —dijo Benedict, rojo como un tomate— que en toda mi vida jamás he quedado estupendo. Pero gracias de todos modos. Buena suerte con tu campaña.

—Gracias, cielo. Hasta lueguito.

Mary apenas había colgado cuando llegó un mensaje de Carol. Madre mía, ¿has visto las noticias, hermana? ¡¡Qué tío!!

Carol había adjuntado un enlace de redes sociales con un clip manipulado de Benedict: se inclinaba para estrechar la mano y luego la retiraba, mientras Smythe pasaba de sonreír a quedarse con cara de haber recibido una bofetada.

Habían editado el clip en un bucle interminable que repetía esa fracción de segundo en que Smythe pasaba de la sonrisa a la sorpresa. El clip se había vuelto viral.

Hazel intentó ocultarlo, pero Benedict estaba mirando por encima de su hombro. Le puso la mano encima.

—No mires tu teléfono, Benedict.

Él miró su teléfono.

—Oh, mierda.

Gary se acercó, le quitó el teléfono y se puso a teclear con dedos asombrosamente rápidos.

Benedict no protestó. Hazel lo tomó del brazo y sugirió que prepararan el almuerzo.

Por suerte, había llenado la nevera después de su primera entrevista policial —comprar siempre la calmaba—, así que preparar un festín improvisado no le costó nada.

Benedict demostró unas habilidades culinarias impresionantes, aunque tenía la cabeza en otra parte.

No parecía darse cuenta de que estaba canturreando, seguramente para distraerse de la crisis que él mismo se había buscado.

Hazel pensó que debería cantar más a menudo, porque tenía una voz encantadora, pero no se lo dijo por si acaso dejaba de hacerlo.

Mientras ponían la mesa, les llegó la voz de Gary desde el salón.

—Todo listo, Benedict. He bloqueado los mensajes no solicitados, pausado las redes sociales y configurado una respuesta automática de «sin comentarios» para los medios. Dios, estoy muerto de hambre. ¿Pedimos pizza y cerveza?

—El almuerzo está listo —respondió Hazel—. Ensalada verde, vinagreta con aceite de oliva ecológico de la zona, pollo ahumado, pan de masa madre rústico y una tabla de quesos. He abierto un Riesling fresquito de Central Otago para animarnos.

Benedict se relamió y se sentó. Gary se quedó en el umbral con cara de pena, pero acabó suspirando y uniéndose a ellos. Hazel encontró una cerveza fría para Gary y sirvió vino para ella y Benedict. Insistió en que brindaran al estilo de los Tres Mosqueteros.

—¿ Uno para todos y todos para uno ? ¿En serio, Hazel? —dijo Gary, aunque chocó su botella contra las copas de los demás.

—Aguántate, Gazza —respondió Hazel—. Yo elijo porque soy la que fue acusada de asesinato.

—Sí, tienes razón. Me cuesta hacerme a la idea de ser el único que no está metido en líos —dijo Gary.

Se sirvió una pequeña porción de ensalada y llenó el plato de pollo y pan untado con una generosa capa de mantequilla.

—Un almuerzo delicioso —dijo Benedict—. Espero que ahora puedas relajarte, Hazel. Estás libre de sospecha y para ti esto ha terminado. Gary y yo seguiremos investigando la acusación de soborno con Louisa Pyke. Estoy deseando ver qué encuentra en la habitación de hotel de Vern.

Una forma amable de echarla del equipo. Hazel lo dejó pasar, porque la muerte de Vern la había afectado más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Sin embargo, Gary y Benedict estaban locos si pensaban que iba a volver a su vida normal como si nada.

Para empezar, Hazel no estaba convencida de estar libre de sospecha; más bien creía que seguía en libertad solo porque no había pruebas suficientes.

El problema era que le costaba creer que la muerte de Vern hubiera sido una sobredosis accidental, cuando había muerto tan poco después de descubrir que faltaba dinero en las cuentas de Clayton & White.

—¿Puedo hacer una sugerencia? —dijo.

Gary puso los ojos en blanco.

—Uy, uy, conozco ese tonito dulce e inocente de sobra gracias a mi tía Mary. ¿Qué tramas, chica Bond?

—Cómete la ensalada, neandertal —dijo Hazel—.

Solo iba a ofrecer esta casa como lugar de trabajo para los dos.

Vais a necesitar todo vuestro equipo tecnológico para resolver esto, Gazza, y sé que en la cabaña de Mary no hay sitio ni para mover un portátil.

Y Benedict necesita estar más cerca del centro, de la acción.

De hecho, hay espacio de sobra si quieres quedarte, Benedict.

O los dos, ya puestos. Louisa Pyke puede estar aquí en cuestión de minutos si necesitáis un lugar privado para revisar pruebas.

Es más, si trajera todas las pruebas aquí, el equipo policial no se metería en líos por seguir una investigación que el ministro quiere cerrar.

—¿Y tú, bribonzuela? —preguntó Gary.

—Yo proporcionaría sustento e inspiración artística —dijo Hazel—.

Aunque, si queréis tener a alguien que os lea archivos y esas cosas, supongo que podría ser de alguna pequeña utilidad.

Me conviene ayudar, por supuesto, porque podrían arrestarme en cualquier momento si quien está detrás de esto necesita un chivo expiatorio.

Puede que se os haya escapado a vuestras brillantes mentes, pero sigo siendo la única persona que podría haber matado a Vern.

—Ese es el problema, Hazel —dijo Gary—. Aunque ahora estés libre de sospecha, me crucificarían si dejara a una posible sospechosa cerca de las pruebas. Por otro lado, me vendría bien tener un sitio donde montar mi equipo, si de verdad no te importa.

—Estupendo —dijo Hazel—. ¿Por qué no traes tu equipo ahora, Gazza, antes de tu reunión con Louisa? ¿Y tú qué, Benedict?

—Esta es mi última noche en el hotel. Aceptaré encantado tu generosa oferta de alojamiento, sobre todo porque tu casa tiene obras de arte preciosas, vistas maravillosas y buena compañía —dijo Benedict.

Esperó hasta que Gary cerró la puerta tras de sí.

—Además, me gustaría repasar las grabaciones contigo otra vez, Hazel. Mi investigación estaría hundida si no fuera por ti. Eso sí, también tendré que ir con cuidado con la policía local.