Guerra de dragones (Lengua de dragones 2) Capítulo 12 #4
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Capítulo 12 #4

Me da un codazo a modo de broma, pero yo no sonrío.

— Ahora me toca a mí estar distraída — murmuro —. Lo siento.

Juguetea con el borde de la manta, nervioso, y cuando lo miro, veo que tiene la vista puesta en la máquina locuisonus.

— Las llamadas de ecolocalización de los guivernos suenan diferentes a las de los dragones, ¿no?

— Hmm.

—¿Eso podría... significar algo?

—¿Como qué? Estos guivernos son diferentes al resto de dragones en muchísimas cosas.

El único punto en común que tienen es con los bolgoriths, porque muchos de ellos solo hablan una lengua.

— Hago una pausa —. Sabías que los bolgoriths se comunican tan a menudo con la ecolocalización que organizan sus grupos de combate por familias, porque su vínculo koinamens hace que prácticamente puedan leerse el pensamiento, ¿no?

Atlas asiente.

— Sí. Pero estos guivernos eso no lo hacen. La mayoría de ellos no han luchado con otro dragón en su vida.

De pronto me viene a la mente todo lo que sé sobre la ecolocalización.

—¿Pero y si lo que sabe de ellos Hollingsworth, lo que le interesa, tiene algo que ver con su ecolocalización?

Atlas se acerca un poco más.

—¿Tienes algo en mente?

Dejo caer los hombros.

— No. Ojalá hubiera esperado a que me lo contara, en lugar de lanzarme a salvar a esa cría de dragón y provocar que me arrestaran.

Atlas me rodea con el brazo y me besa la mejilla.

— Fue muy noble por tu parte — me susurra al oído.

Me apoyo en él y él vuelve a besarme, esta vez en la boca, y la mente se me va de una cosa a la otra, de la deliciosa suavidad de sus labios a la ecolocalización, del dulce olor de su cabello a la lengua de los guivernos...

— Espera — digo de pronto, apartándome —. ¿Y si el motivo de que me cueste tanto traducir la lengua de los guivernos es que estoy intentando mantenerme demasiado fiel al texto de origen?

Atlas levanta una ceja, sin apartar las manos de mi cintura.

— En la universidad, aprendí sobre la subordinación y la dominación de las lenguas.

La Academia considera que una buena traducción es la que se subordina a la lengua de llegada, lo que significaba que la traducción de una lengua dracónica al inglés era tan fluida, tan natural, que no parecía una traducción.

Se adapta a la lengua meta y el traductor se hace invisible, pero el estilo original, las peculiaridades de la lengua dracónica, se pierden.

Atlas pasa el dedo por la piel desnuda de mi cadera, bajo el suéter.

—¿Y la dominación de una lengua?

— La dominación de una lengua es cuando la traducción se impone a la lengua de llegada, conservando el ritmo de la lengua de partida, el orden de las palabras, sus idiosincrasias, de modo que cuando lo leemos recordamos que estamos leyendo una traducción.

—¿Pero eso no hace que la traducción al inglés resulte más difícil de entender?

— Sí, y por eso la Academia no lo acepta — afirmo —. Pero algunos traductores dracónicos sostienen que la subordinación nos da un uso del idioma puramente instrumental. Dice que cuando nos centramos tan solo en la belleza exterior de la traducción, descuidamos su verdadera forma.

—¿Y eso es lo que estás haciendo con la lengua de los guivernos?

Asiento.

— Me he obsesionado con hacer que el cannair suene perfecto en inglés, pero a lo mejor es imposible. Quizá no importe que la traducción suene mal, mientras que no traicione el significado original.

— Pero, ¿cómo va a transmitir la traducción el significado original si en inglés no tiene ningún sentido? ¿Cómo va a aprender nadie el idioma si no entienden lo que dicen?

Me muerdo el labio. No tengo respuesta para esa pregunta. Y, aun así, sé que la Academia nunca aceptará mi traducción del cannair a menos que tenga sentido en inglés.

— Yo creo que antes tenías razón — dice —.

Tu dedicación a la traducción del cannair es lo que hará que Cindra quiera luchar con nosotros.

Y quizá cuando los guivernos vean a los dragones búlgaros en acción, usarán esa arma secreta, sea la que sea.

Solo tenemos que conseguir que salgan a la superficie.

Sonrío. A pesar de la distancia que se ha ido creando entre nosotros, a pesar de que sé que me oculta alguna misión secreta, sigo sintiéndome atraída por él como una polilla se siente atraída hacia la luz.

Atlas vio algo bueno en mí cuando yo me odiaba.

Me escuchó cuando le confesé mi secreto más oscuro, y no permitió que eso cambiara nada.

Y al hacerlo se convirtió en la luz al final de todos los túneles oscuros presentes en mi mente.

El deseo de besarlo otra vez, de continuar la conversación sobre el idioma que ha hecho que vuelva a mí, es imperioso.

A lo mejor no me ha hablado de su misión porque no puede.

Atlas es el mejor rebelde que conozco. Moriría por la causa.

No es de extrañar que esté distraído, si le han encargado algo en lo que el resto no podemos ayudarlo.

— La traducción del cannair fue lo que nos trajo a estos skugvels — le digo, en voz baja —. Así que quizá sea también lo que nos saque de aquí.