Guerra de dragones (Lengua de dragones 2) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—¿Conoces a esta panda, Jasper? — pregunta Freddie.

— Ojalá no los conociera.

— Hay una guerra en marcha, Jasper — dice Serena —. Wyvernmire habría ido a por tu campamento con o sin nosotros.

— Los búlgaros acaban de matar a decenas de dragones rebeldes a pocos kilómetros de aquí — añado yo —. Deberíais estar todos escondidos.

— Cuando tengamos las Speerspitzes no necesitaremos escondernos — dice Freddie.

—¿Qué son esas Speerspitzes? — insisto.

—¡Pistolas que matan dragones! — grita el niño del balcón.

Freddie se da cuenta de nuestra perplejidad.

—¿De verdad no habéis oído hablar de ellas?

Miro a los otros y niego con la cabeza.

— Bolgoriths búlgaros, aviones que escupen fuego y Speerspitzes — dice —. Wyvernmire tiene las tres cosas.

— Importadas de Alemania — dice Pascal, con voz suave —. Y llevan el nombre de una serpiente, «cabeza de lanza».

— Punta de lanza — le corrige Gideon —. En alemán significa «punta de lanza».

— Lo que sea — dice Pascal —. Las usan contra los otros dragones. Las están montando ahora mismo, en la costa.

— Las usan los bolgoriths — puntualizo —. Ellos son los que controlan a Wyvernmire y su gobierno. Y si no nos soltáis, matarán a los rebeldes y se harán con todo el Reino Unido.

—¿Cómo pensáis echarles el guante a esas pistolas? — pregunta Marquis, con gesto burlón.

— Hay un arsenal oculto tras las dunas de arena cercanas a nuestro campamento — dice Jasper.

—¿Alguno de vosotros ha sido adiestrado para disparar a un dragón en vuelo?

— añado yo, con frialdad —. Los bolgoriths son más fuertes que los dragones británicos.

Por eso las bolsas de veneno no los matan.

Aunque tuvierais cien Speerspitzes, ellos seguirían siendo los depredadores y vosotros las presas.

— Miro a Jasper fijamente —. Krasimir es como un perro rabioso.

Si no abandonáis esta idea ridícula, os mancharéis las manos con la sangre de muchos niños. Con la de Philippa.

A Jasper se le ensombrece la expresión.

— Id a Sanday. Rogadle a Ruth que os acepte. Ahí estaréis seguros.

—¿Y arriesgarnos a que nos atraviesen con una flecha de ballesta? — replica Freddie.

— Mejor eso que ser destripado por un dragón, atontado.

Roy se abalanza sobre Marquis y le agarra de la garganta. Yo me levanto de un salto y los veo, nariz contra nariz, y Marquis agarrándole de la camisa.

— Venga, adelante — lo desafía Marquis —. Enséñame lo fuerte que eres.

Doy un paso hacia Roy, pero una mano me agarra de la manga.

— No lo hagas — me advierte Gideon.

Roy pega el rostro al de Marquis, con los ojos desorbitados.

— Con ese no, Roy — dice Freddie, lentamente.

Roy tensa los labios en una mueca de rabia y por un minuto tengo la convicción de que no va a escuchar. Pero luego suelta a Marquis. Ninguno de los dos baja la mirada.

— Enviad a un grupo a las dunas a buscar las Speerspitzes, si queréis — digo yo, bajando el tono —. Y luego ir a Sanday. Ruth tiene las mejores vistas de la isla. Desde allí podréis dispararle a lo que queráis.

Una sombra recorre los bancos: un dragón que sobrevuela la iglesia. Todos se tensan. Cuando vuelve la luz, esperamos en silencio para estar seguros de que no vuelve.

— Eso, si llegáis hasta allí — masculla Marquis.

—¿Por qué deberíamos dejaros marchar? — dice Freddie.

Yo echo el cuerpo adelante y apoyo los codos sobre las rodillas.

— Nos habéis oído discutiendo en el cementerio, ¿no? Formamos parte de un operativo militar contra los bolgoriths, y si no nos dejáis seguir con la misión, te prometo que ni todas las Speerspitzes del mundo bastarán para salvarte.

Freddie se me queda mirando y luego asiente.

—¿Y adónde iréis? — pregunta Jasper.

— En busca de Chumana.

«Y de Atlas», añado, mentalmente. No está en los campos en torno a la iglesia y cuando reemprendemos el camino por el bosque no encontramos nada entre los árboles más que una brisa salada.

— Desde luego están locos de remate — dice Marquis, frotándose la zona donde le ha dado el puñetazo Freddie.

— Ese Roy desde luego que sí — murmura Serena —. ¿Creéis que irán a Sanday?

— Probablemente. Jasper perdió la calma cuando Viv mencionó a Philippa — responde Marquis —. ¿Dónde demonios está Atlas?

Me muerdo el labio. Si Atlas consiguió escapar del grupo de Freddie, ¿por qué no nos ha esperado cerca? Pienso una vez más en nuestra discusión y me acongojo. ¿Y si tiene razón y la ecolocalización de los guivernos es la clave para ganar la guerra?

Caminamos durante horas, hasta que el sol llega a lo más alto del cielo y vemos por fin el mar.

A nuestros pies está la Canna House, y más allá la bahía, con el sendero que lleva al campamento de Wyvernmire.

Han plantado una carpa enorme en la playa, tan alta que el techo supera en altura a los acantilados.

— Agachaos — dice Marquis, tirando de mí para esconderme entre la hierba, justo en el momento en que nos pasa un dragón por encima.

Nos agazapamos entre las hojas moradas del brezo viendo como los dragones sobrevuelan la playa. Al otro lado, a la misma altura a la que estamos ahora, se encuentra la cima de Compass Hill. Echo una mirada al mar, y veo grandes nubes de humo negro sobre Rùm.

«No».

El vello se me pone de punta.

El humo viene de más allá, no de Rùm, sino de más lejos.

— Eigg — digo —. Los bolgoriths han atacado Eigg.