Capítulo 19 #2
— Hemos cambiado de opinión — dice, mirando a Chumana y a Daria —. Él tiene unas cuantas de esas pistolas para matar dragones — añade, señalando a Freddie —, y yo quiero probarlas.
Freddie se sonríe, satisfecho.
— No — exclamo, casi con un grito —. No os puedo pedir eso. ¡Os matarán!
— No lo hacemos por ti — replica Jasper, como si le ofendiera —. Queremos luchar.
—¿Te crees que esta es tu guerra? — me dice Ruth, mirándome intensamente —. Fue a nosotros a quienes abandonaron en esta isla. Para que sirviéramos de forraje a los dragones, en virtud del Acuerdo de Paz de Wyvernmire. Y voy a hacérselo pagar. Es tanto nuestra guerra como la de los rebeldes.
— Pero...
— Déjalo, Viv — dice Gideon, echando otra mirada nerviosa en dirección a Daria —. No vamos a dejar que nos coman los bolgoriths, ¿no? Esos dientes, esos chasquidos horribles... — Palidece —. Creo que deberíamos probar esas Speerspitzes.
— Así se habla, Giddy — dice Freddie, dándole una palmada en la espalda.
— Dejaremos a los pequeños en los túneles con las provisiones — dice Ruth, girándose hacia Freddie y Jasper —. Si no volvemos, tendrán suficiente comida para sobrevivir hasta la próxima primavera, y les diré a mis chicas que aumenten las dosis de sus bolsitas de veneno.
Me giro y les doy la espalda, con el corazón desbocado, mientras ellos hablan tan tranquilamente de la posibilidad de morir.
Cierro los ojos y veo el rostro de Atlas.
¿Seguirá con Hollingsworth? ¿De verdad cree que los guivernos no sufrirán ningún daño tras revelar al mundo la existencia de su koinamens?
Pienso en cómo se esforzó en explicarles la situación de Britania, en su expresión horrorizada al ver que el huevo de Aodahn había muerto.
El Atlas que yo conozco no defendería algo que pudiera hacerles daño si no pensara que era lo correcto. Hollingsworth debe de haberle engañado.
«Aun así, te ha traicionado», me digo a mí misma.
Recuerdo nuestra conversación en la playa, antes de encontrar a Chumana.
¿Había algo de verdad en todo eso? Me permitió creer en sus dudas con respecto al sacerdocio.
¿Así que sus planes de dejar todo eso atrás también eran mentira?
Todo este tiempo he pensado que estábamos trabajando en equipo, pero en realidad me estaba llevando de la mano, como una niña crédula.
—¿Viv? — dice Marquis.
Me giro y veo que todos me están mirando.
— Deberíamos ir con los guivernos. — Señala a Ruth, Jasper y Freddie —. Ellos vendrán a Compass Hill en cuanto tengan las Speerspitzes. ¿De acuerdo?
Miro a esos tres adolescentes, malnutridos pero decididos a luchar, y asiento.
— Y si alguno ve a un guardia que le esté dando su sangre a Goranov, matadlo — dice Marquis, muy serio.
— Deberíamos concentrar nuestros esfuerzos en Krasimir — señala Daria —. Él es el más fuerte.
Se me revuelve el estómago. No me imagino cuántas Speerspitzes harán falta para abatirlo, y seguro que Chumana tampoco.
— Solo un dragón puede matarlo — sentencia.
— Pero... — añade Daria — un humano podría hacerle salir a campo descubierto.
—¿Una especie de cebo? — pregunta Gideon.
La bolgorith asiente, sonriendo de nuevo, y Ruth se encoge de hombros.
— Se nos da bien hacer de cebo.
Observo a Marquis, Gideon y Serena, que vuelven a subirse a lomos de Daria y se colocan entre sus púas.
— Nos vemos en Compass Hill — dice ella, mirándonos sin parpadear.
Asiento y trepo a la grupa de Chumana.
— Es la montaña que está sobre el campamento de Jasper, donde...
—¿Donde se te ocurrió recordarme todos mis pecados? — gruñe Chumana —. Sabemos dónde está Compass Hill, niña humana.
— Ah, sí. Es verdad... Siento muchísimo lo que te dije, Chumana.
La veo extender las alas.
—¿Chumana?
—¿Sí?
—¿Por qué Hollingsworth y tú permitisteis que creyera que Atlas estaba muerto?
Vuelve a plegar las alas.
— Ya te lo dije. Rita quería fomentar tus ansias de venganza.
—¿Y Atlas? ¿Por qué crees que no me escribió?
Chumana espera un momento a que Ruth, Jasper y Freddie se alejen.
— Yo creo que tenía miedo de no sobrevivir. Quería ahorrarte el dolor de perderlo de nuevo.
Me agarro a sus escamas con tanta fuerza que los nudillos se me ponen blancos.
— Ahora ya es demasiado tarde para eso.
Chumana echa el cuerpo adelante y emprendemos el vuelo una vez más.
Veo un grupo de niñas que sale de las cuevas de Sanday.
Siento el aire fresco y limpio, y dejo que arrastre el humo que llevo pegado al cabello y a la ropa.
Mirando por encima de las cálidas escamas de Chumana veo el mar, con Rùm y Eigg más allá, y me invade el miedo.
Espero que Ursa esté en algún lugar muy muy lejos de aquí.
Bajamos de altitud y veo Compass Hill. Incrédula, observo cómo aterrizan los guivernos.
¿Por qué han decidido luchar? ¿Cambiará eso las cosas?
Veo humanos que van a su encuentro, trepando por las verdes laderas a ambos lados de la colina.
De pronto aparece un dragón a nuestro lado y me llevo un buen susto, pero es Daria, con las alas estiradas, como un ave majestuosa.
La punta de su ala roza la de Chumana y siento mariposas en el estómago al ver a las dos bolgoriths búlgaras cruzándose entre sí y uniendo sus colas en pleno vuelo.
Pego el cuerpo al de Chumana para el descenso.
Luego planea, y encontramos de nuevo a Daria a nuestra altura, con la boca abierta, mostrando la lengua bífida.
Gideon hace una mueca y suelta un grito que no alcanzo a oír.
Marquis y Serena se agachan para protegerse del viento, que sopla tan fuerte que no puedo ni respirar.
Las nubes flotan a nuestro alrededor, pasando a toda velocidad.
Aquí arriba no hay guerra, ni ganadores ni perdedores.
No hay nada más que el placer incontrolable de disfrutar de nuestra propia existencia.
Me apoyo en Chumana y sonrío. Ya no somos rebeldes, ni lingüistas, ni búlgaras. Somos simplemente un borrón de color rosa en pleno cielo. Cuatro reclutas y dos dragonas, por un momento tan livianas y despreocupadas como golondrinas.