Capítulo 15 #2
—Aparece brevemente en las imágenes cuando sale del vestuario con el equipo de esquí —dijo Louisa—.
Fue directa a la salida, donde las cámaras exteriores la grabaron haciendo fotos hasta que salieron los tres hombres.
Roger Clayton cruzó unas palabras con ella y parecían llevarse bien.
Vern White salió después de que se marchara el coche de Roger.
—Excelente. Parece bastante claro que White se inyectó la insulina él mismo, lo cual es una gran noticia para nosotros, ya que apunta a una sobredosis accidental. Para él no, obviamente. ¿Has informado a Osborne?
—Sí, señor. Ahora tengo que hablar con la señorita Prasad sobre el cartucho de insulina y el kit que falta —Louisa consultó sus notas—. Me refiero al kit de glucagón, que se usa para subir el azúcar en sangre en caso de emergencia hipoglucémica. Faltaba en la mochila de esquí de la víctima.
—Los errores desafortunados tienden a acumularse —dijo Macalister.
En opinión de Benedict, el inspector tenía demasiadas ganas de que la muerte se archivara como un trágico percance médico.
Era comprensible, dado el circo mediático que se le vendría encima si surgía la menor sospecha contra un ministro del gobierno.
Por el bien de Hazel, Benedict esperaba que estuviera en lo cierto.
—¿Empezamos con las entrevistas, señor? —preguntó Louisa—. La hija va primero porque está muy afectada. Se llama Ashley Clayton. Casada, pero conservó su apellido de soltera. El marido no vino en este viaje. Le sugiero que deje al hijo, Jeremy Clayton, para el final.
A Louisa se le torció el labio al mencionar a Jeremy. Era evidente que no le caía bien. Benedict se preguntó qué habría hecho para irritar a la ecuánime Louisa Pyke.
Louisa salió de la sala y, dos minutos después, la pantalla del monitor se encendió. El sargento detective superior Osborne se puso en pie cuando Ashley Clayton entró en la sala de interrogatorios acompañada de Louisa.
Benedict apenas reconoció en Ashley a la mujer esbelta y elegante que se había movido con tanta seguridad por la sala de exposiciones unos días antes, revisando el inventario y saludando a los posibles compradores como una consumada profesional.
Ahora parecía demacrada y encorvada, con los ojos rojos e hinchados y el maquillaje corrido.
Sin embargo, una vez sentada frente a Osborne, se irguió e intentó aparentar entereza.
Osborne la trató con delicadeza, iniciando la entrevista sin prisas mientras verificaba sus datos personales y su relación con Vern White.
Ashley confirmó que era la ahijada de Vern.
Había sido el tío Vern para ella toda la vida, casi como un segundo padre.
Estuvo a punto de perder la compostura cuando le contó a Osborne que Vern había confiado en ella hasta el punto de ponerla al frente de las adquisiciones.
Ashley conocía bien su diabetes y explicó que Samira, la asistente personal de Vern, se encargaba de que siempre hubiera insulina y otros suministros médicos.
Sin embargo, Ashley no sabía nada más sobre su enfermedad ni su medicación, salvo que a todos les habían enseñado qué hacer si encontraban a Vern inconsciente, algo que nunca había ocurrido, que ella supiera.
—¿Fue eso lo que pasó? —preguntó Ashley—. Me lo preguntaba. Vern es... era un esquiador excelente, pero le encantaba forzar la máquina, así que supuse que había tenido un accidente.
—Por ahora solo estamos barajando todas las posibilidades —dijo Osborne—. ¿Cómo había visto a su padrino estos últimos días? ¿Le había notado especialmente cansado, enfermo o alterado?
—Todos estábamos cansados después del vuelo tan largo —dijo Ashley—.
He estado muy liada organizando la exposición, así que apenas lo había visto.
La última vez que vi a Vern fue en la cena de anoche.
Apenas habló y se marchó pronto. Ojalá hubiera podido irme yo también, pero estaba sentada al lado de Phil Smythe y habría sido una grosería ignorarlo.
La verdad es que estaba agotada, así que me fui en cuanto pude y me metí directamente en la cama.
—¿Cuándo habló con Vern por última vez? —preguntó Osborne.
—Hablé con él brevemente en la inauguración de la exposición, ayer. Estaba ocupada, pero diría que parecía contento, lo cual era todo un cambio.
—¿A qué se refiere?
Ashley se detuvo un momento, como si buscara las palabras adecuadas.
—Vern lo pasó muy mal después de la trágica muerte de su familia en un accidente de coche hace varios años.
No diría que estuviera clínicamente deprimido, pero llevaba mucho tiempo de capa caída.
La verdad es que le sugerí más de una vez que debería plantearse retirarse del negocio.
Disfrutar un poco de la vida, aprovechar la jubilación.
Parte del motivo de este viaje a Nueva Zelanda era sacarlo de su entorno habitual.
A Vern le encantaba esquiar. Es un tópico decir que murió haciendo lo que más le gustaba, pero ¿no querríamos todos irnos así?
Osborne asintió. —Llevó a esquiar a una mujer de aquí, según tengo entendido.
—Sí. También lo acompañó a la inauguración de la exposición. Bastante entrañable, la verdad, ver a dos personas mayores pasándolo bien juntos.
En la sala de monitoreo, los tres hombres intercambiaron miradas. Todos tenían más o menos la misma edad que Hazel. Para Benedict, «personas mayores» significaba alguien de ochenta o noventa años.
—¿Y cómo se llevaban su padre y Vern White? —preguntó Osborne.
Ashley soltó una risita triste. —Papá y Vern eran como un matrimonio de toda la vida.
Se peleaban por tonterías, pero no sabían vivir el uno sin el otro.
Tenían intereses y personalidades distintos, pero como equipo eran un éxito rotundo.
Eran mejores amigos desde el colegio. Mi padre está destrozado por la muerte de Vern, aunque intenta disimularlo.
A los hombres de su generación no les gusta mostrar sus emociones.
—¿Ninguna tensión en absoluto? —dijo Osborne.
Ashley hizo un gesto desdeñoso con sus uñas perfectamente arregladas.
—Oh, siempre había tensión. Papá quería expandir el negocio a nivel internacional, mientras que Vern prefería ceñirse a lo que conocían.
Tengo entendido que discutieron esta mañana, porque a papá le duele que sus últimas palabras fueran de enfado.
Seguramente fue por culpa de Jeremy. Puede ser un auténtico imbécil, aunque supongo que todas las hermanas dicen eso de su hermano mayor.
—¿Jeremy había disgustado a Vern?
Ashley se encogió de hombros. —Constantemente, diría yo.
Mi hermano heredó toda la ambición de papá y más, pero nada de su tacto.
Aunque no todo era culpa de Jeremy. Vern podía ser un poco chapado a la antigua.
Resistente a las ideas nuevas, quiero decir.
Su torpeza con las redes sociales nos sacaba de quicio a Samira y a mí a veces. Dios, cómo lo voy a echar de menos.
Ashley había vuelto a llorar, así que Osborne dio por concluida la entrevista.
Le pidió que esperara mientras buscaba a un agente de apoyo a las víctimas para que la acompañara al hotel.
Osborne pasó por la sala de monitoreo para ver si alguien tenía más preguntas para Ashley, pero nadie tenía ninguna.
La entrevista con el socio de Vern White, Roger Clayton, transcurrió de forma parecida. Roger era un hombre corpulento que parecía completamente desinflado. No era de extrañar, después de perder al socio y amigo que conocía desde la infancia.